Emperatriz Michiko: muy moderna para el Japón que le hizo perder la voz

El peso de un imperio no está hecho para todos y menos uno tan restrictivo como el de Japón. La emperatriz Michiko lo sufrió en sus propias carnes perdiendo la voz durante siete meses debido al estrés y las complicaciones de palacio.

Michiko y Akihito abdican para tener días de paz vía https://www.instagram.com/p/BwzpeUOBs80/

Por primera vez en 200 años un emperador japonés ha decidido abdicar. Con este gesto de Akihito se acaban los 30 años de Era Heisei para Japón y, por extensión para la emperatriz Michiko.

Michiko: Una plebeya demasiado moderna para Japón

La emperatriz Michiko siempre ha sido una mujer de vanguardia y carácter a pesar de la a veces rudimentaria sociedad japonesa dentro de palacio.

Michiko y Akihito se enamoraron jugando al tenis. Él quedó prendado de la fuerte personalidad y la belleza de la que sería la futura emperatriz de Japón durante la llamada ‘Era de la Paz’, la era Heisei.

Michiko era plebeya, universitaria y demasiado moderna para el palacio imperial y sus arcaicas costumbres. Él era hijo de los emperadores Hirohito y Nagako. Ella de Hidesaburo Shoda (presidente de una fábrica de harinas) y Fumiko Soejima. Este matrimonio era el primero en 2600 años de la dinastía japonesa entre un príncipe y una plebeya.

La Emperatriz Michiko cayó en depresión. Por las constantes críticas de su suegra, la emperatriz Kojum que nunca aceptó su condición de plebeya y su mentalidad un poco más liberal.

Con la muerte de su suegra en el 2000, logró reponerse aunque las presiones del imperio no la dejaron ser feliz. Las envidias y recelo de los funcionarios arcaicos los llevaban a inventar informaciones sobre ella que, posteriormente, se filtraban y la hundían todavía más.

Tanto es así que, debido al estrés de palacio, Michiko perdió la voz y quedó muda durante siete meses pero, afortunadamente, se empoderó y, con el apoyo de un pueblo con ganas de evolucionar, volvió a poder hablar… y lo hizo con voz propia.

 

Michiko, la princesa del pueblo

Una vez decidió que se había acabado la ansiedad, Michiko plantó cara a las normas más antiguas y estrictas del imperio. Educó de cerca a sus tres hijos sin cumplir el mandato que la obligaba a alejarse de ellos durante la educación dada por tutores ajenos a los padres.

También decidió amamantar a sus tres hijos cosa que revolucionó la obsoleta norma de no hacerlo y eso, al pueblo japonés harto de la represión, le encantó.

A pesar de algunos problemas de salud como el sangrado interno debido al estrecho kimono que lucía, ella se mantenía fuerte y entregada a su familia, su pueblo y sus grandes placeres como la poesía o el piano, actividades que le sirvieron de consuelo.

De hecho y tras la reciente abdicación del emperador Akihito, la pareja longeva disfrutará de “días de paz”  según su comunicado y es que, viendo todo lo que ha tenido que pasar y siempre en el ojo público, Michiko lo merece.