No, no había elfos negros en la Tierra Media. ¿Y?

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Photo credit: Matt Grace / Amazon Studios / Vanity Fair
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El debate llevaba años cociéndose a fuego lento en Internet. Concretamente desde que Amazon anunció el reparto de su serie de ‘El Señor de los Anillos’, una lista de nombres entre los que había varios actores y actrices no caucásicos. Los espectadores se dividieron en varios grupos: los hay a quienes no les importa lo más mínimo que existan elfos, enanos y Hobbits (perdón, pelosos) de color, los que encuentran este hecho un pelín forzado dentro del universo de Tolkien y luego están los racistas y las personas de extrema derecha, empeñados en utilizar cualquier nuevo producto cultural en su batalla contra el progreso y la diversidad.

Photo credit: Matt Grace / Amazon Studios / Vanity Fair
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He de admitir que cuando vi los dos primeros episodios de ‘Los Anillos de Poder’ me sorprendí encontrándome en el segundo grupo. En un primer momento, el elfo Arondir, interpretado por el puertorriqueño Ismael Cruz Cordova, el peloso Sadoc Madriguera, al que da vida el británico de ascendencia jamaicana Lenny Henry, o la Princesa enana Disa, encarnada por la actriz sudafricana Sophia Nomvete, me provocaron un pequeño choque. El color de su piel no encajaba del todo en la imagen de la Tierra Media que me había construido al leer los libros de J.R.R. Tolkien en mi infancia y ver un número indeterminado (y muy alto) de veces la trilogía de Peter Jackson. (La única trilogía que estoy dispuesto a recordar. ¿’El Hobbit’? No sé de qué me está hablando usted.)

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¿Había personajes de color en la obra de Tolkien?

Si había o no etnias de color originalmente dentro de las razas de la Tierra Media está abierto a debate, aunque la respuesta corta es “no”. Es cierto que Tolkien describió los pelosos como unos ascentros de los Hobbits de piel algo más morena, pero por lo demás, el escritor construyó su universo basándose en una mitología europea y nórdica e inspirándose en una tradición de literatura medieval occidental. Hay algunos pueblos, concretamente los Orientales y los Haradrim, que tenían la piel morena, y Jackson incidió en esta idea representándolos como hombres árabes o africanos. Pero son grupos lejanos y algo desdibujados, ejércitos remotos que se alían con las fuerzas del mal.

Es decir: Tolkien ideó un universo multicultural en el que diferentes razas con sus distintos idiomas y tradiciones aunaban sus fuerzas para combatir al mal. Lo único es que todas esas razas parecen ser blancas. Los hay quienes defienden que el escritor no dijo en ningún momento que los personajes no eran negros, pero sí se hace referencia explícita a la palidez de los elfos, y la de Aragorn. Y es cierto que en su obra hay un leit motiv sobre la luz contra la oscuridad, los colores claros contra los oscuros, como una metáfora de la lucha entre el bien y el mal.

Photo credit: New Line Cinema
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¿Era Tolkien racista?

¿Era Tolkien, entonces, racista? Esta pregunta se la llevan haciendo los estudiosos de su obra varias décadas, y la respuesta es ambivalente. Hay suficientes razones para creer una cosa o la contraria. Por un lado, es verdad que insultó a Hitler y demostró cierto desdén por la idea de la supremacía de la raza aria. Cuando un editor alemán le preguntó si tenía raíces arias, con el propósito de poder publicar ‘El Hobbit’ en la Alemania nazi, Tolkien le contestó en una carta: “Lo lamento, pero no entiendo muy bien qué quiere decir por ‘arisch’. No soy de extracción aria, es decir, indo-iranio… Pero si debo entender que está preguntando si soy de origen judío, solo puedo responder que lamentablemente no parece que tenga ancestros entre esas talentosas gentes”.

Vale, no era Nazi ni antisemita. Pero muchos han encontrado en su obra unas problemáticas conexiones entre los orcos (y básicamente cualquier encarnación del mal en la Tierra Media) y la negritud y las etnias de color. Él, sin embargo, dejó clara su postura contraria a la lecturas alegóricas de ‘El Señor de los Anillos’, y negó cualquier relación de la Tierra Media con el mundo real del siglo XX. Y cuando tenía que explicar a los orcos, decía que más que una raza eran una representación del mal puro. Algo que existía exclusivamente en la ficción. “En la vida real los orcos están en ambos bandos, claro”, le dijo en una carta a su hijo Christopher, asegurando que sendos frentes de la II Guerra Mundial eran “alianzas mixtas de orcos, bestias, demonios, hombres honestos y ángeles”.

En la realidad, Tolkien nunca fue activamente racista. De hecho cuando su hijo le dijo que las personas negras eran maltratadas en Sudáfrica, donde se entrenó para la II Guerra Mundial, Tolkien le contestó que sabía de esa discriminación desde que su madre le había hablado de ella años antes. “El tratamiento de la gente de color casi siempre horroriza a cualquiera que salga de Gran Bretaña, y no solo en Sudáfrica”, escribió en una carta.

Lo que había en el escritor, y quedó plasmado en sus libros, era una compasión y una empatía, y un negar las generalizaciones, que demuestran su hondo humanismo. Llegó a oponerse a la propaganda antigermánica que se propagó en el Reino Unido durante la guerra, a pesar de su antipatía por los Nazis. Uno de los pasajes más venerados de ‘El Señor de los Anillos’, que Jackson incluyó (un poco cambiado) en las películas, sirve para ilustrar esto:

“Era la primera vez que Sam veía una batalla de Hombres contra Hombres, y no le gustó nada. Se alegró de no verle la cara al muerto. Se preguntó cómo se llamaría el hombre y de dónde vendría; y si sería realmente malo de corazón, o qué amenazas lo habrían arrastrado a esta larga marcha tan lejos de su tierra, y si no hubiera preferido en verdad quedarse allí en paz…”.

Este momento ocurre en ‘Las Dos Torres’ cuando Sam se topa de bruces con el cadáver de un guerrero de los Haradrim. Sam, una de las brújulas morales de la trilogía y quizá su personaje más compasivo y puramente bueno, se pregunta qué historia hay detrás de un hombre de color, humanizando lo que hasta ese momento había sido poco más que un monstruo sin alma. Probablemente estos pensamientos pasaron por la cabeza del propio Tolkien cuando luchó en la Primera Guerra Mundial, y resumen la filosofía que Tolkien imprimió en su obra. Incluso si la Tierra Media tiene una jerarquía basada en razas, y si no hay representación de personajes de color, sus héroes a menudo muestran piedad, ternura y generosidad y aceptan lo diferente (incluso lo admiran, como evidencia la obsesión de Gandalf con los Hobbits). Cuando los elfos se comportan con desprecio o paternalismo hacia los hombres, la cosa nunca acaba bien. Y al final son los Hobbits, una raza “menor” desconocida y ridiculizada, los que salvan a la Tierra Media de Sauron.

Photo credit: New Line Cinema
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Eso no elimina los elementos problemáticos que han dado dolores de cabeza a docenas de académicos expertos en Tolkien. Y algo tiene que haber ahí cuando diferentes grupos supremacistas blancos han mostrado una y otra vez su interés y su conexión con la saga. Al fin y al cabo sus influencias, su herencia, su contexto, eran los del colonialismo británico, y tanto en su obra como en sus cartas hay una cierta asunción imperialista de superioridad en los pueblos europeos. Tolkien, en fin, era un hombre de su tiempo (y en aquel momento no es que hubiera muchos hombres deconstruidos).

¿Qué tiene de malo añadir personajes de color al blanquísimo universo de Tolkien?

Lo que nos lleva a ‘Los Anillos de Poder’. ¿Qué tiene de malo que los creadores, J.D. Payne y Patrick McKay, hayan incluido personajes de color? Es solo una licencia artística más de las muchas (muchas) que se han tomado. Esta es una adaptación bastante libre que pretende aprovechar ciertas lagunas en la historia de la Tierra Media, en vez de contar un libro concreto página por página. Una expansión, digamos, que cuenta con el beneplácito de los herederos de Tolkien, que no solo apoyan el proyecto sino que colaboran con él.

Una obra artística refleja el momento en el que está hecha, quiera o no. La adaptación de Peter Jackson dio más peso y voluntad a los personajes femeninos en concordancia con una situación de la mujer que en el año 2000 era muy distinta a la que había medio siglo antes, cuando se publicó ‘El Señor de los Anillos’. Ahora mismo, Hollywood está volcada con la representación de la diversidad delante y detrás de las cámaras; esto puede ser leído como algo bueno impulsado por las conversaciones que la sociedad occidental está teniendo sobre la injusticia racial, o, con no poco cinismo, como una moda superficial supeditada a una corrección política diseñada para no perder dinero. En cualquiera de los dos casos, el resultado es positivo: más diversidad, más equidad y un ensanchamiento del grupo de personas que pueden acceder a las oportunidades.

Photo credit: Amazon Prime
Photo credit: Amazon Prime

Puede que algunos digan, como yo mismo me sorprendí pensando: “No estoy en contra de la diversidad, pero no en mi Tierra Media. En mi Tierra media hay trolls, magos, árboles parlantes y esferas con 5G, pero no personas de color”. Es cierto que hay otros universos ficticios que se pueden adaptar, o incluso se podrían crear series y películas originales con historias y personajes completamente nuevos de todos los colores posibles (¿Originales? ¿En el Hollywood de la propiedad intelectual? ¡Qué locura!).

"Todos sois bienvenidos aquí"

Mi opinión cambió al ver la reacción de una parte del público. Los actores no caucásicos de ‘Los Anillos de Color’ han sido víctimas de ataques racistas en las redes sociales, de nuevo, como lo fueron en su caso tantos otros de la saga ‘Star Wars’. La serie fue objeto de “review bombing”, una especie de boicot basado en dar puntuaciones muy bajas que se suele ejercer sobre productos que tienen valores antirracistas, feministas y pro-LGTBIQ+. La producción ha publicado en las redes sociales un comunicado firmado por su reparto, que denuncia “el racismo inagotable, las amenazas, el acoso y el maltrato que algunos de nuestros compañeros están sufriendo a diario”.

Se unieron a la ola de apoyo la cuenta oficial de ‘Star Wars’, que tuiteó “Desde la Tierra Media a una galaxia muy, muy lejana… #TodosSoisBienvenidosAquí”, y los actores de la trilogía original Elijah Wood, Billy Boyd y Dominic Monaghan. Frodo, Pippin y Merry lucieron una camiseta con orejas de elfo de diferentes tonalidades, desde la más blanca a la más negra, acompañadas unas letras élficas. “Todos sois bienvenidos aquí”, decía el mensaje.

Incluso Elon Musk se unió al debate, reforzando mi necesidad de posicionarme a favor de la serie… porque él está en contra. “Tolkien está revolviéndose en su tumba”, tuiteó el magnate. “Casi todos los personajes masculinos hasta ahora son cobardes, imbéciles o ambos. Solo Galadriel es valiente, inteligente y agradable”.

La fidelidad a una obra escrita hace 70 años no puede servir de excusa para ser una mala persona. La respuesta de lo que sin duda es una ruidosa minoría demuestra que una representación de la diversidad, ubicua y persistente, sigue siendo importante. Hay personas en este mundo que no quieren ver nada que sea diferente. Para ellos, series como ‘Los Anillos de Poder’ son un incómodo recordatorio de que el otro (la otra, le otre) existe. Lo dijo muy bien el propio Cruz Cordova en este tuit.

“Me da igual el cartel. Lo importante es convertirnos en algo que no se puede ignorar, negar, irrevocablemente presente y arraigado. Como pueblo, como seres, como individuos. Un gran ‘aquí estamos’. Y aquí hemos estado siempre”. También en la Tierra Media, claro que sí. Porque la idea de que un espacio no esté permitido a una persona por el color de su piel está muy pasada de moda.

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