La revolución de las clases medias iza a Vox

(Xaume Olleros/Getty Images)

Con los resultados de la noche electoral España se embarra aún más en la ingobernabilidad, el partisanismo y la inestabilidad política. El éxito de los 52 diputados (desde 24) de Vox se ha amasado con la repetición de los mensajes de un populismo de manual y dejar que el independentismo catalán le hiciera una campaña nacional gratuita junto a la incapacidad de la izquierda (Pedro Sánchez y Pablo Iglesias) y del centro derecha (Albert Rivera) para formar un gobierno estable. Un error de cálculo enorme de la estrategia electoral de Pedro Sánchez y su estratega de cabecera Iván Redondo.

Pedro Sánchez ha vuelto a decir que el PSOE ha ganado las elecciones pero sabe que las ha perdido. Vox que hace un año no tenía ni representación parlamentaria es quien ha ganado las elecciones situándose como tercer partido nacional, con casi 3,6 millones de votos. La victoria, simbólica y emocional, de Vox va mucho más allá de los 52 diputados y reside en el impacto político que va a tener en los próximos años en el ámbito nacional, hoy aún imprevisible. No obstante, hay algo seguro, todo se extrema y desaparece por completo el centro.

La victoria de Vox no es casual, tiene que agradecer también la ayuda y soporte de uno de los grandes ideólogos del populismo internacional como Steve Bannon, que se ha mudado a Europa después de hackear el referéndum del Brexit y las elecciones de 2016 en EEUU y no solo en España porque  ya ha sucedido en Reino Unido (Brexit), Estados Unidos (Trump), Italia, Brasil, Austria, etc.

El crecimiento de Vox no se debe a los desclasados o la masa proletaria a la que ha apelado tantas veces Podemos como sujeto histórico. La revolución que promete Vox tiene como base y motor a las clases medias frustradas e iracundas con el desempleo, la precarización del trabajo, la inseguridad crónica sobre el futuro propio a corto plazo y la hegemonía del discurso de la política identitaria de la izquierda y su “dictadura progre”. A ello Vox solo ha tenido que sumar dos enemigos: un enemigo externo: el inmigrante (algo copiado de todas las campañas populistas en cualquier país) que acapara los recursos sanitarios. Y otro enemigo interno: los partidos independentistas. Mensajes simples y fáciles de entender.

El discurso de Santiago Abascal después de los resultados electorales -que algunas televisiones no han retransmitido completo- se asigna la representación de los nos representados, la lucha contra las leyes liberticidas y anticonstitucionales, se ha presentado como el líder de un cambio político y cultural contra la dictadura de la izquierda, como el representante del pueblo (muy importantes los 2 diputados de Vox en Barcelona y ganador en Murcia).

Vox se ha quedado con la narración de la identidad nacional, de la España olvidada, la España que madruga o la España que se pone en pie. El voto a Vox ya no es una reacción visceral momentánea, no es un soufflé político, es la canalización de la frustración profunda de amplias capas sociales llenas de ira y perplejidad contenida. Los votantes de Vox están convencidos de que están fuera de la atención de las élites políticas y de los medios de comunicación centrados en la defensa de políticas identitarias de múltiples minorías.

Vox es el partido telepredicador del populismo del siglo XXI que promete devolver el poder a la gente, recuperar la soberanía nacional, el orgullo de ser español, la familia clásica, el poder tener tradiciones y cultura sin ser cuestionados, la defensa de la unidad territorial, etc. En definitiva, Vox ha ganado simbólica y emocionalmente las elecciones del 10N con un mensaje simple y fácil de transmitir y comprender: orden.

Los independentismos -que ya han superado las alianzas líquidas de EH Bildu, ERC, CUP, JuntsxC, BNG y las simpatías desde el PNV (que vuelve a subir un diputado)- se ven reforzados en su política del enfrentamiento contra el todo. Pero sobre el independentismo se beneficia también de los resultados de Vox porque desde hoy identificaran a Vox con toda España.

Igualmente Pablo Iglesias ya ha recurrido a Vox para opacar su nuevo fracaso electoral señalando a Vox como “una de las extremas derechas más potentes de Europa”, donde se siente mucho más cómodo e intenta eludir su responsabilidad culpando únicamente a Pedro Sánchez y el PSOE.

Seguiremos atentos.