‘El vecino’ y la revelación de Javier Botet como actor de comedia

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Con más de cien créditos en su filmografía, abarcando películas, cortos y series, Javier Botet es uno de nuestros actores más exitosos e internacionales. Sin embargo, pese a este impresionante currículum, su nombre no es muy conocido y es bastante probable que no reconozcas su cara a simple vista. Y eso es por una razón muy concreta: en la mayoría de los papeles que ha hecho se ha escondido bajo un disfraz de monstruo.

Botet se ha hecho un nombre dando vida a numerosas criaturas fantásticas y espeluznantes en el cine de terror y ciencia ficción más destacado de los últimos 15 años, con personajes tan icónicos como la Niña Medeiros, El Hombre Torcido o Slender Man en su haber. Pero bajo los kilos de látex y las máscaras terroríficas hay algo más que un “actor de monstruos”. Lo demuestra en El vecino, la comedia de superhéroes de Netflix que confirma a Botet como un gran actor cómico al que se debería sacar mucho más partido.

Javier Botet en 'El vecino' (cortesía de Netflix)
Javier Botet en 'El vecino' (cortesía de Netflix)

Javier Botet nació en Ciudad Real el 30 de julio de 1977. A los 5 años se le diagnosticó síndrome de Marfan, una enfermedad rara del tejido conectivo que afecta a varias partes del cuerpo, como el esqueleto, los pulmones, los ojos y el corazón. Los que padecen esta enfermedad se caracterizan por una inusual longitud en los miembros y una estructura corporal muy alta y delgada. Botet ha tenido que pasar por el quirófano en varias ocasiones y ha estado al borde de la muerte más de una vez, desvelando el año pasado haber estado muy grave tras contraer el coronavirus.

Desde pequeño estuvo interesado en el arte, concretamente en el dibujo. Estudió Bellas Artes en Granada y en la universidad empezó a hacer cortometrajes con sus amigos. En 2001 se mudó a Madrid y acudió a un curso de maquillaje protésico con la idea de introducirse en el mundo del cine. Allí conoció a Pedro Rodríguez, especialista en efectos especiales que ha trabajado con Santiago Segura y Álex de la Iglesia, y su punto de entrada en el mundillo. En 2005 interpretó a una criatura monstruosa en su primera película, Bajo aguas tranquilas, de Brian Yuzna, reconocido director de terror y serie B.

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Y el resto es historia. En apenas 15 años, Botet se ha labrado una carrera que ya quisieran muchos otros intérpretes. Lejos de tirar la toalla por su enfermedad y abandonar sus sueños, el actor ha sabido aprovechar su peculiar físico, con 2 metros de altura y 56 kg de peso, para abrirse camino en el cine y trabajar con algunos de los directores más prominentes del género fantástico, como Álex de la Iglesia, Guillermo del Toro, James Wan o Ridley Scott.

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Botet ha aparecido en casi todo. En sus numerosos créditos españoles se encuentran series como Génesis, en la mente del asesino, Los hombres de Paco, El internado, Cuéntame cómo pasó, Águila roja o La peste, y películas como [REC] -donde interpretó a uno de los personajes más escalofriantes y memorables del cine de terror, la Niña Medeiros-, Las brujas de Zugarramurdi, Magical Girl, El guardián invisible, Ventajas de viajar en tren o Malasaña 32. Pero su éxito se extiende más allá de las fronteras españolas, con las puertas de par en par en Hollywood, donde ha trabajado en títulos como Mamá, La cumbre escarlata, El renacido, Expediente Warren, Alien: Covenant, La momia, It, Insidious, Slender Man o las series The Strain, Star Trek: Discovery, o incluso Juego de Tronos.

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Su carrera en Hollywood es imparable, pero este actor de mil rostros está dispuesto a demostrar su versatilidad como actor sin disfraz o prótesis imposibles. Recientemente se ha dejado ver al descubierto en cintas como Amigo, Ventajas de viajar en tren o La reina de los lagartos, pero donde nos ha sorprendido de verdad no ha sido en una película, sino en una serie, El vecino. Y no ha sido precisamente por su habilidad para provocar pesadillas o su capacidad dramática, sino por todo lo contrario, por su enorme vis cómica y su talento natural para el humor.

Botet ya había hecho comedia anteriormente (Plutón B.R.B. Nero, El fin de la comedia, Justo antes de Cristo), pero en El vecino lo vemos sacar más partido a esa faceta suya más divertida y desenfadada, con un personaje estrella que mejora considerablemente la serie con respecto a su primera temporada. Para quien no la conozca, la ficción original de Netflix, protagonizada por Quim Gutiérrez y Clara Lago, trata sobre un tipo fracasado que recibe superpoderes del espacio exterior y se convierte en el primer superhéroe de España, Titán. Sería algo así como una Deadpool cañí, una chorrada muy de andar por casa y muy nuestra.

La segunda temporada cuenta con la incorporación de un cachondísimo Fran Perea (Los Serrano) interpretándose a sí mismo en un hilarante juego meta y a Gracia Olayo (La llamada) como la alcaldesa de Madrid, una fusión ficticia de Ana Botella, Isabel Díaz Ayuso y Selina Meyer de Veep que entra en escena para manipular a Titán y lograr sus objetivos políticos. Pero sin duda, la verdadera revelación y el gran robaescenas de la temporada es Botet.

Su papel es Tucker, un misterioso funcionario extraterrestre que llega a nuestro mundo para poner a prueba a los protagonistas y determinar quién es el merecedor del título de Titán y el puesto de protector de la Tierra. Bajo su apariencia humana, Tucker esconde un físico alienígena que asoma en varias ocasiones a lo largo de la temporada, pero en esta ocasión, su presencia no destaca por esto, sino por lo bien que se le da hacernos reír en su forma humana.

Tucker es divertidísimo, tiene como arma un silbato con el que borra la memoria a la gente, lo cual proporciona grandes momentos de comedia con los demás personajes, y su manera de ver las costumbres e idiosincrasias españolas desde el punto de vista alienígena es uno de los puntos fuertes de la temporada. Además, el personaje desarrolla auténtica obsesión por el grupo Nena Daconte, perfecto y deliciosamente absurdo toque maestro a un personaje que logra resultar memorable en tan poco tiempo.

Tiempo que no se extenderá más porque, para variar, Netflix ya ha cancelado la serie (de hecho lo anunció antes del estreno de la temporada) y Titán no podrá seguir volando. Una pena, no solo porque hubiera encontrado su voz en su segundo año y el cliffhanger con el que termina planteaba una interesante y loquísima tercera entrega, sino también porque nos priva de disfrutar más de Botet en su papel más divertido y refrescante hasta la fecha.

El vecino nunca fue una serie de grandes ambiciones, pero en su segunda temporada había logrado pulir bastante su propuesta, con puntazos ocurrentes de humor, un reparto en su salsa, diálogos más naturales y situaciones disparatadas, para reír sin pensar demasiado. Porque la serie era cutre y tontorrona, sí, pero también era totalmente consciente de ello y se lo pasaba genial siéndolo. Es decir, para verla sin tomarla demasiado en serio. Tristemente, no ha calado en la audiencia y la plataforma ha preferido cortar el grifo, impidiéndole seguir creciendo. Nada a lo que no estemos ya acostumbrados, claro, pero igualmente decepcionante.

'El vecino' (cortesía de Netflix)
'El vecino' (cortesía de Netflix)

En cualquier caso, de El vecino me llevo el gran descubrimiento de la vertiente cómica de Javier Botet, un actor que triunfa en el terror, pero que también tiene lo que hay que tener para petarlo en comedia. Solo hay que darle más papeles como Tucker y dejar que haga su magia. Su gracia natural lo convierte en un actor cómico sensacional, de esos que hacen reír sin aparente esfuerzo, y ya están tardando en sacarle provecho. Por lo pronto, próximamente lo veremos en la nueva comedia de David Marqués, El club del paro, y en la película de Camera Café, así que ya sabemos que pretende seguir explorando este terreno. 

Ojalá más gente descubra que debajo del monstruo se esconde un actor capaz de provocar una carcajada con tanta eficacia como nos hace gritar de terror.

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