El único estadounidense que ganó una medalla en los JJ. OO. de Moscú de 1980

(Amber Matsumoto / Yahoo Sports illustration).

Hace 40 años, Estados Unidos boicoteó unos Juegos Olímpicos por primera y, hasta ahora, última vez. Esta es la historia del único estadounidense que ganó una medalla en los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980.

Enmarcado en el sótano del bloque de cuatro pisos donde vive el exjugador de baloncesto del programa universitario Dayton, hay un recuerdo que ningún otro estadounidense posee. 

Es la medalla que ganó hace cuatro décadas en los Juegos Olímpicos de Verano celebrados en Moscú, los cuales fueron boicoteados por Estados Unidos.

Para Mike Sylvester, la decisión de ir a las Olimpiadas de 1980 no tuvo que ver con llamar la atención o con hacer una proclama política. Desafió la orden de Jimmy Carter de boicotearlas porque creía que estaba en juego su sustento vital.

Sylvester se ganaba la vida como jugador de baloncesto profesional en Italia desde 1974. Quería seguir allí el resto de su carrera porque era más valioso para los equipos de Italia que de otros países. 

El hecho de que sus abuelos habían nacido en Italia, hizo que Sylvester pudiera solicitar la doble ciudadanía para no contar en las cuotas de jugadores extranjeros impuestas a los equipos italianos. Este oriundo de Ohaio fue, sin duda, el único jugador nacional de la liga italiana que fue contratado por los Detroit Pistons o que anotó 36 puntos contra la UCLA de la época de Bill Walton. 

“No tengo nada contra los italianos, pero en aquel momento la mayoría no eran muy buenos”, le explicó Sylvester a Yahoo Sports. “El baloncesto no se había vuelto tan internacional como es ahora. Por lo general, era una enorme ventaja para el equipo tenerme a mí en lugar de a otro italiano”. 

En 1979, el manager general del equipo de Sylvester en Milán se acercó a él con noticias. La federación de baloncesto había invitado a Sylvester a ser el primer jugador con doble nacionalidad en integrar el equipo olímpico del país, e insinuaron que, si se negaba, él, un ala de 1,96 metros, podría enfrentarse a graves consecuencias.

“Le dejaron claro a mi manager general que, si no aceptaba, podría ser descalificado para jugar la liga italiana”, dijo Sylvester. “Eso me facilitó las cosas. No quería terminar mi carrera en aquel momento, así que dije ‘sí, jugaré’”.

Al principio, esa extorsión le pareció bien a Sylvester. La oportunidad de jugar en un escenario olímpico y de intentar llevarse a casa una medalla le hizo superar la incomodidad que sintió por jugar como un mercenario en nombre de un país que visitó por primera vez a los 22 años.

Todo cambió a principios de 1980 cuando Jimmy Carter respondió a la invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética con amenazas de no enviar a ningún atleta estadounidense a Moscú. Fue entonces cuando Sylvester se dio cuenta de que estaba obligado a elegir entre su país de nacimiento y su segundo hogar.

Mike Sylvester es el único estadounidense que ganó una medalla en los Juegos Olímpicos de Verano de Moscú 1980 (Fotos cortesía de Mike Sylvester).

País versus sustento

Sylvester tomó la incómoda decisión antes de lo esperado.

El 21 de marzo de 1980, Carter informó a los atletas y entrenadores estadounidenses que había decidido boicotear los próximos Juegos Olímpicos. Al día siguiente, Italia declaró su apoyó al boicot, pero no se sumó a él y optó por enviar un contingente completo de atletas a Moscú.

Sin estar seguro de qué hacer, Sylvester se gastó un dineral en una llamada internacional desde Italia a su padre en Ohio. Le explicó la situación y le pidió consejo. 

Sylvester recuerda que su padre contactó con el Departamento de Estado de Estados Unidos y preguntó si habría algún inconveniente en que su hijo jugara con la selección italiana y explicó que su carrera podría peligrar si no lo hiciera. Quienquiera que fuera el que habló con el padre de Sylvester finalmente lo llamó y le dijo: “No nos entusiasma la idea, pero adelante, que lo haga. No vamos a arruinar su carrera por esto”. 

Cuando Sylvester tuvo el permiso, tomar la decisión fue más fácil para él. No le interesaba la política. No creía que un boicot de Estados Unidos pudiera influir en la política exterior de la Unión Soviética. No veía ninguna razón para arriesgarse a que Italia lo expulsara de la liga, ni tampoco podía dejar pasar la oportunidad de cumplir su sueño desde niño: convertirse en atleta olímpico.

“Era una oportunidad demasiado increíble”, dijo Sylvester. “Tenía que aprovecharla”.

Si bien Sylvester no recuerda haber recibido críticas de sus amigos y familiares en Ohio por su decisión de participar en las Olimpiadas de Moscú, su presencia en el equipo nacional italiano al principio enfureció a algunos de sus nuevos compañeros. Sylvester dijo que estaban “100 % en contra de que se uniera al equipo”, porque creían que su puesto debía ser ocupado por un italiano de nacimiento. 

Sylvester ganó junto a sus nuevos compañeros de equipo en Ginebra en mayo de 1980 y ayudó a Italia a clasificarse con holgura para los Juegos Olímpicos. Marcó un promedio de 18,1 puntos para su equipo durante la fase clasificatoria e hizo que el equipo viera crecer sus esperanzas de encabezar el medallero en Moscú. 

“Los muchachos del equipo cambiaron de actitud bastante rápido”, dijo Sylvester. “Vieron que podría ayudar a lograr algo histórico”.

Sylvester no dejó pasar por alto el hecho de que la ausencia de sus compatriotas estadounidenses aumentaba las esperanzas de Italia de acabar entre los tres primeros. El polémico boicot de Carter pudo haber destruido las esperanzas de millones de atletas estadounidenses de conseguir una medalla, pero para un estadounidense obligado a ir a Moscú, fue un “gran favor”.

Un estadounidense en Moscú

Para Sylvester, la parte más sorprendente de los Juegos Olímpicos fue el séquito de periodistas que lo siguieron allá donde fuera.

Los periodistas de Sports Illustrated, NBC y el Washington Post querían contar la historia de uno de los únicos estadounidenses que competían.

La presencia estadounidense en Moscú fue reducida: básicamente, atletas con doble ciudadanía como Sylvester o entrenadores contratados por equipos extranjeros. Estuvieron Bill Rea, un dentista de Pittsburgh que eligió representar a su país natal, Austria, en la modalidad de salto de longitud tras quedarse a las puertas del equipo nacional estadounidense en 1972 y 1976; Wayne Brabender, un minesotano que adquirió la ciudadanía española una década después de firmar por el Real Madrid al terminar el período universitario; y Mike Perry, un jugador junior de baloncesto universitario muy exitoso que lideró a Suecia hacia los Juegos Olímpicos.

A Sylvester siempre le pareció irónico que recibiera tanta atención durante los Juegos por el hecho de ser estadounidense. Nunca antes había conectado tanto con sus raíces italianas como cuando estuvo en Moscú intentando ayudar a su equipo a ganar la primera medalla del país en básquet masculino.

Mientras lidiaba con un esguince de tobillo que sufrió durante el último partido de clasificación en Ginebra, Sylvester anotó un promedio de nueve puntos durante los Juegos Olímpicos y quedó en segundo plano eclipsado por sus compañeros Renato Villalta y Dino Meneghin. Aun así, Italia superó con creces las expectativas y ganó en su grupo, dejando fuera a la favorita Unión Soviética en la ronda de semifinales antes de enfrentarse a la formidable Yugoslavia en la final por la medalla de oro.

“No podíamos creer lo que estaba ocurriendo”, dijo Sylvester. “Los italianos iban a jugar por la medalla de oro. En aquel momento, los mejores equipos de baloncesto europeo siempre eran los rusos y los yugoslavos. Estaban varios niveles por encima del resto”.

Hizo historia

En la final, Yugoslavia demostró ser imparable, Sylvester anotó solo dos puntos en 21 minutos e Italia perdió por nueve puntos.

La decepcionante final no menoscabó la experiencia olímpica de Sylvester. Comenzó su viaje siendo un mercenario y terminó llevándose a casa una medalla de plata histórica, además de amigos para toda la vida.

“Cuando subimos a ese podio, realmente fue un momento muy especial”, dijo Sylvester. “Dejé de sentirme como un mercenario y comencé a sentirme como un jugador italiano de básquet. Se podría decir que en ese momento experimenté un verdadero sentimiento de pertenencia”.

Una multitud de aficionados recibió al equipo italiano en el aeropuerto cuando volvieron a Roma el día después de la final. Varias semanas después, el presidente italiano Sandro Pertini hizo volver a Roma nuevamente a todos los jugadores para convertirlos en Caballeros de la República.

Sylvester jugó 17 temporadas como profesional en Italia antes de volver a su Ohio natal. Enmarcada en el sótano de su bloque de cuatro pisos, se encuentra su medalla de plata así como otros recuerdos olímpicos. 

Para los estadounidenses, Sylvester siempre será conocido como la respuesta a una pregunta de trivial, pero él no se ve a sí mismo de esa manera. 

“Cuando miro atrás, siento una gran satisfacción, no tanto por ser el único estadounidense que ganó una medalla ese año, sino por formar parte del primer equipo italiano en ganar una medalla”, dijo. “Recorrimos juntos una travesía increíble. Fue realmente gratificante”.

Jeff Eisenberg