'El ultimátum': el reality de Netflix donde la manipulación se lleva a límites vergonzosos

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Casarse o dejarlo es el dilema que viven muchas parejas cuando alcanzan un punto de desencuentro, tanto de necesidades propias o visiones diferentes de futuro. Pero también es la premisa del nuevo reality del amor de Netflix de los mismos creadores de Love is blind.

Sin embargo, El ultimátum: Casarse o dejarlo es de los realities que más vergüenza ajena contagian ante la manipulación descarada que engloba su idea. Tanto desde su premisa central a muchos de sus personajes, dando por resultado un programa decepcionante que solo sirve para reflejar lo que debemos evitar a toda costa en una relación.

El ultimátum: Casarse o dejarlo. c. Netflix © 2022
El ultimátum: Casarse o dejarlo. c. Netflix © 2022

En esta especie de engendro entre Love is Blind y La isla de las tentaciones seis parejas ponen a prueba el futuro de su relación después de darse un ultimátum. En todas ellas, alguien ha puesto el freno expresando la necesidad de llevar la relación hacia la siguiente etapa: la del anillo, la boda y los hijos. Y se someten a este experimento para esclarecer las dudas, debiendo elegir a una persona de otra de las parejas para pasar tres semanas conviviendo como si fueran un matrimonio, con la intención de descubrir cómo interactúan con otro interés amoroso, qué les falta, qué necesitan o qué están dispuestos a cambiar. Y luego regresan con sus parejas originales para convivir otras tres semanas hasta llegar a una conclusión en el capítulo final: si dan el paso al compromiso o se separan para siempre.

Y ya desde el principio la cosa provoca vergüenza ajena. Es más, su presentador Nick Lachey -que vuelve a servir de anfitrión junto a su esposa Vanessa como en Love is blind- dice en el arranque “los psicólogos coinciden que un ultimátum no es una buena manera para que alguien haga lo que quieras”. Pues ya desde ese inicio me vino a la mente ‘chico, apaga y vámonos’. Claro que un ultimátum es la manera más egoísta de forzar una relación y los senderos que transita. Con este tipo de estrategia no se tienen en cuenta las necesidades del otro, cerrando la puerta a la comunicación y a un punto de encuentro mutuo, sin necesidad de reproches ni sacrificios sino empatía y comprensión. Y aún así es la base de este reality de parejas en crisis donde no existe comunicación alguna y, si la hay, resulta forzada por la presencia de las cámaras con diálogos perfectos, disculpas recitadas sin emoción y montajes confusos similares a los de Love is blind donde la comida aparecía y desaparecía durante una conversión, dejando entrever la posible manipulación de la narrativa.

El ultimátum: Casarse o dejarlo termina forzando esta manipulación justificándose en que a sus presentadores les funcionó. Es decir, la pareja explica en el primer episodio que Vanessa le dio un ultimátum a Nick tras cinco años de relación, que rompieron y estuvieron con otras personas para darse cuenta que estaban hechos el uno para el otro. Sin embargo, que a ellos les sirviera no significa que sea la mejor estrategia para llegar a un punto de encuentro sano. Sino que, básicamente, suena a excusa para darle razón de ser a un programa que exprime la inmadurez emocional de sus personajes, juventud, indecisión y afán de protagonismo buscando puro drama.

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Y esto lo vemos, por ejemplo, en la primera decisión. Las parejas fuerzan las conexiones buscando la pareja con la que deberán pasar las siguientes tres semanas, flirteando ante las cámaras con frases sacadas de Facebook y una ausencia de química que da escalofríos. De los doce concursantes, solo dos parecen congeniar genuinamente (Rae y Jake). Lo del resto es de un repelús para dar cortocircuito.

Entonces llega el momento de decidir con quién formar pareja para vivir la primera etapa del experimento. Y ahí vemos a una concursante que, después de no gustarle a ninguno de los hombres, hace un alegato de compromiso que termina convenciendo a su novio para que le pida matrimonio ahí mismo. Otro concursante repite la estrategia cuando se queda sin chica a la que elegir, poniéndose de rodillas ante su novia después de pasar días flirteando agresivamente y gritando a los cuatro vientos lo mucho que quiere tener hijos pero su novia no. Pero se quedaba solo, sin experimento, después de quedar en evidencia. Manipulación 1.1.

Los matrimonios ficticios duran tres semanas y ahí vemos salidas entre ellos -las chicas por un lado y los chicos por otro- provocando choques personales a golpe de ventilar las intimidades que están viviendo con los novios de las otras. Y viceversa. Vemos reacciones forzadas, alguno aparentemente embriagado y manipulación emocional. Hay varios ejemplos. Como Shanique que dio un ultimátum a su novio Randall pero cuando le dice cómo se siente o algo que ella no quiere escuchar, reacciona caprichosamente, con gestos que irritarían a cualquiera y marchándose, dejando al chico con la palabra en la boca. Imposible un compromiso con ese nivel de comunicación inmadura. O April, que para provocar una reacción de pérdida en su novio Jake que tiene dudas a futuro, le entrega un caja de test de embarazo vacía diciéndole que dio negativo.

Una de las parejas de El ultimátum: Casarse o dejarlo. c. Netflix © 2022
Una de las parejas de El ultimátum: Casarse o dejarlo. c. Netflix © 2022

Hay quienes se nota a la legua que no están en buenos términos con sus parejas, como Madlyn que se ve a miles de kilómetros que siente rechazo por su novio Colby. O Rae y Zay. ¿Qué hacen ahí si es evidente que no van a ninguna parte? Pues, fácil, generan drama que alimentan el sentido de show.

Es cierto que algunos personajes contagian una implicación genuina, como Rae, Zay o Randall que logran usar el experimento para llegar a conclusiones y expresar los motivos de sus reservas o problemas de pareja, pero son muy pocos. Y, en líneas generales, la conclusión que sale tras ver los ocho episodios disponibles es que estamos ante un desfile de inmadurez de alto calibre, de manipulación a diestro y siniestro que resulta vergonzoso para sus propios concursantes. La idea falla desde su arranque al apoyarse en parejas evidentemente en etapas de vida diferentes, forzando flirteos, discusiones y momentos que lejos están de transmitir realidad en la mayoría de los casos. Mientras el show manipula sus emociones a través de los celos con la estrategia de colocarlos con otras parejas y provocar encuentros que ventilen intimidades en pleno experimento, etc.

La idea y esas parejas son, al final, la muestra de lo que no se debe hacer cuando se busca una relación sana, donde la empatía y comprensión forman parte del diálogo interno. En todo caso sirve para eso, para aprender lo que no debemos hacer nunca a nuestra pareja ni dejar que nos hagan a nosotros mismos.

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