El día que Silvia Pinal se negó a posar desnuda para el pintor más famoso de México

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Silvia Pinal en una conferencia de prensa en la Ciudad de México el 3 de marzo de 2022. (Photo by Medios y Media/Getty Images)
Silvia Pinal en una conferencia de prensa en la Ciudad de México el 3 de marzo de 2022. (Photo by Medios y Media/Getty Images)

A mediados de la década de 1950, Silvia Pinal era una auténtica estrella de cine y una de las mujeres más bellas del país. Había participado en películas con Pedro Infante, Cantinflas y Tin Tán, ya había tenido temporadas en teatro de revista y era una de las favoritas del público, que la quería tanto que hasta le perdonaron que estuviera divorciada de Rafael Banquells y ejerciera prácticamente de madre soltera de su hija Sylvita, nacida en 1949.

A fines de 1955, Silvia estaba construyendo la que, hasta el sol de hoy, es su emblemática residencia, sita en la colonia El Pedregal, una zona exclusiva de la capital mexicana, donde entre la roca volcánica se han edificado sofisticadas residencias de artistas, millonarios e intelectuales a lo largo de las décadas; y fue el arquitecto Manuel Rosen quien compiló las ideas de la actriz y les dio forma, y fue también él quien le sugirió que se mandase a hacer un retrato para adornar su sala, para la que iba a construir un muro específico.

Silvia contaría después que se sintió tentada por la idea pero no sabía a qué artista acudir, por lo que Rosen, gracias a Juan O'Gorman, su maestro — pintor y arquitecto— la puso en contacto con el magistral Diego Rivera, sin lugar a dudas el pintor más célebre de México en el siglo XX.

Aunque ella en un principio no consideró pertinente la idea — él era, después de todo, Diego Rivera, y era una celebridad a la que todo el mundo conocía y ella no se sentía como una actriz experimentada, como lo podrían ser María Félix, Dolores Del Río, Rita Macedo, Carmen Montejo o la legendaria Isabela Corona—, pero Rosen y O'Gorman le concertaron la cita (este último era vecino de Diego en San Ángel) y la rubia terminó aceptando.

Toda vez que lo conoció y le propuso que la retratara, éste dijo [según lo dice la actriz en su libro de memorias 'Esta soy yo'], apenas verla: "Tienes un brillo particular, como si estuvieras iluminada, como un ángel. Es más, te estoy pintando desde que te vi". Rivera le preguntó si quería que la pintara al desnudo, o con transparencias, pero le ganó el pudor a la Pinal —no así a Irma Serrano, que en la misma época había posado para el pintor 'au naturel', causando un escandalazo— y le dijo que prefería posar con un vestido de gala (en este caso, negro y largo) y de pie.

"Después me arrepentí", dijo a la revista TVyNovelas, "porque eran muchas horas de posar y no solo horas, sino días enteros. Francamente era muy agotador".

La obra hoy está valuada en 3 millones de dólares, aunque acerca del pago, la protagonista de 'Viridiana' ha relatado en diversos medios y hasta en su libro de memorias que era algo que le preocupaba, pues tenía el gasto de la casa que la dejaba prácticamente "tablas" y el trabajo del muralista no costaría barato, y así lo anticipaba.

"Y yo seguía pensando... Es Rivera, Silvia, es Rivera... ¿aceptará que le pague en abonos? Ay, Dios, ¿cuánto me va a a cobrar, cuánto costará?", escribió en su libro y cabe destacar que ella consideró, por consejo de su arquitecto, omitir un pago de la casa (cerca de 50 mil pesos de aquellos tiempos) para pagar su cuadro, y luego se pondrían de acuerdo ella y Rosen.

La obra quedó terminada en el diciembre de 1956, y el autor la citó para verlo en su estudio; tras ver la obra de arte y quedar encantada, "sin aliento", hizo la pregunta que tanto la mortificó: "Maestro, ¿cuánto le debo?", dijo esperando el "golpe". Silvia ya tenía apartados los 50 mil pesos, pero en caso de que la suma fuera más alta, pensó en ir pagando en abonos.

Sin embargo, Rivera le dio una sorpresa que no esperó; era día de su santo y él decidió regalarle su trabajo. “Y así fue, no me cobró y fue el mejor regalo que me pudo haber dado”, dijo Silvia, recordando que Rivera se refería a ellos como "El sapo y la diosa" por el contraste de sus aspectos. El cuadro, cuando la actriz de 90 años fallezca, pasará al acerbo de la obra de Rivera, patrimonio cultural de la nación, en su casa estudio que también es un importante museo; si bien los derechos de imagen del cuadro —del que mandó a hacer varias réplicas que se usaron como escenografía de 'Mujer casos de la vida real' — pasarán a ser parte de la herencia de sus hijas, Sylvia Pasquel y Alejandra Guzmán.

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