Esta mujer le hizo un ridículo agujero a su cubrebocas porque le molestaba para respirar... y se fue de compras

Portar máscaras u alguna forma de cobertura facial en lugares públicos es una recomendación de gran importancia, y controversia, en la presente pandemia de COVID-19.

La máscara facial es, sobre todo, útil para reducir las posibilidades de que una persona con coronavirus esparza el patógeno y se incrementen los contagios. Y dado que la cantidad de personas infectadas pero asintomáticas o con síntomas leves sería muy considerable, el uso de mascarillas es una opción útil para mitigar la expansión de la pandemia.

La atolondrada versión "para respirar mejor" de una mascarilla facial en tiempos de Covid-19. (TikTok/@joegotti96)

Usar esas máscaras de tela y otras formas de protección facial, por ello, resulta conveniente y aunque ciertamente no son infalibles incrementa la seguridad general. Los cubrebocas de tipo quirúrgico o los respiradores N95 han de priorizarse para el uso de trabajadores de la salud, que las necesitan de modo crítico para poder realizar sus vitales tareas.

En paralelo, las medidas de distanciamiento social y permanecer en casa lo más posible (incluso en los lugares donde comienzan a relajarse las medidas de confinamiento) siguen siendo necesarias. El uso de mascarillas no las suplanta o vuelve innecesarias.

Con todo, hay personas que por diversas razones se niegan a usar esas protecciones, algunas con argumentos y otras por capricho, frivolidad o pose política.

Pero como descubrió Joe Samaan, un empleado de una tienda en Kentucky, algunas personas simplemente no han entendido nada y pareciera que viven en medio de las pandemia con los ojos cerrados.

Samaan se encontraba trabajando en su tienda cuando vio entrar a una mujer con una extraña mascarilla facial: en lugar de cubrirle por completo la boca, la máscara tenía un agujero en el centro, lo que la hacía no solo inútil sino de apariencia ridícula.

Pero para la persona que la portaba al parecer todo ello era una solución excelente: al parecer pensaba que con ello cumplía con las recomendaciones de utilizar una mascarilla facial en lugares públicos y, al mismo tiempo, evitaba ciertas incomodidades inherentes a su uso.

La visión de la mujer con su mascarilla agujerada fue demasiado atrayente y Samaan no pudo evitar tomar video del momento con su celular. Y cuando Saaman le preguntó a la mujer sobre su extraña prenda, ella le respondió que “bueno, como tenemos que usarla y eso hace el respirar difícil, esto [el agujero] hace el respirar mucho más fácil”.

Y también facilita de modo rotundo el flujo de virus desde y hacia ella gracias a su peculiar aditamento.

Con singular sarcasmo, como se relató en VT, Saaman le respondió: “Sí, seguro que haré yo lo mismo, gracias por el consejo”.

El video fue publicado por Samman en TikTok (@joegotti96) y se hizo rápidamente viral, con más de 4.2 millones de vistas.

Él luego incluso añadió un nuevo post satírico “haciendo lo mismo”: enseñó cómo hacer una mascarilla con el singular y ventilado estilo de esa clienta. Una sátira que ciertamente no resulta recomendable hacer en la vida real. Ese nuevo post ya lleva otras  2.7 millones de vistas.

Sea como sea, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades ya recomienda el uso de mascarillas hechas de tela para frenar el avance de la epidemia, en conjunto con el distanciamiento social, la higiene en general, la limpieza frecuente de manos con agua y jabón y el permanecer en casa salvo para labores esenciales.

Y, finalmente, el uso de la mascarilla facial es también una cuestión ética: protege mucho más a los demás que a uno mismo y por ello usarla es un acto de responsabilidad social. Cuando el colectivo en general se compromete en la protección común, el resultado es auspicioso. Ese es el impacto y el significado de usar cobertura facial en estos tiempos: al proteger a los demás protegemos a nuestra comunidad y a nosotros mismos.

En ese sentido, el agujero en la mascarilla de la mujer del video –hecho para reducir su incomodidad al respirar- muestra también una suerte de vacío en el entendimiento de la ciencia y de la responsabilidad social. Ese compromiso colectivo de cara a la pandemia, simbolizado en cierto modo en la cubierta facial, es indispensable para permitir la reapertura paulatina de las actividades.

Frenar al COVID-19 lo suficiente para permitir una vuelta a la normalidad, y con ello el fin de las medidas de contención, llevará tiempo y, en realidad, no será plenamente posible hasta que se abatan de modo contundente la cantidad de casos, sea posible identificar, aislar y rastrear todos los contagios que se den, y se logre una vacuna efectiva y un nivel de inmunidad en la población sustantivo. Algo que aún llevará tiempo.

Pero será solo entonces cuando realmente se podrá respirar tranquilamente en relación al COVID-19.