El 'modus operandi' reflejado en los testimonios de las mujeres que acusan a Plácido Domingo

Ocho cantantes y una bailarina, nueve mujeres en total, acusan a Plácido Domingo de haberlas perseguido y presionado para mantener relaciones . Solo una de ellas, la mezzosoprano Patricia Wulf ha autorizado a la agencia Associated Press publicar su testimonio revelando su nombre. El resto lo han hecho desde el anonimato. El País ha publicado los relatos de algunas de las mujeres que acusan al tenor de acosarlas y muchos de ellos coinciden en las formas y los métodos usados para presionarlas.

La cantante Patricia Wulf se ha convertido en el rostro visible -es la única que ha hablado a cámara- de las acusaciones de acoso contra Plácido Domingo. (Foto: Associated Press)

Frases subidas de tono, proposiciones, encuentros de trabajo que acababan con una mano fuera de lugar, llamadas, entradas en camerinos, encuentros que no parecían fortuitos entre bambalinas… Ese es el modus operandi descrito en los cinco testimonios recogidos por el citado diario y se repite en la mayoría de los casos. Al igual que coinciden en el patrón de acoso, también lo hacen a la hora de señalar la intimidación que sentían al verse en una situación así ante alguien tan importante en el mundo de la ópera como Plácido Domingo y en el temor a que si no accedían su carrera acabaría.

Patricia Wulf, la única de la que se conoce su identidad, ha asegurado a AP que en su caso no llegaron a mantener relaciones, pero ha dado detalles de la situación de acoso en la que vivió. Cuenta la mezzosoprano que “cada vez que me bajaba del escenario, me estaba esperando. Se acercaba tanto como podía, ponía su cara frente a la mía, bajaba la voz y me decía 'Patricia, ¿te tienes que ir a casa esta noche?”.

En su testimonio, Wulf explica que si lo cuenta ahora es porque intenta ayudar a otras mujeres que están pasando o han pasado por una situación como la suya y reconoce que lo vivido “afectó a mi forma de tratar a los hombres durante el resto de mi carrera y de mi vida”. Pide “entender que cuando un hombre tan poderoso —era casi como Dios en mi negocio— se acerca y dice eso, lo primero que pasa por tu mente es '¡¿Qué?!'. Pero tan pronto como te marchas, piensas '¿acabo de arruinar mi carrera?”.

En esa misma línea se ha pronunciado otra cantante, a la que con 27 años y en 1998, Domingo supuestamente no cesaba de llamarla a casa proponiéndole quedar, diciéndole que quería hacerle el desayuno en su casa… “Estaba totalmente intimidada y sentía que decirle que no sería como decirle que no a Dios. ¿Cómo le dices que no a Dios?”, explica. Como Wulf, temía que sino cedía “no iba a tener una carrera en la ópera”. Al final, llegó un día en el que accedió a irse con él y se besaron y acariciaron. Después de aquello comenzó a dudar de sí misma, de sus aptitudes. “Sentía vergüenza y me preguntaba quién lo sabía y si pensaban que era la razón por la que conseguí una oportunidad en un papel”, ha relatado.

En el caso de otra cantante que tenía 23 años cuando se produjeron los hechos que denuncia. Ocurrieron en 1988 cuando era parte del coro de la Ópera de Los Ángeles. Hubo un momento en el que la eligieron para darse un beso con el tenor en una escena de una orgía y al acabar este le susurró que “ojalá no estuviéramos en el escenario”. Después de aquello comenzaron las llamadas y el acoso, los besos en la mejilla y cogerla de la cintura cuando se cruzaban.

Después de varios años de negativas y evasivas, en 1991, acabó accediendo. “Me rendí y me acosté con él. Me quedé sin excusas. Era como, ‘está bien, supongo que esto es lo que tengo que hacer”, confiesa.

La única bailarina que ha denunciado el comportamiento de Domingo -el resto son cantantes- asegura que su historia “es excepcionalmente común”. Ocurrió en los noventa, con mensajes que le dejaba en el contestador, le cogía la mano, la besaba en la mejilla, le proponía reuniones de trabajo… Fue en una de esas comidas cuando al acabar el tenor le habría dicho que tenían que subir a coger unas cosas a la habitación del hotel antes de volver a los ensayos. Al llegar, “empezó a abrazarme y besarme”.

Otro de los testimonios, el más reciente, ser remonta a mediados de los 2000. Ella dice que conocía la reputación de Domingo y que un día se vio envuelta en una situación en la que este usó una excusa “ridícula” para que quedarse con ella a solas. “Toda la premisa era ridícula. ¿Por qué no iba a tener Plácido Domingo un transporte a su casa? ¿Pero qué podía hacer?”, reconoce. Así que lo acercó en su coche a donde se alojaba. En el camino le colocó la mano en la pierna y al llegar intentó besarla.

Después de aquello, unas semanas después, logró convencerla para quedar para ensayar. “Parecía como si hubiera invertido tanto tiempo en esta persecución que estaba enfadado conmigo (…). Sentía que había alargado esto y le había evitado durante seis semanas, pero él era Plácido Domingo y era mi jefe y me estaba ofreciendo trabajar conmigo en un papel”, cuenta.

Durante aquella sesión la halagó, elogió su trabajo, y cuando acabaron de ensayar, “se levantó, metió la mano debajo de mi falda y entonces fue cuando tuve que salir de ahí”.