El inexplicable declive de Big Little Lies: cuando se fuerza una temporada que no hace falta

ATENCIÓN: ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS DEL FINAL DE TEMPORADA DE BIG LITTLE LIES

Nuestro corto paseo por Monterrey ha terminado. Por fin porque ya no daba para más. Big Little Lies dio por concluida su segunda temporada con un séptimo episodio sin rumbo que puso fin a las historias de las mujeres de Monterrey con pesadumbre y prisas sin honrar el cuidado retrato creado para cada una en la primera temporada.

Reese Witherspoon y Nicole Kidman en Big Little Lies (Cortesía de HBO)

Después de arrasar en la temporada de premios con la calidad de su primera temporada, no consigo entender por qué sus productores, su creador David E. Kelley y sus protagonistas decidieron hacer una segunda y de esta manera. Es como si hubieran estado más preocupados por hacer una continuación para aprovechar el éxito, que en preguntarse si deberían. Y el resultado salta a la vista: una temporada más corta que no profundizó en los dramas más interesantes y que centró sus esfuerzos en la figura de la actriz multipremiada de la serie, Nicole Kidman, y forzó el protagonismo de su productora ejecutiva, Reese Witherspoon, a expensas de otros más relevantes. Después de todo fueron las dos precursoras de esta serie que compraron los derechos de la novela de Liane Moriarty y consiguieron convertirla en serie.

Decepción. Es el sentimiento que me provocó el último capítulo. Sobre todo porque cuando hice mi análisis del comienzo de temporada, parecía que estábamos ante otro logro del guionista y maestro de los dramas, David E. Kelley (Ally McBeal, Boston Legal). Pero no. A partir del cuarto episodio el tono se hizo más repetitivo y mis dudas comenzaron. Sobre todo al comprobar que estaban alargando el enfrentamiento de Celeste Wright (Nicole Kidman) con su suegra Mary Louise Wright (Meryl Streep) y forzando la historia de infidelidad de Madeline Mackenzie (Reese Witherspoon) con un marido que se pasa toda la temporada sin saber si la perdona o no. Mientras tanto, la culpa que carga Bonnie Carlson (Zoë Kravitz) por empujar y matar a Perry Wright (Alexander Skarsgard) en el final de la primera temporada tomó un protagonismo repetitivo que no avanzó hasta el final, haciendo que la que más perdiera en toda esta historia fuera el Renata Klein (Laura Dern). La actriz volvió a brillar como esta mujer de negocios presumida e insoportable con un drama añadido lleno de detalles -infidelidades, bancarrota, engaños, culpa, la carga de la maternidad con el papel de madre exitosa- pero que solo se tocaron de refilón y hubieran dado para una serie completa sobre ella.

La que salió airosa fue Jane Chapman (Shailene Woodley), el único personaje que consiguió completar su arco dramático al trabajar en su recuperación tras la muerte de su violador, así como lidiar con el momento que su pequeño hijo descubre que es fruto de una violación mientras demuestra su valentía para seguir adelante dándole otra oportunidad al amor.

No cabe duda de que Meryl Streep será la protagonista de las nominaciones a mejor actriz secundaria en una miniserie el próximo año después de convertirse en un torbellino de talento a lo largo de esta temporada. E incluso Laura Dern y Shailene Woodley lo consigan y deberían. Pero no estoy segura de que Kidman y Whiterspoon lo merezcan de nuevo (que lo logren es otro cantar ya que dudo que los Globos de Oro se resistan a tener a Nicole Kidman en su gala de estrellas). Streep se robó el protagonismo en cada una de sus apariciones, incluso por encima de Nicole Kidman quien no pudo sacar a relucir el mismo brillo de la temporada anterior debido a un guion menos centrado y sin el mismo poderío original.

Meryl Streep y Nicole Kidman (Cortesía de HBO)

Uno de los motivos que podría explicar la flojera de la temporada podría estar relacionado con el drama entre la directora de esta entrega y el director de la primera, Jean-Marc Vallée. Andrea Arnold dirigió la segunda temporada teniendo vía libre para plasmar su visión con un estilo muy propio como demuestran sus películas indies Fish Tank (2009) y American Honey (2019) o la serie Transparent (2015-2017), pero cuando llegó el momento de completar la historia en la sala de montaje, el director original tomó las riendas para “mezclar el estilo visual” de ambos. Pero el resultado no cuaja. Se nota que la serie repite la estética pero al forzarlo, se pierde el foco de la trama y terminamos viendo una segunda temporada que concluye cada historia en forma de telenovela sin el impacto que hizo tan original a la temporada inicial.

El capítulo final se centra en la batalla legal entre suegra y nuera. Mary Louise quiere la custodia de los niños para protegerlos del dolor de la madre y la demanda. Es cierto que Celeste no está viviendo el duelo de la mejor manera, cayendo en el uso de pastillas que la hacen perder el control y lidiando con la verdadera naturaleza de la relación abusiva que mantenía con su marido; y se puede simpatizar fácilmente con la necesidad de una abuela de proteger a sus nietos. Pero sus motivos son más profundos, al dudar desde un principio de la culpabilidad de Celeste y sus amigas en la muerte de su hijo. Unas dudas que, al final, se quedan vacías y perdidas en el desenlace.

Shailene Woodley en una escena de Big Little Lies (Cortesía de HBO)

En el final, Celeste le pasa un rapapolvo como abogada, abriendo la duda ante uno delos agujeros de guion más evidentes. Y es que si Celeste era tan buena abogada ¿por qué no utilizó su profesión para no llegar hasta ese punto? ¿Por qué se mostró tan dudosa e inexperta con su propia abogada a lo largo de los últimos tres episodios?

Ed (Adam Scott), el marido de Madeline (Whiterspoon) por fin toma una decisión después de pasarse toda la temporada con dudas. Fue un personaje comodín para rellenar la trama pero sin ningún peso aparente, solo estaba allí para completar el arco del personaje de Reese. Uno de esos que son fáciles de olvidar. Bonnie (Kravitz) tiene un peso diferente con un tono más oscuro con pensamientos suicidas y asesinos, adentrando la historia de una madre violenta con visiones y brujería que se pone sobre la mesa pero no se profundiza. Ella carga el peso de la culpa, pero el montaje final no permite que estos temas se conviertan en protagonistas.

Como decía anteriormente, Jane (Woodley) tiene el arco argumental mejor cerrado de todas, mientras que el arco de Renata (Dern) es la gran desilusión de la historia. Le pasa de todo y jamás es protagonista. Al final, y con prisas, toma la decisión de dejar a su marido cuando tuvo excusas de peso a lo largo de toda la temporada, dejándonos la sensación que podría haberlo hecho antes y así expandir su historia con la fuerza de la mujer independiente que siempre demostró ser.

Laura Dern como Renata (Cortesía de HBO)

La secuencia final nos presenta a las cinco entrando al departamento de policía. Bonnie no puede más con la culpa y convence al grupo para que cuenten la verdad. Evidentemente lo que pase con ellas podría dar pie a una tercera temporada, pero visto lo visto deberían aprender la lección de tomarse más tiempo y encontrar una trama y visión que esté a la altura.

Con una primera temporada tan redonda, a nivel narrativo no hacía falta una segunda. Pero es cierto que nadie iba a resistirse al regreso de las madres de Monterey. Y es que lo tenían todo para triunfar de nuevo. Un reparto de lujo con la incorporación del peso más pesado de Hollywood: Meryl Streep. Tenían a una directora con visión propia como Andrea Arnold que podría haber dado aire fresco y renovado el estilo. Tenían productores de éxito y una historia escrita por la misma autora de la novela. Pero, en mi opinión, primaron las prisas de repetir el éxito por encima de cuidar lo conseguido con la primera temporada. Pecaron de presumidos y la temporada terminó con flojera.

A la vista está que forzaron el protagonismo de sus reinas a expensas de la trama cuando había dramas suficientes para una temporada más potente. Y es una pena. La primera temporada de Big Little Lies fue de lo mejorcito que vimos en 2017, y su continuación tenía potencial. Pero parece que nos subestimaron. Se olvidaron de que la calidad y el elemento sorpresa es una constante en el mundo del streaming y que el público está más exigente que nunca.

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