El engaño de 'El guardaespaldas': la mujer del póster no era Whitney Houston

Pocos pósteres han conseguido convertirse en imágenes icónicas de la historia del cine. Tiburón, ET, La red social, Alien, En busca del arca perdida, Pulp Fiction, El resplandor… son algunos que no necesitan tener el título grabado en el cartel para que adivinemos sin titubear de qué película se trata. Y sin dudas, entre ellos también podríamos incluir a El guardaespaldas, aquel clásico romántico protagonizado por Kevin Costner y Whitney Houston que logró coronarse como la segunda película más taquillera de 1992 a pesar de las malas críticas.

Kevin, protector y fuerte, sosteniendo a una desamparada Whitney vestida de estrella mientras la rescata del ataque de un acosador. Cómo olvidarlo ¿verdad? Pues 28 años después vengo a pincharles el globo. Porque esa mujer que se refugiaba en los brazos del guardaespaldas no era Whitney, sino una doble. Y esto es tan verdad como que las piernas de Julia Roberts en el póster de Pretty Woman también eran falsas.

Warner Bros.

Lo de photoshopear a las estrellas de cine en los carteles promocionales viene de hace mucho tiempo. Actrices con la piel perfecta y ni una arruga, cinturas de avispa, piernas estilizadas, héroes de acción con sonrisa de publicidad dental… los retoques son habituales en el marketing cinematográfico, pero engañarnos cambiando por completo al protagonista en el cartel promocional lo es mucho menos.

Eso mismo es lo que hizo El guardaespaldas, siguiendo la misma táctica que utilizaron en Pretty Woman y El graduado cuando recurrieron a las piernas de otras mujeres haciéndonos creer que se trataba de Julia Roberts y Anne Bancroft. En el caso de Pretty Woman fue por petición de una joven Julia que no quería mostrar piel en sus escenas. “No es lo mío” dijo a US Magazine hace tiempo (vía Telegraph). En su lugar, las escenas más explícitas las hizo una doble llamada Shelley Michelle, que pasó a la historia de Hollywood como “el cuerpo de dobles más famoso de Hollywood”. El motivo detrás de elegir sus piernas fue porque eran “más curvilíneas” que las de Roberts, contó a Orlando Sentinel. Las piernas de Shelley hacían que Julia “se viera con un poco más de curvas”.

Esta anécdota se conoce desde hace varios años, incluso se supo poco después del estreno, haciendo que más de uno se sintiera engañado al haberse quedado prendado de la figura ideal de Julia. Mientras que el caso de El graduado, aquella película en donde Anne Bancroft se coronaba como la asaltacunas más legendaria del cine muy a su pesar, es más reciente. Fue recién 46 años después del estreno que la protagonista de Dallas, Linda Gray, dijo que las piernas del póster que dejan atónito a un joven Dustin Hoffman eran las suyas. Linda contó que el día que tomaron esa imagen, Anne estaba ausente en el set. “Me pagaron $25. Para una pierna, estuvo bien” dijo (vía The Guardian).

Pretty Woman (Warner Bros.) y El graduado (C.B. Films)

Pero volvamos al legendario cartel de El guardaespaldas. Son muchas las anécdotas que rodean al drama romántico de Whitney Houston y Kevin Costner. Sin ir más lejos, hace un tiempo les contábamos que el actor y director quiso hacer una secuela centrándola en su personaje de protector pero protegiendo a una mujer que iba a protagonizar la mismísima Lady Di.

Si hacemos memoria, el cartel en cuestión recurría a una de las escenas de la película cuando el guardaespaldas sacaba a Rachel Marron (Houston) en brazos, rescatándola de los disturbios provocados en un club nocturno mientras cantaba Queen of the night. Pero esa escena tan icónica ni siquiera la filmó Whitney. ¡Qué engaño!

Warner Bros.

Esa ni siquiera era Whitney” dijo Kevin Costner a EW el año pasado al recordar su clásico junto a la fallecida cantante. Cuenta que Whitney se había marchado a casa aquel día cuando estaban filmando la dichosa escena, teniendo que recurrir a su doble. “Su cabeza estaba enterrada en mi hombro, que era apropiado de todos modos porque tenía miedo” añadía el actor. Es decir que pasamos 28 años creyendo que el rostro de Whitney no estaba presente en el cartel porque representaba la secuencia en donde escondía el rostro por miedo, cuando en realidad no tuvieron más remedio que rodarlo de esa manera para esconder que la mujer no era la protagonista.

La idea de convertir esa imagen en póster, incluso cuando no muestra la cara de la cantante, fue del propio Kevin Costner. Tras ver la fotografía que su amigo Ben Glass tomó durante la filmación, enseguida supo que sería la imagen promocional ideal para la historia y él mismo se la envió a Warner Bros. con una nota que leía: “Aquí está el póster”. Sin embargo, a los ejecutivos no les gustó la idea porque no se podía ver el rostro de Whitney, quien era el gancho más importante de aquella producción debido a que se trataba de su debut en cines durante la época más álgida de su carrera.

Costner cuenta que los ejecutivos del estudio hicieron varias pruebas intentando insertar el rostro de la cantante en la misma imagen, pero al final aceptaron la idea del actor. Y viendo el cartel una vez más no podemos negar que Kevin tuvo buen ojo para captar la imagen perfecta que representara la historia. Él salvando a la estrella vulnerable. El resumen esencial de aquella película que desafió estereotipos raciales en el mundo de los blockbusteres.

El que Whitney Houston y Kevin Costner terminaran interpretando esta historia es pura mano del destino. En realidad, Lawrence Kasdan, el legendario guionista de las dos secuelas originales de Star Wars y cocreador del personaje de Indiana Jones junto a Steven Spielberg y George Lucas (escribió la primera entrega, En busca del arca perdida), escribió el libreto en 1975 con la intención de que lo protagonizaran dos figuras como Steve McQueen y Diana Ross. Con aquel guion, Kasdan consiguió un agente que tardó dos años en venderlo por 18.300 euros ($20.000). Casi se hizo en 1978 con Diana Ross y Ryan O’Neal como el héroe masculino, pero la cantante decidió retirarse del proyecto y la historia se quedó estancada durante varios años. Fue cuando Kevin Costner estaba rodando Silverado (1985), otra historia escrita y dirigida por Kasdan, que leyó el libreto y decidieron producirlo en conjunto. Fue después de convertirse en super estrella con Los intocables de Eliot Ness (1987) y Robin Hood: príncipe de los ladrones (1991), que se lanzó a la aventura de apostar por la historia.

Cuando El guardaespaldas llegó a los cines se convirtió en uno de los típicos ejemplos de división entre el público y la crítica. Los especialistas de cine de la época no estuvieron a favor de la producción, calificándola de “cursi” y “melodramática” mientras el público se dividía entre quienes caían rendidos a su historia de amor y los que no -y yo misma viví esa división en mi propia casa cuando la vi en VHS siendo adolescente: no me gustó nada pero mi padre se convirtió en fan empedernido, volviéndonos locos con la banda sonora durante semanas-. Lo cierto es que la taquilla respondió con creces siendo un éxito rotundo gracias a unas recaudaciones mundiales de 374€/$411 millones cuando apenas había costado 23€/$25 millones. Una ganga para Warner Bros. Si no hubiera sido por Aladdin, entonces habría sido la cinta más taquillera de 1992.

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