'El ferrocarril subterráneo': acabo de ver en Amazon Prime la mejor serie del año

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Todavía no hemos llegado ni al ecuador de 2021 que estoy convencida que acabo de terminar la mejor serie del año. Y reconozco que no es algo que escribo a la ligera. Soy consciente que cada usuario del streaming tiene sus series favoritas, gustos de géneros y predilecciones, que de vez en cuando surge un fenómeno que sorprende o aparece una historia nueva que supera la anterior; pero la maravilla visual, trascendental y emocional que acabo de ver en Prime Video ha subido el listón para todo lo que queda de año.

El ferrocarril subterráneo es la nueva serie limitada de la plataforma de Amazon, dirigida y escrita por un director con una habilidad única para tocarnos el corazón como Barry Jenkins (Moonlight, El blues de Beale Street). Una serie que a lo largo de diez episodios nos adentra en los horrores de la esclavitud sin caer en los clichés de la temática, ni abusar del drama o la violencia, sino mimando la narrativa hasta el punto de convertir la historia en una experiencia emocional en sí misma.

Imagen de El ferrocarril subterráneo (Kyle Kaplan; cortesía de Amazon Studios)
Imagen de El ferrocarril subterráneo (Kyle Kaplan; cortesía de Amazon Studios)

Hacer una serie o película sobre la esclavitud nunca es tarea fácil. Después de todo se trata de una temática delicada, incluso siglos más tarde con la susceptibilidad racial y social aun vibrando a flor de piel en EE.UU., y tratarla desde el análisis equivocado puede levantar ampollas difíciles de sanar. Además, existen piezas documentales (Enmienda XIII), largometrajes (12 años de esclavitud) y series (Raíces) que ya contaron historias desde ángulos efectivos haciendo que las comparaciones hagan más difícil la tarea de un director para conseguir plasmar cierta originalidad. Pero no para Barry Jenkins.

Basada en la novela homónima de Colson Whitehead ganadora del premio Pulitzer en 2017, El ferrocarril subterráneo nos cuenta la historia de Cora (Thuso Mbedu), una esclava de una plantación del sur estadounidense que además de las atrocidades que vive a diario, la violencia y el abuso, encima carga con el estigma marginal de haber sido abandonada por su madre siendo pequeña para huir por su cuenta. Pero cuando llega el momento, Cora huye también de la mano de otro joven negro llamado Caesar (Aaron Pierre) en un tren clandestino que circula bajo tierra liberando esclavos de los horrores de la propiedad humana. El viaje los lleva hasta una población donde los negros siguen siendo esclavos pero el gobierno dibuja una libertad ficticia tratándolos, en cambio, como si fueran empleados. Allí descubren los primeros sentimientos de libertad, o la apariencia de ella. Porque, en realidad, nada es lo que parece.

El descubrimiento de una realidad atroz, la persecución constante, el ansía de libertad, el trato inhumano y el trauma vital que carga cada uno, sumado al hecho de que un cazador de esclavos racista y cruel (Joel Edgerton) les sigue la pista, conforman las bases de una trama de alta carga emocional pero que transmite su argumento con aires cinematográficos. Cada plano está cuidado hasta el más mínimo detalle, desde la interpretación, escenografía, vestuario, fotografía y música. Todos los elementos forman parte de un juego artístico que danza en armonía creando momentos visuales mágicos. Porque El ferrocarril subterráneo es mucho más que una historia de esclavitud, sus horrores y el trauma vital de tantas millones de personas: es una experiencia emocional a través de los ojos.

Si bien estamos ante una historia de ficción, todos sus personajes representan una época y las consecuencias raciales que han prevalecido con el paso del tiempo. La serie hace un retrato del pasado pero manteniendo sus miras en el presente y futuro, cuestionando por qué y hasta cuándo con tambores que suenan a esperanza a pesar de todo. Porque al retratar la historia de Cora y todos aquellos esclavos que la rodean, los que va dejando en el camino y los que va encontrando también, Barry Jenkins consigue hacer una transición social contándonos un pasado que sirve de análisis del presente racial estadounidense sirviendo de reflejo filosófico para una sociedad que avanza lentamente.

Y es que Cora es un personaje simbólico que sirve de representación para todas las heridas que abrió la esclavitud en la historia de la humanidad, siendo a su vez un símbolo de la resistencia del ser humano, el anhelo y la esperanza.

Imagen de El ferrocarril subterráneo (Kyle Kaplan; cortesía de Amazon Studios)
Imagen de El ferrocarril subterráneo (Kyle Kaplan; cortesía de Amazon Studios)

Barry Jenkins supo transportarnos al universo de los personajes de Moonlight y El blues de Beale Street a través de planos detallistas que daban prioridad a las emociones de sus protagonistas, y aquí vuelve a conseguirlo con una serie de casi 10 horas de duración y capítulos que llegan a durar más de una. En esta narrativa hasta los silencios hablan. Las lágrimas, sonrisas y miradas, cada detalle transmite algo. La luz del sol entre los planos, la desesperación de la huida, el terror a lo desconocido y la desesperanza, son situaciones que se palpitan constantemente, convirtiéndola en una serie de emociones que sin necesidad de brutalidad extrema constante (aunque la hay lo suficiente como para enviar su mensaje), acción o adrenalina comercial, consigue hacernos palpitar con cada plano.

La belleza de sus secuencias, la música y fotografía de los mismos artistas que cumplieron dichas labores en sus dos largometrajes -Nicolas Britell y James Laxton, respectivamente-, así como una escenografía detallista al máximo demuestran la entrega y compromiso en la creación de una obra que traspase la pantalla. Y es que estamos ante una serie que comenzó a grabarse en agosto de 2019 en localizaciones reales, tomándose su tiempo y luchando contra la pandemia para terminar de grabar en septiembre de 2020.

Es cierto que El ferrocarril subterráneo no es para todos los públicos. Después de todo Barry Jenkins es un director que no escatima en segundos y silencios para transmitir las emociones que pretende provocar y, a veces, eso puede repercutir en el espectador más impaciente. Pero, en este caso, esos silencios y momentos pausados juegan a favor de la narrativa dándonos tiempo para devorarla y sentirla, dejando que nos impregne de su historia a través de todos los poros.

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Barry Jenkins consigue crear una montaña rusa emocional y una obra maestra visual que demuestra su talento para contar historias.

Y si, es cierto, hay otras series buenas en 2021. Mare of Easttown de HBO nos tiene enganchadísimos, Them de Amazon me pareció otra obra maravillosa sobre el racismo a través de una historia de terror, WandaVision ayudó a Marvel a sorprender e innovar con una trama original sobre el luto y la pérdida, y hasta Detrás de sus ojos de Netflix tuvo su puntito como placer culpable. Pero lo que consigue El ferrocarril subterráneo es diferente. Así como Normal people nos provocó un terremoto emocional con su historia de madurez romántica en 2020, esta apuesta de Amazon nos sacude con una belleza cinematográfica que pide a gritos nuestra atención absoluta. Es una verdadera maravilla.

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