‘El Escuadrón Suicida' es tan salvaje que deja a Deadpool en pañales

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La guerra del cine de superhéroes se calienta y DC mueve ficha con El Escuadrón Suicida aterrizando en las salas de cine a partir del 6 de agosto. La película dirigida por James Gunn (Guardianes de la Galaxia) hace borrón y cuenta nueva con respecto al fallido primer intento de llevar a esta formación de supervillanos y criminales a la gran pantalla en 2016, película que obtuvo buena taquilla, pero está considerada una de las peores entregas del estudio. Pizarra en blanco y nuevo comienzo.

Con esta segunda oportunidad, Warner Bros. decidió no cometer el mismo error y dio carta blanca a su director para que llevara su visión hasta las últimas consecuencias. Con toda la libertad creativa en sus manos, Gunn ha realizado una película absolutamente salvaje, llevando hacia límites inauditos la idea de lo que podemos ver en el cine de superhéroes comercial. El Escuadrón Suicida es tan bestia, tan violenta, tan loca que deja las aventuras extremas y calificadas para público adulto de Deadpool en pañales.

Cartel de 'El Escuadrón Suicida' (DC / Warner Bros.)
Cartel de 'El Escuadrón Suicida' (DC / Warner Bros.)

Mientras Marvel Studios encontró el éxito construyendo su universo cinematográfico con paciencia y buena planificación, Warner tropezó más de una vez dando sus primeros pasos en la creación de su Universo DC. Dirigida por David Ayer, Escuadrón Suicida llegaba rodeada de expectación a los cines hace cinco años, precedida de tráilers sublimes y con la promesa de ser una de las películas más gamberras del cine superheroico. El film recaudó más de 700 millones de dólares en taquilla, pero la crítica la destrozó y el público quedó dividido ante una película que no era para nada lo que prometían los avances.

Pronto se supo que el estudio había interferido en la producción hasta destrozar la visión de Ayer, retocando el metraje para quitar, modificar y añadir elementos según estudios de mercado y la visión de los ejecutivos. Con Liga de la Justicia ocurrió tres cuartos de lo mismo. En el caso de la película de Zack Snyder (completada por Joss Whedon tras su marcha), el estudio dio una segunda oportunidad al director para sacar adelante su montaje respondiendo a una campaña viral de los fans, en una versión de cuatro horas que se estrenó este año en HBO, con gran éxito y enorme repercusión en redes. En cuanto a Escuadrón Suicida, también hubo peticiones de los fans para que permitieran a David Ayer editar de nuevo la cinta con su visión (que supuestamente incluía mucho más del Joker de Jared Leto de lo que vimos), pero Warner optó por hacer una nueva película desde cero, una suerte de reinicio que relanza por completo la propiedad.

Y para ello contó con James Gunn, a quien fichó poco después de que Marvel lo despidiera de la saga Guardianes de la Galaxia tras la reaparición de unos tuits ofensivos del pasado. (luego lo volvieron a contratar para dirigir la tercera). El director empezó así a trabajar en su visión de El Escuadrón Suicida, volcándose por completo en ella. Después de sus dificultosas experiencias con Snyder y Ayer, y tras el enorme éxito del Joker de Todd Phillips, Warner aprendió -más vale tarde que nunca- que debía dejar más libertad a sus cineastas. De esta manera, Gunn recibió vía libre para volverse loco. Y vaya si lo hizo.

Fotograma de El Escuadrón Suicida (Warner Bros. Pictures/™ & © DC Comics)
Fotograma de El Escuadrón Suicida (Warner Bros. Pictures/™ & © DC Comics)

El realizador ya nos había adelantado que El Escuadrón Suicida iba a ser una película excesiva y provocadora, pero no sabíamos hasta qué punto (obviamente, lo más fuerte no está en los adelantos). Esta secuela deja a la anterior película a la altura del betún en todos los sentidos.

No solo supone un salto de calidad enorme, sino que además se atreve a llevar su premisa hasta las últimas consecuencias. Al fin y al cabo, se trata de una cinta de acción protagonizada por la mayor escoria de DC, villanos, criminales y psicópatas dispuestos a cualquier cosa para conseguir lo que quieren. No tenía sentido ponerse delicados e intentar imitar a Marvel otra vez. Queríamos sangre, vísceras, humor negro… Y justo eso es lo que nos da Gunn. Eso y más.

El film es un desinhibido festival de acción espectacular, ultraviolencia, gore y humor absurdo en el que cualquier cosa que te imagines es posible. Cráneos estallando, desmembramientos, gente saltando por los aires en pedazos, los superpoderes más aleatorios y ridículos, desnudos, locuras inesperadas… El triunfo del mal gusto que, sin embargo, delata el buen gusto de su director. Y es que Gunn tiene un don magnífico a la hora de combinar el preciosismo y el color con la suciedad y el despropósito, creando una obra especial, muy apoyada en el lenguaje de los cómics pero también muy cinematográfica, llena de creatividad visual, personalidad y descaro.

Hace poco leí en Twitter que el director había hecho básicamente una película de Troma (estudio de Serie B famoso por El Vengador Tóxico) con presupuesto de superproducción. Y esa es la descripción más perfecta que se me ocurre. El ADN de Serie B que hay en Gunn (recordemos que es el director de Slither: La plaga) se puede sentir a lo largo de todo su irreverente metraje, donde da rienda suelta a sus instintos más gamberros y marcianos. Pero lo mejor de todo es que tanto la violencia como el surrealismo de la película están siempre al servicio de los personajes y la historia, consiguiendo que hasta la idea más ridícula tenga sentido en este universo y sirva para avanzar la historia de sus antihéroes, llegando incluso a emocionarnos con ellos.

Fotograma de El Escuadrón Suicida (Warner Bros. Pictures/™ & © DC Comics)
Fotograma de El Escuadrón Suicida (Warner Bros. Pictures/™ & © DC Comics)

En este sentido, Gunn tiene mucho mérito, pero no podemos pasar por alto la magnífica labor de un reparto que se tira de cabeza a la piscina con su director, desde el personaje más secundario hasta los protagonistas. La campaña promocional del film nos advirtió que no nos encariñáramos con ninguno, porque cualquiera puede morir (menos Harley Quinn, que es intocable), y tenía toda la razón. Pero es difícil no hacerlo cuando todos están tan bien. A destacar los actores de la primera entrega que repiten en esta, sobre todo Joel Kinnaman, que esta vez compone a un Rick Flag más profundo, Viola Davis, que se desata completamente como Amanda Waller y por supuesto la siempre brillante y deliciosamente desquiciada Margot Robbie como Harley Quinn. Pero también los nuevos fichajes, en especial Idris Elba aportando la nota de cordura como Bloodsport, y la revelación Daniela Melchior como la tierna y adorable Ratcatcher 2, que consigue destacar estando rodeada de estrellas y criaturas a cada cual más extraña.

En el cine de superhéroes modernos hay pocos precedentes a El Escuadrón Suicida en cuanto a su apuesta por la violencia desmedida y la extravagancia sin cortapisas. Tenemos Joker y Aves de Presa en la misma DC, que supieron aprovechar bien su calificación Rated-R (clasificación estadounidense que se refiere a películas restringidas a un público no adulto ya sea por violencia, lenguaje soez, violencia, etc.), pero se quedan muy cortas comparadas con esta. Al margen de las series The Boys o Invencible (que hacen lo propio en televisión), el caso más cercano a El Escuadrón Suicida en este sentido sería Deadpool. Con las divertidísimas películas sobre el mercenario de Marvel, Fox (cuando todavía no era propiedad de Disney) se volvió completamente loca, creando una franquicia superheroica para mayores de 18 años llena de incorrección política, sexo, violencia y subversión de las reglas del género. El éxito fue enorme y nos demostró que el cine de superhéroes no debía ser restringido por la fórmula familiar que había impuesto Marvel.

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El Escuadrón Suicida sigue los pasos de Deadpool, pero acaba dando varias volteretas mortales hacia delante, dejándola como juego de niños en cuanto a su nivel de desvarío, violencia y exceso. Desde que Disney compró 20th Century Fox, y con ella Deadpool y los X-Men, ha habido mucha inquietud entre los fans con respecto a la calificación que tendrán las películas del Mercenario Bocazas en el MCU. Aunque al principio parecía que había intención de mantener su calificación Rated-R (para muchos esencial al personaje), ahora Marvel parece estar reculando y nos prepara para la idea de un Deadpool suavizado para encajar en el molde familiar de Marvel Studios. Si esto acabara siendo así, no nos quedará otra que recurrir a DC para seguir disfrutando del cine de superhéroes más salvaje y sin censura.

Tras ser despedido y recontratado por Disney, Gunn regresa ahora a Marvel para dirigir la tercera entrega de Guardianes de la Galaxia, y lo puede hacer satisfecho por haber reinventado al Escuadrón Suicida, dándole la personalidad y el estilo que pedía desde el principio en una película llena de momentos inmediatamente icónicos. Con un reparto al 150% y una actitud temeraria pero siempre enfocada al corazón de la historia y sus personajes, Gunn ha realizado una película tan cafre y sorprendente como excitante, encontrando la emoción en un ejército de ratas, la ternura en un tiburón humanoide o la belleza en una orgía de sangre, golpes y disparos. Es lo que pasa a veces cuando un estudio deja que sus directores hagan la película que querían hacer, que resulta en la película que queríamos ver.

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