El cine de terror japonés que tanto miedo nos hizo pasar vuelve con otro remake de La maldición

A finales de los 90 y principios del nuevo siglo éramos testigos de la moda del J-Horror, el término que define al cine de terror japonés que puso en jaque al género en Hollywood. El éxito provocado por el boca a boca que tuvieron películas como La maldición (The Grudge) y The Ring hicieron que la meca del cine buscara nuevas vías de negocio, apostando por cineastas asiáticos para sus propuestas de terror y remakes de esas mismas historias. Y ahora, casi dos décadas después, vuelve con otro reboot de La Maldición o El Grito (depende cuál reconozcas mejor, si la original o el primer remake).

El reboot llegará a los cines el 3 de enero, y según promete su director, será “más retorcida” que las versiones anteriores, como dijo en el Comic Con de Nueva York, como recoge IndieWire. Algo que quizás podamos comprobar el lunes 28 de octubre cuando salga a la luz el primer tráiler.

Cortesía de Sony Pictures

Es más, el proyecto ya está en plena promoción con un póster que recuerda a una de las escenas más icónicas de ambas versiones: el espíritu sacando los dedos cuando la protagonista está en la ducha. A raíz del 15 aniversario del remake, la producción aprovechó la ocasión para compartir el cartel remontándonos al clásico de terror de 2002.

Y si no recuerdas la escena (que lo dudo) aquí puedes refrescar la memoria con este video protagonizado por Sarah Michelle Gellar en el remake:

Lo que sabemos es que esta versión no tendrá lugar en Japón como hicieron las anteriores, sino que trasladará la trama a EEUU. Dirigida por Nicolas Pesce, el proyecto cuenta con el aval de un experto en el género como Sam Raimi, que sirve como productor como hizo con No respires (2016). En esta ocasión, la historia gira en torno a una agente de policía interpretada por Andrea Riseborough que se enfrenta a un caso misterioso que no logra descifrar. Es así como llega a la casa maldita. “Seguimos su historia, y otras dos más, que todas interactúan con esta casa maldita en un pueblo pequeño de América” dijo Pesce a EW. “Como las viejas películas, es el escenario de tres historias diferentes que se entremezclan pero transcurren en épocas distintas, centradas en esa misma casa”.

Aunque la historia sea similar, el director promete que no se trata de un remake, sino de una continuación de la “antología”. La define como “un capítulo más”, en lugar de remake.

Demián Bichir, John Cho, Berry Gilpin, Lin Shave y Jacki Weaver completan el reparto.

EL FUROR DEL J-HORROR

Cuando comenzó la moda del J-Horror, el cine de terror en general seguía siendo el secreto culposo de muchos espectadores. Yo incluida. Siempre hubo cientos de propuestas que podíamos encontrar en los videoclubs a lo largo de los años 90, pero muy pocas llegaban a los cines. Si no estaba dirigida por Sam Raimi o Wes Craven, o era un fenómeno esporádico, era poco habitual. Tras unos años de furor para el cine de terror adolescente iniciado por Scream (1996), la producción de este género a nivel comercial ya no tenía la misma gracia tras haber caído en los clichés constantes y el aburrimiento de ver siempre lo mismo. Y la moda cambió.

Primero fue The Ring (El círculo) de Hideo Nakata en 1998, aquella película japonesa sobre el vídeo maldito que hacía que cualquiera que lo viera muriera a los siete días. El fenómeno comenzó a correr de boca a boca, aunque el culpable del éxito definitivo fue Gore Verbinski cuando llevó la historia a tierras americanas con el remake protagonizado por Naomi Watts en 2002, titulado The Ring (La señal) en España o La llamada en Hispanoamérica. Cómo olvidar a este versión de Samara. La cinta fue uno de los remakes más lucrativos de la historia dando pie a dos secuelas en 2005 y 2017. Fue la responsable de sembrar el camino para muchas otras más. Gracias a su éxito, miles de espectadores descubrimos la versión original creando un puente entre el cine estadounidense y el japonés con la llegada de La Maldición (The Grudge).

La maldición, 2004 (Columbia Pictures)

Aquella cinta japonesa de Takashi Shimizu de 2002 contaba la historia de un espíritu vengativo que persigue a cualquiera que entra a la casa donde vive. Fue la primera en hacernos temer a niños fantasmas en las escaleras, a sufrir con la idea de despertarnos con un rostro blanco mirándonos entre las sábanas y, por supuesto, a los cabellos negros y largos en la ducha. Dos años después, el mismo director nos trajo el remake americano con Sarah Michelle Gellar como protagonista. Menos efectivo, pero igualmente aterrador.

El éxito de ambas sagas dio salida a un furor por el cine de terror asiático en general que se expandió en otras producciones como Dark Water (Hideo Nakata, 2002) y su remake americano con Jennifer Connelly, titulado Dark Water (La huella) en España y Agua Turbia en Hispanoamérica. Dirigido por Walter Salles en 2005 contaba la historia de una madre y su hija que se enfrentaban a un apartamento maldito que las acechaba con agua. Así como Pulse (Kairo, Hiyoshi Kurosawa, 2001) y su remake en 2006 con Kristen Bell, Pulse (Conexión) o Latidos (Jim Sonzero) que incluso tuvo dos secuelas estrenadas en DVD.

2002 fue un año de los más productivo para el cine de terror asiático exportado al resto del mundo. Así vimos The Eye de los hermanos Pang, con dos secuelas y tres remakes. El más conocido es el que protagonizó Jessica Alba en 2008, Visiones (o El ojo del mal). En 2003 vimos Llamada perdida de Tashaji Miike, con remake cinco años más tarde dirigido por Eric Valette. A ellas debemos sumar también la tailandesa Shutter: el fotógrafo (o Están entre nosotros, 2004) y su remake Retratos del más allá (Imágenes del más allá) con Joshua Jackson (2008). Y, por último, la aplaudida producción surcoreana de Kim Jee-woon, Dos hermanas (2003), cuyo remake vio la luz en EEUU con Elizabeth Banks en 2009 bajo el título Presencias extrañas (o La maldición de las hermanas).

¡Cómo olvidar el furor! Creo que hasta se convirtió en una especie de fanatismo para muchos cinéfilos, otra vez, yo incluida. La moda era tal que, sin estar conectadas, se convirtieron en una especie de saga obligada. Como si no quisiéramos perdernos ninguna entrega.

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Pero tras unos años el tifón asiático paró. De repente cesó y el género volvió a cambiar para entrar en unos años de cambios hasta que James Wan lo hiciera explotar de nuevo con la saga Expediente Warren y las propuestas independentes consiguieran encontrar su camino a las salas con Déjame salir, Hereditary o Midsommar.

¿Funcionará la nueva versión? ¿Estamos preparados para volver a The Grudge?

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