Recordando 'El caballero del dragón', uno de los mayores fracasos del cine español con Miguel Bosé de extraterrestre

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Por Alberto Cano.- Tras el fin de la dictadura franquista el cine español empezó a abrirse a propuestas inexploradas hasta aquel momento. Sin la presión de la censura, el cine fantástico empezó a tener presencia en nuestra cinematografía, surgiendo infinidad de cintas que trataron de emular lo que durante los años de la dictadura se había hecho en mercados extranjeros. En este contexto, y en medio del marco de los 80 donde películas como Star Wars, Alien, el octavo pasajero, Encuentros en la tercera fase, Blade Runner o Dune empezaban a invadir las salas de cine, el director Fernando Colomo se lanzó a realizar una superproducción de fantasía y ciencia-ficción que se convirtió en una de las mayores rarezas y fracasos del cine español.

Se trataba de El caballero del dragón, una épica medieval que mezclaba una historia de caballeros y princesas con naves espaciales y extraterrestres. Se pretendía imitar el éxito de las grandes superproducciones de Hollywood y vender la película al extranjero, por lo que se rodó en inglés, se contó con estrellas internacionales de la talla de Klaus Kinski y Harvey Keitel, con una estrella del pop como Miguel Bosé y se vinieron arriba con un desorbitado presupuesto de 200.000 millones de pesetas (que hoy serían unos 1,2 millones de euros). Pero la inexperiencia de la industria española con proyectos de tal envergadura conllevó a una producción desastrosa, a un incremento del presupuesto de más de 100 millones (de pesetas, claro) y a un estrepitoso fracaso que estuvo a punto de arruinar la carrera de su director.

El caballero del dragón, La Salamandra Producciones
El caballero del dragón, La Salamandra Producciones

Su historia nos traslada a la Europa medieval, cuando una nave espacial a la que los lugareños confunden con un enorme dragón está sembrando el caos abduciendo animales y recursos. La cosa se complica cuando la princesa del reino es también abducida, lo que lleva a los caballeros a buscar y enfrentarse a la máquina extraterrestre. Pero ella acabará enamorada del ser alienígena que habita en la nave, que era ni más ni menos que Miguel Bosé con un extravagante aspecto futurista y un voluminoso traje espacial.

Resulta curioso que el que ahora ha acabado abducido por teorías conspiranoicas y comparte tan abiertamente en redes sociales que Bill Gates, fuerzas inhumanas, el 5G y las vacunas nos están manipulando y controlando, hace años interpretara a un ser que parece salido de sus propias ideas. Aunque lo de interpretar es incluso cuestionable, porque durante la mayor parte de la película se encuentra metido dentro de un traje espacial haciendo ligeros gestos y sin pronunciar ni una sola palabra.

El fichaje de Miguel Bosé posiblemente fuera visto como una oportunidad de remitir a El hombre que cayó a la Tierra, aquella película dirigida en 1976 por Nicholas Roeg sobre un extraterrestre llegado a nuestro planeta que fue interpretado por David Bowie. Y claro, por aquel momento Bosé era nuestro David Bowie particular. Además de estar arrasando a nivel musical, ya había trabajado en cine en Italia y España, y tenía en su filmografía míticas películas como Suspiria de Dario Argento, por lo que fue visto como un importante reclamo comercial.

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Pero Bosé no fue la primera opción para el proyecto. En una reciente entrevista para El Confidencial, el director Fernando Colomo explicó que la intención era dar dicho papel a Imanol Arias, a quien le gustaba la idea. No obstante, con el rodaje ya en marcha, consideraron que “no tenía cara de extraterrestre” y decidieron sustituirle por Miguel Bosé. “Hicimos unas caricaturas de Imanol vestido de extraterrestre y no pegaba nada. Lo hablé con él y lo entendió. Con el rodaje ya encima, empezamos a buscar a alguien más andrógino y surgió el nombre de Miguel Bosé”, explicaba el director.

Colomo también admite que Bosé tuvo una actitud “muy profesional” durante el rodaje. El cineasta reconoció que se comportó “fenomenal” incluso cuando las circunstancias de las grabaciones fueron adversas, puesto que el traje espacial que llevaba “le hacía sudar a chorros y casi no podía respirar”. (¿Vendrá de aquí su rechazo a llevar mascarilla?)

Para quien no tuvo palabras de admiración fue para Klaus Kinski, el reconocido actor alemán de Aguirre, la cólera de Dios o Fritzcarraldo a quien calificó de “liante”. Según Colomo, la intención inicial era contar con el mítico Vicent Price, pero por causas de salud le fue imposible trabajar en la película y su agente les ofreció a Kinski. Tras su llegada al set, el actor empezó a pedir más dinero, exigió condiciones especiales y mantuvo una relación reacia con los miembros del equipo. Excepto con Miguel Bosé, a quien según el director le respetaba por ser el hijo de Luis Miguel y Lucía Dominguín y porque le gustaba el “mamoneo”. “Creaba un ambiente tan desagradable que intentaba siempre quitármelo de encima por la mañana, para poder comer tranquilos y relajarnos un poco, porque cuando se quedaba a comer, se sentaba solo”, declaraba Colomo.

Tal como se deja entrever, el rodaje de El caballero del dragón fue un caos, pero no solo por Kinski, sino por la dificultad de gestionar una producción de tan alto presupuesto. En España la experiencia en producciones tan grandilocuentes era nula y dio como resultado el confuso y absurdo resultado que se vio en pantalla: todo era artificioso, la ambientación lucía muy pobre, el transcurso de los acontecimientos era caótico, la mezcla de géneros no funcionaba y la dirección de Colomo, director que hasta el momento se había curtido en pequeñas comedias, no estaba a la altura de lo que pedía una película de tales características.

Fue un fracaso, pero lo cierto es que en taquilla no fue nada mal en su estreno en España. Fue la séptima película española más taquillera de 1985, pero su alto coste derivó en inmensas pérdidas. Colomo pudo financiar el proyecto gracias a la Ley Miró, aquella ley de cine que premiaba la calidad sobre guion y que le otorgó 100 millones de pesetas de los 200 previstos. Sin embargo, el caótico rodaje disparó el coste hasta los 300, pudiendo pagarlo gracias a las preventas a mercados como Estados Unidos. Pero el desastroso resultado de El caballero del dragón hizo que los distribuidores internacionales rompieran su acuerdo, dejando a Colomo con un enorme agujero económico que afortunadamente pudo pagar tras el éxito de La vida alegre, su siguiente película y vuelta a la comedia tras este fallido y grandilocuente experimento.

Y es que, siendo sincero, la película es bastante mala. A nivel personal me fascina ver semejante conglomerado de elementos fantásticos, de aventura, de ciencia-ficción y comedia en un tipo de producción insólita en España, sobre todo esos futuristas (y mal aprovechados) decorados que nada tenían que envidiar a los grandes blockbusters de Hollywood de aquella época. Pero nada funcionaba. Aunque recomiendo encarecidamente su visionado, puesto es toda una rareza de nuestro cine y ningún otro proyecto ha vuelto a apostar por algo similar a esto. Ahora mismo puede verse en Prime Video.

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