Cáncer: la rutina deportiva que reduce el riesgo de los 7 tipos más comunes

Un estudio pionero delimita la cantidad de actividad necesaria a la semana para prevenir la enfermedad. La investigación asegura que la actividad física disminuye las probabilidad de tener cáncer de mama, de colon, endometrio, riñón, hígado, mieloma y linfoma no Hodgkin

El ejercicio físico podría ser un escudo contra el cáncer según aseguran 20 investigadores que han participado en el estudio, adscritos a universidades de Suecia, Australia y Estados Unidos, así como al Centro Nacional del Cáncer. (Foto: Getty Images Joao Inacio)

El interés por la actividad física como forma de mantener una buena salud y como elemento de prevención en determinados tipos de cáncer va en aumento en la sociedad. Este interés se consolida entre los españoles a medida que la evidencia de un posible efecto protector del ejercicio moderado frente al cáncer se hace más sólida.

Pero la relación entre deporte y cáncer no había sido descrita de forma más amplia y, especialmente, no se había cuantificado cuánto tiempo ni a qué intensidad era necesario ejercitarse para contrarrestar el riesgo de padecer esta enfermedad.

Ahora un grupo de investigadores del National Cancer Institute, la American Cancer Society y el Harvard Chan School, lo ha hecho a través del análisis de los hábitos y el estado de salud de 755.000 adultos (un 53 por ciento mujeres) durante 10 años.

La investigación, publicada en la revista Journal of Clinical Oncology, ha concluído que la actividad física reduce el riesgo de desarrollar siete tipos de cáncer, un efecto que, además, es más acusado cuanto más movimiento incorpore uno a su rutina, y cuanto más ganas se ponga.

Para contrarrestar el riesgo de contraer cáncer, hay que aspirar a realizar entre 2,5 y 5 horas a la semana de actividad moderada. Si se ejercita de forma vigorosa es suficiente con entre 1,25 a 2,5 horas. (Foto: Getty)

En concreto, los científicos han estudiado la asociación entre la actividad física y 15 tipos de la enfermedad en personas de Estados Unidos, Europa y Australia, y han concluido que la mitad de los diagnóstico de cáncer puede prevenirse con el ejercicio.

La relación entre el ejercicio y el cáncer no es nueva, "hace tiempo que sabemos que la actividad física está asociada con un riesgo menor de desarrollar cáncer de colon y mama", recoge el estudio. Pero cuánto tiempo de ejercicio y de qué tipos de cáncer protege es difícil de determinar, por eso se enfocaron en saber qué hábitos llevaban los participantes. Así, buscaron establecer un tiempo promedio de ejercicio recomendado para prevenir la aparición de este tipo de patologías.

"Las pautas de actividad física se han centrado siempre en su impacto en enfermedades crónicas como las cardiovasculares y la diabetes", afirma la principal autora de este trabajo epidemiológico, Alpa Patel, de la Sociedad Americana del Cáncer. "Nuestros datos aportan un fuerte respaldo a la idea de que los niveles recomendados de ejercicio también son importantes para la prevención del cáncer".

El efecto es mayor si le pones ganas

Y los resultados indican que hacer 2,5 horas de ejercicio vigoroso como correr, nadar y montar en bicicleta ,o entre 2,5 y 5 de actividad moderada (por ejemplo, caminar a paso rápido al menos 5 km/h) disminuyen las probabilidades de tener cáncer de mama, de colon, de endometrio, de riñón, de hígado, mieloma y linfoma no Hodgkin.

La regla que usaron los investigadores es la siguiente: intensidad moderada es aquella que te hace quemar de tres a seis veces más energía que la que tu cuerpo gasta en reposo e intensidad vigorosa es la que quema más de seis veces. En esta horquilla ya se puede elegir el deporte a realizar en el tiempo libre.

Hasta un 27 por ciento menos de probabilidades de padecer cáncer en el hígado si la persona, por ejemplo, hace ejercicio aeróbico 5 días a la semana durante 30 minutos. (Foto: Getty)

En concreto, Patel y su equipo comprobaron que si un individuo realizaba una actividad de mayor intensidad, como aeróbic o running, durante 30 minutos cinco veces a la semana (lo que equivale a 15 MET horas semanales), por ejemplo, tenía un riesgo 14 por ciento menor de sufrir cáncer de colon, 17 por ciento menor de tener tumor en el riñón, 27 por ciento menor de cáncer de hígado y 19 por ciento de padecer mieloma. En el caso de una mujer, se reducen las probabilidades de presentar cáncer de mama en un 10 por ciento por ciento, de endometrio en un 18 por ciento y linfoma de Hodgkin en otro 18 por ciento.

La protección es distinta para hombres y para mujeres

Es importante tener en cuenta que, según los resultados alcanzados por la investigación, la reducción del riesgo de sufrir cáncer de colon fue detectada solo en los hombres, y la del linfoma no Hodgkin solo fue visible en las mujeres estudiadas.

Pero aunque el nuevo análisis aporta datos contundentes, también tiene limitaciones. Una de las más importantes es que los datos que han cuantificado el ejercicio se obtuvieron a partir de diarios que escribieron los participantes, y se limitaron al tiempo de ocio. Esto indica que el estudio fue meramente observacional, es decir que los autores no tuvieron contacto con los pacientes, sino que dedicaron su trabajo a observar los comportamientos y cruzar datos.

Más evidencias sólidas

Actualmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja a los adultos (edades comprendidas entre los 18 y los 64 años) un mínimo de 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada (bailar, caminar a paso rápido o tareas domésticas) o 75 minutos si es intensa (running, aeróbic o desplazamientos rápidos en bicicleta).

Son muchos los profesionales que avalan estos datos; como Isabel Prieto, radio-Oncóloga del Hospital Fundación Jiménez Díaz, quien afirma que “el ejercicio físico practicado regularmente tiene un papel protector contra aquellos cánceres que se relacionan con la obesidad. El riesgo de padecer ciertos cánceres como el de colon, mama, endometrio, riñón, esófago, páncreas o hígado es entre dos y cinco veces más elevado en personas obesas”.

En este sentido, la OMS estima que aproximadamente el 35 por ciento de las muertes relacionadas con el cáncer se atribuyen a cinco factores de riesgo conductuales y dietéticos, relacionados con el alto índice de masa corporal, la baja ingesta de frutas y verduras, tabaquismo, consumo de alcohol y falta de actividad física.

De hecho, el último informe del ‘American Institute for Cancer y la World Cancer Research Fund’ constata que los cambios positivos en el estilo de vida (alimentación, peso corporal y ejercicio) pueden reducir la cantidad de diagnósticos de cáncer en un 50 por ciento.

En la misma línea, alrededor de 170 estudios epidemiológicos observacionales han examinado la relación entre la actividad física y la prevención del cáncer. La investigación ha proporcionado evidencia de que la asociación del ejercicio con el riesgo de cáncer es convincente para el cáncer de colon y de mama; probable para el de próstata; posible para los de endometrio y pulmón; e insuficiente para todos los otros tipos de cáncer. 

El deporte como medicamento

Aunque la mayoría de las investigaciones se han centrado en la eficacia de la actividad física en la prevención del cáncer, cada vez hay más evidencias de que también influye en la rehabilitación o la supervivencia después del diagnóstico.

“El ejercicio físico tiene numerosos beneficios frente a la ansiedad y la depresión, que son aspectos emocionales que afectan de una manera especial al paciente oncológico. También en la fatiga, que tiene mucho interés porque es el síntoma más prevalente en el paciente oncológico y durante años, se ha recomendado descanso. Además mejora la calidad de vida y la percepción que tiene el paciente sobre su capacidad funcional física”, explica Ana Ruiz Casado, oncóloga del Hospital Puerta de Hierro.

Por su parte, Soraya Casla, responsable de la unidad de ejercicio físico oncológico en AECC, aclara que “los tratamientos generan una serie de efectos secundarios para los cuales se ha demostrado que el ejercicio físico es eficaz y seguro en cualquier momento de la enfermedad. Sin embargo, aplicar una dosificación adecuada durante el proceso adaptativo a cada tipo de efecto secundario es fundamental. Por este motivo, contar con preparadores físicos bien formados es fundamental ya que dan seguridad a los pacientes, ayudan a mejorar su calidad de vida, a iniciarse en hábitos saludables y aumentar su supervivencia”.

Mejor con supervisión

Por último, los expertos consideran que un profesional del ejercicio debería estar presente en todas las fases, sobre todo en el comienzo de la enfermedad, hasta que el paciente vaya adquiriendo las herramientas adecuadas que le permitan ser más autónomo para controlar su salud a través del ejercicio.

“Existe evidencia de la importancia de una prehabilitación mediante ejercicio ante una cirugía, así como en pacientes con quimioterapia, radioterapia o personas que han pasado las terapias agudas anticáncer y que siguen con secuelas u otras enfermedades crónicas como osteoporosis, síndrome metabólico, sarcodinapenia u obesidad”, concluye Mario Redondo, especialista en ejercicio y cáncer que participará en el I Simposio Ejercicio y Cáncer organizado por Educa-Med y Fissac.

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