¿Por qué cuanto menos ejercicio haces es más difícil volver?

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Photo credit: John Fedele - Getty Images
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Cuando se trata de ser constante con la actividad física los psicólogos suelen recomendar una rutina. Según diversos estudios, lo habitual es que tras 21 días (dependiendo de la naturaleza del ejercicio), el cerebro se adapta, fija la costumbre supera la pereza. Sin embargo, antes hay que superar ese obstáculo que supone comenzar (o reengancharse) y que incluso los grandes deportistas han experimentado tras un período de relajación. Según una reciente investigación científica, se puede culpar a una proteína que dificulta el ejercicio aunque exista la voluntad real de regresar al entrenamiento.

Los expertos de la Universidad de Leeds (Reino Unido) se propusieron descubrir alguna de las razones por las que es tan duro volver a hacer ejercicio físico después de haberlo dejado. No se trata de una cuestión de voluntad, sino que parecen haber encontrado los motivos en la desactivación de la proteína Piezo1, que ejerce como sensor de actividad y se distribuye principalmente por los pulmones, la piel y la vejiga.

Para detectar las posibles razones físicas de esta sensación, los científicos compararon dos grupos de roedores con la misma proteína que los humanos. Los investigadores estancaron los niveles de Piezo1 durante 10 semanas antes de que los animales regresaran a sus actividades físicas habituales. Los datos confirmaron que los ratones corrían en su rueda a menos revoluciones y corrían más lentos, lo que para los expertos sugiere una menor capacidad de ejercicio sin que se observara un menor deseo de moverse.

Lo que los expertos de la Universidad de Leeds han comprobado es que la capacidad de los capilares gestionados por esta proteína está conectada la capacidad de hacer ejercicios. Al reducirse el flujo sanguíneo también se limitan las posibilidades de la actividad física. Eso provoca que sean más duro entrenar cuando menos actividad física se realiza por mucha fuerza de voluntad que se aplique.

A su vez, esto puede convertirse en un obstáculo crónico. "Cuanto menos se ejercite la gente, menos en forma estará y algunas veces llevará a una espiral negativa", ilustró Fiona Bartoli, investigadora de la Escuela de Medicina de Leeds, en la presentación de los resultados del estudio publicado en la revista científica 'The Journal of Clinical Investigation'.

No obstante, esto no significa que no haya que parar o relajarse nunca. Los períodos de recuperación y descanso también son necesarios. Además, este efecto también depende del tiempo de inactividad. Según reflejan los especialistas en su investigación, dos semanas de inactividad supondrán "un pequeño impacto", mientras que si el período es de 10 semanas ya se observan cambios significativos. Es decir, que se puede optar por marcharse de vacaciones un par de días sin temer a que se produzca este efecto.

Photo credit: John Fedele - Getty Images
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El ejercicio como solución con beneficios frente al envejecimiento

En general, lo que los científicos han observado es que al desactivar estas proteínas al dejar de hacer ejercicio también se contribuye al envejecimiento puesto que provocan la regresión capilar que gestiona Piezo1 Según los expertos, esto abre una puerta en el futuro a encontrar potenciales fármacos que estimulen la actividad de estos canales y faciliten los entrenamientos físicos, además de retrasar los procesos derivados del paso del tiempo en el cuerpo.

A la espera de profundizar en posibles tratamientos, la solución es más sencilla de lo que parece. "Nuestro estudio pone de manifiesto el vínculo fundamental que hay entre la actividad física y el rendimiento físico desarrollado a este nivel por (la proteína) Piezo1. Conservar nuestras (proteínas) Piezo1 activas haciendo ejercicio puede ser crucial en nuestro rendimiento físico y nuestra salud", señala la firma principal del estudio, Fiona Bartoli.

"Cuando un individuo intenta volver a la actividad presedentaria, la perfusión microvascular y el rendimiento serán menores que antes. Mediante el reentrenamiento, y por tanto la renovación de la activación de Piezo1, el individuo puede recuperar gradualmente el rendimiento original", aseguran los científicos.

La investigación apuntala de esta manera los múltiples beneficios de la actividad. "Pueden protegerse (de esta regresión) mediante el entrenamiento regular de ejercicio físico, lo que da lugar a una disminución más lenta de la incapacidad física y de la aparición de enfermedades relacionadas con la edad", recomiendan los expertos.

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