Los efectos devastadores de comprar desde el sofá

La irrupción del comercio online ha revolucionado completamente nuestra manera de comprar. Hoy en día, cualquier tipo de producto está disponible a un solo click, sin importar que la tienda o la fábrica esté en la otra punta del mundo. Sin embargo, esta cómoda alternativa tiene una cara B; y es que las consecuencias de comprar por Internet son desastrosas para el medio ambiente.

En 2018, se calcula que hubo 1.800 millones de consumidores online en todo el mundo, lo que generó ventas valoradas en 2,8 billones de dólares. Para 2021, se espera alcanzar los 4,8 billones y que el número total de pedidos se duplique durante esta próxima década. Muchos comercios locales ya permiten la opción de ‘entrega a domicilio’ en su página web, de esta forma, pueden hacer llegar sus artículos a un cliente que esté en la otra punta del país y que no pueda o no le interese desplazarse muchos kilómetros. Sin embargo, los responsables de la masificación de este servicio son las grandes plataformas como Amazon, AliExpress o Ebay, que se encargan de distribuir sus productos y los de otras empresas por todo el mundo.

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Las compras por Internet se han disparado en los últimos años pero, como casi todo últimamente, tiene un lado oscuro que repercuto y en nuestro medio ambiente. Foto: Getty Image.

Es evidente por qué estas compañías tienen tanto tirón: ofrecen mucha más variedad de productos en su página web que en la mayoría de tiendas físicas y, en el caso de AliExpress y Ebay (EBAY), a un precio más barato que en un comercio tradicional; son servicios cómodos y fáciles de usar y cuentan con un eficiente servicio de logística. Además, Amazon (AMZN) ahora también ofrece servicios de vídeo y música en streaming, compitiendo con otros grandes, como Netflix o Spotify.

Marcas e influencers, promotores del ‘usar y tirar’

Además de las emisiones de CO2 derivadas de la producción y el transporte, hay un elemento aún más contaminante: el embalaje. Los paquetes se suelen entregar en cajas de cartón, pero es habitual que los productos vengan recubiertos por otra capa de plástico, ya sea por una bolsa o por papel de burbujas. Aunque esto se hace para proteger el artículo y que llegue a su destino sin deteriorarse, es cierto que, en muchas ocasiones, los productos se envuelven en plástico sin necesidad alguna. Los datos hablan por sí solos: según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, los envases generados por el e-commerce ya representan el 30% del total de los desechos sólidos.

No solo eso: la cultura del ‘unboxing’, o el simple acto de abrir un paquete, se ha popularizado cada vez más entre las personalidades de Internet. Las marcas les envían sus productos en atractivos envoltorios, con el fin de que ellos los abran en directo y muestren a sus seguidores los regalos que contienen. De esta forma, ambas partes ganan: las firmas consiguen visibilidad y los influencers, reconocimiento; recibir muchos obsequios es síntoma de ser un buen influenciador en redes sociales, aunque sean productos a los que no vayan a darle mucho uso después.

A esto se le suman otros dos factores: el deseo del cliente por recibir el pedido lo antes posible y la intención de devolver gran parte de este, lo que se traduce en que las entregas se muevan en cantidades más pequeñas, los camiones no se llenen del todo y, por tanto, se generen más emisiones contaminantes. Para hacer frente a esta situación, Amazon ha decidido sustituir los camiones de reparto de diésel por vehículos eléctricos, que podrán evitar la emisión de hasta cuatro millones de toneladas de CO2 al año.

¿Qué podemos hacer nosotros? En primer lugar, plantearnos si realmente necesitamos lo que sea que estemos a punto de comprar. Si la respuesta es sí, debemos tratar de adquirir el producto que haya sido fabricado lo más localmente posible y, en lugar de marcar la opción de reparto a domicilio individualizado, acudir nosotros al punto de recogida. Así, los mensajeros pueden llevar muchos más pedidos al mismo tiempo a un mismo lugar. No es necesario que dejemos de comprar por Internet de forma definitiva, pero sí podemos cambiar pequeños hábitos para convertir el e-commerce en un negocio más sostenible.

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