La vida autodestructiva del Drácula más famoso y antiguo del cine

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Por Alberto Cano.- La fama y el éxito a veces son mera fachada, puesto que Hollywood es también un lugar lleno de horrores y malas experiencias. No hay más que echar un vistazo a la historia de Bela Lugosi, el legendario actor que interpretó a Drácula en el clásico de Universal de 1931 que tras ganarse un inmediato estatus de icono del terror se vio abocado a las drogas y la desestabilidad.

Bela Lugosi en Dracula (Gtres)
Bela Lugosi en Dracula (Gtres)

La primera vez que me interesé por la historia de Lugosi fue cuando tuve ocasión de ver Ed Wood de Tim Burton, donde el cineasta californiano realizó un certero y emotivo homenaje a su relación con el considerado peor director de todos los tiempos. Aquí veíamos a un Lugosi en horas bajas interpretado con mucho tacto por el oscarizado Martin Landau, conociendo de primera mano la espiral de autodestrucción en la que se vio inmerso en sus últimos años de vida.

Un actor arruinado, adicto a las drogas, que sobrevivía a base de papeles en terribles películas de serie B, pero al que Burton retrató huyendo de cualquier enfoque sensacionalista desde la más pura admiración. Esto me llevó a querer ahondar más en su figura y me hizo descubrir que la vida de Lugosi nunca fue nada fácil y que su trayectoria estuvo repleta de baches en el camino.

Aunque creció en una familia con una buena posición económica, la muerte de su padre hizo que su mundo se derrumbara cuando tan solo tenía 12 años. Nació en 1882 en Lugoj, localidad de la región de Banat de la actual Rumanía que por aquel entonces pertenecía al imperio austrohúngaro. Su nombre original era Béla Ferenc Dezso Blaskó y desde muy joven tuvo que realizar duros trabajos como minero, ferroviario y peón para poder sobrevivir. Además, durante su infancia sufrió maltrato psicológico por parte de su padre, hecho que fue reconocido por el actor en diversas entrevistas.

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Desde pequeño había sentido interés por la actuación y cuando su situación económica se estabilizó pudo matricularse en la Academia de Música y Artes de Budapest. Sus primeros papeles fueron en teatro, representando obras clásicas a lo largo de toda la geografía de su país, pero cuando comenzó la I Guerra Mundial tuvo que dejar de lado los escenarios para ir al frente.

Fue nombrado teniente de la 43ª Infantería Real de Hungría en una batalla contra las tropas rusas en Polonia y participó en la Guerra de Invierno de los Cárpatos. Fue también herido en varias ocasiones, lo que hizo que se habituara a tomar medicamentos e iniciara una adición que más adelante se materializó en serios problemas para su salud.

Una vez terminado el conflicto pudo volver a actuar y debutar en cine. Sus primeros papeles fueron en películas húngaras mudas en las que trabajó con cineastas como Alfréd Deésy o Michael Curtiz, el director de Casablanca. Sin embargo, la crisis política de su país, donde tomó partido participando en protestas y apoyando públicamente al partido comunista húngaro, le obligó a emigrar a Alemania.

Curiosamente, una vez en Alemania empezó a trabajar en cine con directores como F. W. Murnau, director que en 1922 dirigió una de las primeras adaptaciones cinematográficas de Drácula con Nosferatu (nombre cambiado para evitar pagar los derechos de la novela de Bram Stoker). No contó con Lugosi para esta película, pero la versión interpretada por Max Schreck es una de las que rivaliza con la del actor húngaro por ser una de las más míticas representaciones del vampiro. De hecho, Schreck también tuvo un pequeño homenaje por parte de Tim Burton en Batman Vuelve gracias al personaje interpretado por Christopher Walken.

Es una pena, porque La cabeza de Jano, la cinta basada en El doctor Jekyll y Mr. Hyde que Lugosi y Murnau rodaron juntos, es una de las muchas películas perdidas del cine mudo, por lo que nunca podremos comprobar cómo fue el trabajo conjunto de estas dos míticas figuras del cine.

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Su estancia en Alemania no fue muy larga, dado que en los comienzos del ascenso del nazismo decidió trasladarse a Estados Unidos, una decisión que no le resultó sencilla debido a que su inglés no era muy fluido. Sin embargo, pudo conseguir varios papeles en películas mudas y abrirse hueco en Broadway, donde en 1927 se puso por primera vez bajo la piel del Conde Drácula en una representación teatral que fue su lanzadera a la película de Universal de 1931.

En un principio Lon Chaney iba a ser el actor que iba a interpretar al vampiro, pero por problemas de salud tuvo que abandonar el proyecto. Fue entonces cuando el director de la película, Tod Browning, pensó en Lugosi dado que ya había interpretado al personaje y con el que ya había trabajado en 1929 en The Thirteenth Chair. Universal vio bien el fichaje, ya que el pobre dominio del inglés de Lugosi les permitió contratarle por tan solo 3.500 dólares. Aunque la baja remuneración no debió de importarle mucho al actor, puesto que el éxito de la película, lo adorada que se volvió su representación del vampiro y los numerosos papeles que le llegaron después, debieron de compensar este bajo ingreso.

He de reconocer que no soy especialmente fan de esta película de Drácula. Más allá de la fascinación que me producen sus escenarios, su trabajo artístico o el terror que infunde la mera mirada de su protagonista, creo que la aún presencia de muchos códigos del cine mudo en su puesta en escena no terminaban de hacerla lucir. Pero pese a preferir otras adaptaciones como la de Coppola o la producida por la Hammer en los 40, cada vez que pienso en Drácula siempre me viene a la mente esta cinta de 1931. Y todo es gracias al trabajo de Lugosi. Su mirada, sus gestos, sus movimientos… Es la representación exacta de lo que uno imagina cuando piensa en el vampiro.

Como curiosidad, también comentar que Bela Lugosi no fue el único Drácula de esta adaptación de 1931. Eran los albores del cine sonoro, todavía no existía el doblaje y Universal quería hacer llegar la película al público hispanohablante, así que decidió regrabar todas las tomas del film en español con actores hispanos. De esta forma, el actor español Carlos Villarías, nacido en Córdoba y afincado en Hollywood, también se puso bajo la piel del mítico vampiro, aunque su Drácula no tuvo la misma repercusión que el de Lugosi.

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Tras el éxito de Drácula, a Bela Lugosi le llovieron papeles dentro del género de terror. Durante los años 30 actuó en La isla de las almas perdidas, El beso de la muerte, El doble asesinato de la calle Morgue, La legión de los hombres sin alma, Noche de terror, El misterioso Mr Wong, Satanás, Chandú en la Isla Mágica,... Incluso se le ofreció interpretar a la criatura de Frankenstein en la película que Universal produjo el mismo año que Drácula, pero Lugosi rechazó el papel alegando que apenas tenía diálogos y que el personaje era puro maquillaje. Curiosamente, Boris Karloff, del que siempre se ha hablado como el gran rival de Lugosi, interpretó dicho papel y se convirtió en otro de los iconos del género.

Durante esta etapa también fueron muy conocidas las múltiples relaciones que mantuvo con varias mujeres. Antes de llegar a Hollywood estuvo casado con Ilona Smizik, un matrimonio al que puso fin en 1920 porque, supuestamente, la mentalidad de izquierdas de Lugosi no era aceptada por los padres de su pareja. Ese mismo año conoció a Ilona von Monagth, de quien se divorció tres años más tarde. Después se casó con una viuda adinerada llamada Beatrice Weeks, pero debido al flirteo del actor con la actriz Clara Bow puso fin a su matrimonio tres meses después de la boda.

Su cuarta esposa fue Lillian Arch, con quien estuvo casado hasta mediados de los 50 y con quien tuvo a su único hijo Bella Jr. Pero esta relación también se vio abocada al fracaso a causa de los problemas económicos y con las drogas que había venido arrastrando Lugosi. Y es que su adición a la metadona y a la morfina hizo que su salud degenerara hasta el punto de llegar a creerse sus personajes, en especial el de Drácula. Como consecuencia, su carrera fue en picado a partir de los 40 y solo le eran ofrecidos papeles en producciones de serie B sin apenas relevancia.

Y aquí llegamos al punto en el que entra en contacto con Edward D. Wood Jr, más conocido como Ed Wood. La admiración del cineasta hacia su figura le llevó a aparecer en varias de sus películas, como Glen o Glenda, La novia del átomo o Plan 9 del espacio exterior; y a tejer una reconocida amistad. Pero Lugosi ya era una leyenda enterrada por la industria desde hacía tiempo, y trabajar con el considerado peor director de la historia no le ayudó a salir del bache que estaba atravesando.

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Trató de remediar su adición a las drogas ingresando en una clínica e incluso trató de desconectar de sus problemas iniciando una relación con Hope Lininger, su quinta mujer, pero finalmente falleció de un ataque al corazón el 16 de agosto de 1956, a los 73 años. Murió arruinado y con su reputación hundida, pero su legado como icono del terror ha perdurado hasta nuestros días, donde sigue siendo recordado como el más mítico, hipnótico y terrorífico Conde Drácula. Hasta fue enterrado vistiendo el mítico traje que lució interpretando al vampiro.

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