Se viene una serie capaz de provocar la peor pesadilla de cualquier paciente

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Ir al médico, de cualquier especialidad y ante cualquier dolencia, es sobre todo un acto de confianza. Y no una cualquiera que se gana con el paso del tiempo como sucede en las relaciones afectivas. Cuando se trata de la prescripción de medicamentos, pruebas, tratamientos o cirugías, la confianza inmediata es un factor clave para el bienestar del paciente. Y no solo es mi percepción, sino que un estudio español del año 2014 presentado en la Organización Médica Colegial (OMC) sentenció que la confianza es el aspecto más valorado por los pacientes con el médico (MedicosyPacientes). Después de todo estamos poniendo nuestra salud y nuestra vida en manos de un especialista al que, quizás, no conocemos de nada. Nos toca confiar en su talento médico y conocimientos.

Y es por eso que la nueva obsesión true crime es, sin dudas, el reflejo de nuestra peor pesadilla médica. Bienvenidos a la tremenda historia real de Dr. Death, una de las mejores series de crónica negra del año.

Joshua Jackson en Dr. Death (™ © 2020 Peacock TV LLC. All Rights Reserved.)
Joshua Jackson en Dr. Death (™ © 2020 Peacock TV LLC. All Rights Reserved.)

La serie que StarzPlay estrena en España el 12 de septiembre con Joshua Jackson como protagonista (el eterno Pacey de Dawson Crece) está basada en un podcast del año 2018 que a lo largo de ocho episodios relata el horror provocado por Christopher Duntsch, un neurocirujano que atendía a pacientes que acudían a él con dolores crónicos pero terminaban sufriendo verdaderas carnicerías en su sala de operaciones. Además, expone la oscuridad burocrática del sistema sanitario estadounidense retratando cómo los hospitales permitieron que siguiera operando mientras dejaba un historial de víctimas a su paso.

Como seguidora empedernida que soy del género, primero devoré el podcast al completo y luego la serie antes de su llegada a España. Y por eso puedo confirmar que estamos ante una serie basada en una historia real estremecedora, centrada en esa confianza necesaria entre paciente y doctor.

Christopher Duntsch nació en Montana en 1971 y según relatan sus allegados, era un joven ambicioso que anhelaba ser el mejor en todo lo que se proponía. Aunque casi nunca lo lograba. Por ejemplo, cuentan que intentó triunfar en fútbol americano en la universidad, entrenando duro durante mucho tiempo, aunque carecía de talento para el deporte. Finalmente se dio por vencido y puso sus miras en otra meta: convertirse en neurocirujano. Lo consiguió. Terminó la carrera de medicina en la Universidad de Tennessee además de un programa especializado en cirugía de columna vertebral. Pero aquí nos encontramos con el primer error que causó conmoción en la comunidad de neurocirujanos estadounidenses cuando se conoció su historia: permitieron que saliera al mundo a conducir sus propias cirugías tras haber participado en menos de 100, cuando los neurocirujanos residentes deben superar las 1.000 en su residencia inicial en EE.UU. Pero eso no es todo, el hospital donde hizo su residencia lo obligó a someterse a un programa para médicos discapacitados al sospechar que había realizado una cirugía tras consumir cocaína. Y aun así, continuó adelante con su profesión sin manchas oficiales en su historial.

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Su currículo era brillante en apariencia y con la alta demanda de neurocirujanos que existe en el mercado de la medicina, tenía su futuro asegurado. Consiguió su primer puesto como cirujano de columna en un hospital de Texas, el Baylor Regional Medical Center, con un salario anual de $600.000. Sin embargo, varias de las operaciones que llevó a cabo resultaron en pacientes mutilados. En uno de los casos, cortó ligamentos que no debería haber tocado y colocó erróneamente la prótesis en la columna del paciente con un tornillo en la ubicación incorrecta. Otro paciente salió de la operación perdiendo parte de la función de su lado izquierdo y en silla de ruedas cuando Dunstch dejó fragmentos de hueso en el canal espinal al intentar retirar un disco dañado. La negligencia incluso se cobró la salud de uno de sus mejores amigos, Jerry Summers. Dunstch lo operó en una cirugía aparentemente de rutina, debiendo fusionar dos vertebras del cuello, pero extrajo tal cantidad de tejido muscular que dejó a su amigo tetrapléjico. El paciente dijo más tarde que habían consumido cocaína el día antes de la cirugía aunque más tarde se retractó. El centro médico optó por delegar al cirujano a operaciones menores, pero sin destituirlo, y Summers pasó toda su vida necesitando ayuda hasta su muerte en 2021.

Los horrores continuaron cobrándose la vida de una paciente, Kelli Martin, que acudió al hospital a someterse a una cirugía menor, pero Duntsch le cortó una arteria provocándole la muerte. Al final, el médico renunció y el hospital se libró de gastos judiciales. De despedirlo, el centro debería haberlo reportado a la base de datos nacional de medicina que, en consecuencia, habría alertado a la comunidad médica y posiblemente derivado en alguna investigación. Sin embargo, Dunstch pudo continuar sus prácticas carniceras en un centro médico de Dallas, aunque en tan solo una semana el centro le retiraba los privilegios tras la muerte de Floella Brown al cortarle una arteria vertebral y provocar un derrame, y dejar paralizada a Mary Efurd. En este caso, también cortó donde no debía y hasta dejó herramientas quirúrgicas en el tejido muscular. Aquí, el hospital tampoco lo reportó.

El médico de las pesadillas continuó tratando en otros centros, donde siguió dañando a más pacientes. A una mujer le cortó casi todas las cuerdas vocales e hizo agujeros a través de la tráquea dejándola casi sin habla. Un hospital, el Methodist Hospital en Dallas, sí comunicó a la base de datos nacional la mala praxis de Duntsch pero aun así fue contratado por el hospital general de la ciudad, donde mutiló a otro paciente, Jeff Glidewell, al confundir parte del músculo del cuello con un tumor durante una cirugía de rutina, cortando una cuerda vocal, agujerando el esófago, cortando una arteria y dejando una esponja en la garganta. El cirujano que intentó arreglar el desastre, Randall Kirby, dijo más tarde que lo que vio era el trabajo de “un maniaco”, calificándolo de “sociópata” y logrando que por fin se tomaran cartas en el asunto. Fue la última vez que Dunstch realizó una cirugía.

Según dijo otro cirujano, Robert Henderson, a ProPublica en 2018, los preparativos del médico demostraban que en teoría sabía lo que debía hacer en cada cirugía, pero terminaba haciéndolo mal, cuestionando si los errores fueron consecuencia del complejo de Dios o tendencias puramente criminales.

Presionada por los dos cirujanos citados que tomaron justicia por su mano -interpretados por Christian Slater y Alec Baldwin en la serie- la junta de médicos de Texas finalmente revocó su licencia en 2013 y poco después Dunstch declaró la bancarrota con deudas que superaban el millón de dólares, cayendo en una espiral de alcohol y problemas de robos en tiendas.

Christian Slater y Alec Baldwin en Dr. Death (™ © 2020 Peacock TV LLC. All Rights Reserved.)
Christian Slater y Alec Baldwin en Dr. Death (™ © 2020 Peacock TV LLC. All Rights Reserved.)

La fiscal de distrito de Dallas terminó presentando cargos contra Dunstch en julio de 2015, llegando a la conclusión de que sus actos habían sido criminales después de entrevistar a decenas de pacientes. La última gota aterradora que hizo que el caso explotara en los medios locales fue un email del año 2011 que Duntsch había escrito a su asistente, y por entonces novia, diciendo estoy preparado para dejar el amor, la amabilidad, al bondad y la paciencia que mezclo en todo lo demás y convertirme en un asesino de sangre fría”.

La defensa argumentó que se trataba de un cirujano malo, no de un criminal, pero después de 13 días de juicio y 4 horas de deliberaciones, el jurado lo declaró culpable centrándose en uno de los casos, el de Mary Efurd, y sentenciándolo a cadena perpetua en febrero de 2017. En total, Duntsch habría lesionado a 33 pacientes en menos de dos años, dejando a dos de ellos en sillas de ruedas y provocado la muerte de otros dos. Mientras tanto, Duntsch cumple condena en una prisión de Texas aunque será elegible para libertad condicional el 20 de julio de 2045, cuando tenga 74 años.

El caso de Christopher Duntsch y el podcast que lo relata no solo despertaron la sensación de horror hacia el médico, sino que dejaron en evidencia el negocio de la medicina en EEUU con hospitales que habrían protegido sus intereses por encima de la confianza y salud de sus pacientes. Eso de entrar en una sala de operaciones sin que los pacientes fueran conscientes de las negligencias previas resulta terrorífico. No solo pusieron sus vidas en manos de ese cirujano, sino también de cada hospital, confiando en sus servicios. Una pesadilla atroz para cualquiera.

Por su parte, la serie logra crear un retrato escalofriante de la frialdad y egocentrismo de este cirujano de pesadilla. Si bien tarda en encontrar su ritmo, al tercer episodio consigue entrar en sintonía con el espectador, haciéndonos testigos de una historia atroz que no escatima en ruidos de huesos y secuencias en salas de operaciones para hacer más tangible y real la sensibilidad de sus negligencias. Y parte de su efectismo recae en Joshua Jackson, que brilla más que nunca retratando a Duntsch con una consistencia terrorífica, creando uno de los mejores true crime del año.

Dr. Death llega a StarzPlay -disponible en Prime Video, Apple TV, Orange, Vodafone y otros- a partir del 12 de septiembre.

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