Detectan dopaje con esteroides en adolescentes jugadores de rugby en Sudáfrica

Adolescentes sudafricanos jugando al rugby. Foto: David Turnley/Corbis/VCG via Getty Images.

No paramos de repetir que en el deporte de base debe predominar el lado lúdico sobre el competitivo y que ante todo debe primar la seguridad y el bienestar de los jóvenes. Por eso nos indignamos cuando nos enteramos de asuntos como lo que está ocurriendo en Sudáfrica. En esta nación se ha detectado una trama casi generalizada de dopaje juvenil.

Se venían percibiendo señales de alarma desde hace algún tiempo, pero la gota que ha colmado el vaso ha sido el último informe anual presentado por el Instituto Sudafricano para el Deporte Sin Dopaje (SAIDS, por sus siglas en inglés), la institución pública que se encarga de luchar contra este tipo de trampas en aquel país. En él se registran, solo en el curso 2018/19, hasta seis casos de adolescentes cazados empleando compuestos prohibidos para mejorar su rendimiento.

Por razones obvias no se dan sus nombres, pero según informa la BBC, todos ellos son jugadores de rugby que participaron en la Craven Week, un torneo de gran fama local e incluso internacional en el que compiten las distintas provincias del país, representadas por selecciones de jugadores de colegios e institutos; los aficionados la consideran la prueba más importante del mundo para menores de 18 años. En todos los casos las drogas detectadas fueron distintas variedades de esteroides, como la nandrolona. No es, ni mucho menos, la primera vez que ocurre: solo en el mismo campeonato en 2017 se detectaron tres casos, en 2016 cuatro, en 2015 cinco, en 2014 otros cuatro...

Estas cifras se deben a que en los últimos años las investigaciones se están tomando más en serio, porque, según creen los expertos, el problema viene de muy atrás y está profundamente enquistado en la sociedad sudafricana, donde ya es algo casi hasta cultural. Una encuesta realizada entre 12.000 chicos de 18 años o menos que jugaban al rugby realizada allá por 2014 en la provincia de KwaZulu-Natal (la más poblada del país, en el extremo oriental) detectó que casi uno de cada diez las habían probado.

La situación puede llegar a comprenderse si se tienen en cuenta dos factores. Por un lado, el hecho de que los esteroides aportan mayor masa muscular, fuerza y velocidad, cualidades todas ellas muy útiles en la práctica de un deporte de contacto como es el rugby. Por otro, influye que este deporte, antaño reservado a la minoría blanca pero desde la caída del apartheid abierto a sudafricanos de todas las razas, es uno de los más populares y seguidos del país, casi al nivel del fútbol.

Ambas circunstancias explican que los propios jugadores o sus entrenadores, o incluso los padres, estén dispuestos a cualquier cosa para llegar a destacar y consolidarse como profesionales. El doctor Jon Patricios, antiguo presidente de la Asociación Sudafricana de Medicina Deportiva, dijo a la BBC que “hay mucha presión para convertir a los más jóvenes en estrellas del rugby. Esta presión a veces viene de ellos mismos, también de familiares y compañeros, pero sin duda una gran cantidad la fomentan los técnicos. Algunos dicen a sus jugadores que necesitan ganar 10 kilos antes del principio de la temporada para entrar en el equipo”.

Clinton van den Berg, periodista deportivo muy reputado en Sudáfrica, está de acuerdo y añade que “ocurre en todo el entorno del rugby escolar. Hay muchos chicos cuya ambición es convertirse en profesionales y firmar grandes contratos. Incluso si eso no ocurre, está la posibilidad de que te fiche otro colegio que te pague parte de tu educación. Hay enormes incentivos para sobresalir, para ser más grande, más rápido y más fuerte”. Pero añade otro matiz acaso inesperado: “También hay que entender que muchos no lo hacen por rendimiento, sino por vanidad. Simplemente quieren parecer más poderosos. Hay una gran cultura del gimnasio en Sudáfrica, a la gente le gusta lucir músculos en las playas”.

Jugadores hipermusculados de los Springboks, la selección sudafricana de rugby, tras un entrenamiento. Foto: Twitter @StephenFerris6

Los Springboks, la selección nacional masculina de rugby, son el prototipo de ese culto al cuerpo que tanto gusta en Sudáfrica. Lo demuestra esta foto, en la que aparecen los jugadores de la selección nacional tras una sesión de entrenamiento previa al Mundial del pasado otoño y que se viralizó casi tanto como las de la celebración del título. Y si para estar así la manera fácil y rápida es inyectarse químicos, muchos no dudarán en hacerlo.

Lo malo son las consecuencias. Tal como indica Patricios, “te va a hacer mejor atleta, independientemente de en la posición que juegues. Esos son los beneficios. Lo que los jóvenes no notan son los efectos secundarios. Los esteroides pueden afectar a todos los sistemas del organismo, pero la mayoría están ocultos. Presión sanguínea, cambios en el corazón, niveles de azúcar y colesterol, potencialmente infertilidad, daños en el riñón, en el hígado, problemas psicológicos... puede afectar a todo. Pero no les preocupa porque no lo ven”.

Quizás uno de los factores que ayudaría a reducir el problema sería aumentar las sanciones a los profesionales del rugby que abusaran del dopaje. Pero ese es otro caballo de batalla. Un ejemplo claro de muchos que se pueden encontrar es Chiliboy Ralepelle, que ahora mismo, a sus 33 años, está inmerso en la tercera investigación por dopaje de su carrera, lo que no le ha impedido ser durante muchos años un integrante habitual de la plantilla de los Springboks. Acabar con esta permisividad sería un primer paso importantísimo para resolver un problema que pone en juego la salud de los más jóvenes.

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