Dolor en la vagina tras las relaciones sexuales: causas y soluciones

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Photo credit: Frederic Cirou - Getty Images
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Tenemos una noticia mala y otra buena. ¿La mala? Que de este tema no se ha hablado hasta ahora porque era tabú, igual que todo aquello relacionado con nuestras esquinas más íntimas. ¿La buena? Que el dolor después del coito tiene solución. Y bastante más sencilla de lo que crees. Lo primero, antes de ir al grano, invitamos a que salgan del armario todas aquellas mujeres a las que esto les ha ocurrido en algún momento de su vida o les está pasando ahora. Porque no siempre duele. A veces sí, durante el coito, y otras, después, pasados minutos, horas, e incluso días. Pero no se cuenta, y lo cierto es que es un problema bastante frecuente que sufren muchas mujeres.

¿Qué ocurre ahí abajo?

Aquello de ‘conócete a ti misma’ que muchas veces nos suena a ‘blabla’, en este caso no puede tener más sentido. Porque la primera causa de casi todas las patologías sexuales es la falta de información acerca de nuestro propio cuerpo. Conocemos de memoria las coordenadas de nuestra nariz o nuestras manos, sabemos si tenemos la piel seca o con tendencia al acné o cómo reacciona a los diferentes cosméticos, pero no tenemos ni repajolera idea de qué ocurre allí abajo, allá adentro, más allá del color y la abundancia de nuestro flujo o de las caricias que preferimos. Ni siquiera sabemos aún si el punto G existe o no.

Para el psicólogo Arturo Dobao, “abordar una relación sexual sin ser consciente de si tu cuerpo está preparado anatómicamente para ello es un error. Hay muchas personas que desconocen los contornos de su cuerpo y su sexualidad, no saben qué les gusta, no se han explorado, creen que han de tener sexo porque es lo que deben hacer, pero no tienen ni idea, por ejemplo, de qué tipo de lubricación traen ‘de serie’, cómo cuidar su vagina, o cuándo se encuentran lo suficientemente estimuladas como para asumir una penetración", explica el experto.

Las causas orgánicas y funcionales

La doctora Bárbara Fernández del Bas, ginecóloga especialista en longevidad femenina y en ginecología regenerativa y funcional en Clinique La Prairie Madrid, y colaboradora de la firma Mesoestetic, explica que en las disfunciones sexuales por dolor, “hay veces que ponemos el foco en lo psicológico-sexológico, pero antes hemos de ver si existe algún problema físico. En este sentido, existe una vertiente orgánica y funcional en la que los ginecólogos juegan un papel fundamental, y otra, psicológica y/o sexológica, donde lo hacen los psicólogos y/o sexólogos”.

Las patologías por dolor sexual

Según Fernández del Bas, este tipo de patologías se dividen en dos tipos. Algunas provocan el dolor durante el acto sexual (incomodidad que a menudo se mantiene durante horas), y otras, con posterioridad a él.

Vaginismo

Es la imposibilidad de penetrar en la vagina, bien sea durante la relación sexual, bien sea con el espéculo durante la exploración ginecológica, con el dedo, o con un tampón. “Se debe a una contractura involuntaria de la musculatura vaginal”, explica la ginecóloga.

Y prosigue: “Generalmente, el vaginismo puede ser primario, si la paciente nunca ha tenido relaciones sexuales, o secundario, si la paciente ya había tenido anteriormente relaciones sexuales sin dolor. A veces, a estas pacientes les tenemos que pedir que se tomen un relajante antes de venir a consulta, o les proponemos algún ejercicio de relajación para poderles explorar adecuadamente. Otras veces, indagando en su historia, vemos que han sufrido una violación o han tenido una mala experiencia. Lo que necesitan entonces es un tratamiento psicológico, o uno sexológico guiado antes de poder proceder a explorarlas”, cuenta.

Incluso, como apunta la doctora, hay casos de pacientes jóvenes a las que se diagnostica de vaginismo y ni siquiera se les ha hecho una exploración. “Por ejemplo, en todo lo que concierne a su himen: a lo mejor está rígido, o tienen en él una malformación como la brida himeneal (una especie de telilla que atraviesa el himen) que les impide tener relaciones sexuales, pero también incluso ponerse un tampón”.

También hay pacientes que refieren molestias en las relaciones sexuales durante la fricción (roce del pene con la vagina). Una vez descartada cualquier alteración en el canal vaginal, la causa suele obedecer a una lubricación incorrecta o insuficiente, es decir, a una situación de sequedad vaginal.

Dispareunias

Se trata de dolor durante o tras las relaciones sexuales, y pueden ser:

  • Externas (en la entrada a la vagina). Pueden tener un componente orgánico como la sequedad, que en mujeres jóvenes viene provocada por niveles bajos de estrógenos asociados a la toma de anticonceptivos orales, lactancia, amenorrea (ausencia de menstruación)..., o incluso por infecciones vaginales de repetición, que generan sequedad porque baja la lubricación, por lo que aumenta el dolor con las relaciones sexuales. Estas dispareunias deben ser valoradas por un ginecólogo, quien descartará una infección, y pondrá un tratamiento etiológico, es decir, uno que ataque a la causa del dolor. Las mujeres con dispareunia externa, al no comentarlo con su ginecólogo inmediatamente, pueden provocarse un problema psicológico, porque al doler, van a tener un refuerzo negativo hacia la relación sexual, de manera que cuando se vuelvan a enfrentar a una relación sexual es muy probable que se provoquen una contractura muscular involuntaria, perpetuando que ese círculo vicioso no pare. En ese caso, el tratamiento ha de ser no solo contra la causa del dolor, sino que además habrá que tratar el músculo vaginal.

  • Profundas, como consecuencia del impacto del pene con el fondo vaginal y el cérvix, lo que provoca un dolor en el bajo vientre. El dolor que se mantiene tras la relación sexual y que se puede perpetuar durante horas responde a este tipo de dispareunia, aunque también puede estar motivado por varices pélvicas o por una endometriosis, en cuyos casos la pelvis queda más congestionada.Aquí habría que buscar la causa orgánica. Hay que descartar que no haya un síndrome de dolor crónico, una neuralgia o una infección pélvica inflamatoria.

El tratamiento recomendado

Los expertos a los que hemos consultado aconsejan a todas las mujeres que tengan problemas de este tipo (vaginismo o diapreunias) que acudan en primer lugar al ginecólogo. Ellos tratan el vaginismo con muchísimas armas terapéuticas para mejorar la contractura muscular. Entre ellas se encuentra la toxina botulínica, la radiofrecuencia (ayuda a tratar las fascias vaginales), o incluso la aplicación de óvulos de diazepam vaginal. También se puede tratar con fisioterapia vaginal, porque esta llega más allá de los músculos superficiales vaginales, pudiendo descontracturar también los músculos psoas y piramidal, muy relacionados con los dolores pélvicos crónicos. Y los casos de dolor a la fricción por sequedad vaginal se pueden tratar con hidratantes específicos, ácido hialurónico vaginal (a los 10 a 15 días la sequedad desaparece) o tratamientos regenerativos con radiofrecuencia, lo que genera nuevo colágeno y elastina en la zona.

Después, una vez descartadas las patologías funcionales, si el dolor persiste, sería buena idea contar con la ayuda especializada de un psicólogo y/o un sexólogo.

¿Y si aparece de pronto con tu pareja?

¿Qué pasa si de repente sientes dolor con tu pareja habitual? ¿puede ser un indicativo de que ya no te gusta como antes? ¿es el dolor durante o tras el sexo el mejor termómetro para medir la salud de la relación? “En muchos casos, sí”, afirma el psicólogo Arturo Dobao. “El estrés, los problemas familiares o de trabajo, merman el deseo sexual, y con ello la lubricación, por ejemplo, en la mujer. Obviamente, el deseo también tiene que ver con el estado de la pareja: si hay monotonía, aburrimiento o falta de interés por seguir explorando al otro. Todo esto influye”, remata.

Y como corrobora Borja Alonso general sanitario especializado en terapia focalizada en la emoción, del Instituto Claritas, "si no hay una afección orgánica o funcional tras visitar al ginecólogo, este asunto puede ser síntoma de otras cosas, es decir, la punta de iceberg, porque es una emoción que duele de forma profunda". En ese caso, un buen tratamiento sería el entrenamiento en asertividad y comunicación emocional y profunda de confianza, entrenando la capacidad de entregarse plenamente al otro, mantener una relación emocionalmente más íntima en la pareja reforzar la comunicación sexual con ella”.

Nuestro placer sexual

¿Y qué ocurre con las primeras veces con alguien nuevo en la cama? A menudo sentimos presión acerca de si lo estaremos haciendo bien, si sabemos cómo tenemos que actuar para resultar sexys en la cama, pero sin pensar en nuestra propia excitación. La de los hombres es muy evidente (pueden tener hasta 18 tipos de erección diferentes), ¿pero cómo sabemos si nosotras estamos preparadas para la penetración? A menudo nos acompleja que se note que no estamos preparadas porque puedan pensar que somos unas frígidas, por eso es importante quitarse ideas preconcebidas y disfrutar de ello lo más posible.

De todos modos, como apunta Kaja Chmielowiec, psicóloga y sexóloga del Centro Psicoconducta, es importante señalar que el placer sexual femenino tiene mucho más que ver con una correcta estimulación de su clítoris que con una penetración. "Pero vivimos en un mundo muy coitocentrista. El coito antes servía para dar placer al hombre y para tener niños. Incluso el término "preliminares" no se refiere al preámbulo de nada sino que las caricias y los gestos de sensualidad son tan importantes en sí mismos como el coito. La revolución feminista tiene que ver también con esto", argumenta la sexóloga. Y prosigue: "Nos toca tratar este asunto en terapia con bastantes personas porque aún hay cierta resistencia a asumirlo. Así que el tratamiento tiene que ver con la educación sexual y con quitarse ideas preconcebidas y comunicarse, además de que el entrenamiento en relajación muscular ayuda a que no duela, ni durante ni después", termina.