¿Confusión o hipocresía? Disney+ promete diversidad pero no se atreve a tomar riesgos

Aunque actualmente sigue en lo más alto de la industria audiovisual, con el lanzamiento de Disney+ el próximo 24 de marzo, Disney parece estar atravesando una época de ajuste bastante accidentada en la que no sabe qué hacer con sus nuevas inversiones ni tiene muy claro cómo quiere organizar su presencia en el competitivo mundo del streaming. Uno de los motivos principales puede ser el hecho de que sus nuevas propiedades (tras la compra de Fox) y su intención de aumentar la diversidad y representación está chocando con su modelo empresarial conservador y orientado a toda la familia. Los casos de Love, Victor y Lizzie McGuire así parecen indicarlo. ¿Están siendo transparentes?

Los protagonistas de 'Love, Victor' (Twitter/Hulu)

Disney tenía previsto el lanzamiento de su primera serie con protagonista abiertamente gay, Love, Victor, pero ha decidido que su contenido no es apropiado para la plataforma y la ha desplazado a Hulu, donde la compañía volcará títulos más adultos, tal y como ha hecho con el remake de Alta fidelidad protagonizado por Zoë Kravitz, que también iba a emitirse inicialmente en Disney+. Su excusa para no estrenar Love, Victor en su servicio online suena poco convincente. Y algo parecido está pasando con el revival de Lizzie McGuire, cuya producción ha sido detenida tras muchos problemas creativos, también posiblemente porque Disney no está conforme con la orientación más adulta que estaba tomando la serie.

El pasado marzo de 2019, Disney realizó uno de los mayores pactos de la historia de Hollywood, la compra de 20th Century Fox junto a la totalidad de su catálogo y sus proyectos futuros. La compañía del ratón daba un paso más en sus planes de monopolio de la industria del entretenimiento con la adquisición de Avatar, Los Simpson y personajes de Marvel como X-Men, Deadpool o Los 4 Fantásticos, entre muchas otras propiedades. La noticia fue recibida con entusiasmo y preocupación a partes iguales. Entusiasmo por ejemplo por ver a los personajes de Marvel unificados en un mismo universo, y preocupación por una posible infantilización de sus propiedades para adaptarlas a su imagen “para toda la familia”

La noticia de que Disney preparaba una serie spin-off de la película de Fox Con amor, Simon para su plataforma aportaba un rayo de esperanza. Después de todo, parecía que el estudio iba en serio con eso de aumentar la diversidad LGBTQ+ en sus producciones. La muy recomendable Con amor, Simon rompió moldes en 2018 convirtiéndose en la primera película de un gran estudio protagonizada por un adolescente gay -tanto que además de un aprobado unánime de la crítica, alcanzó una taquilla de 60€ millones que la coronó como el tercer romance adolescente de mejor rendimiento económico de 20th Century Fox, solo por detrás de clásicos modernos como Bajo la misma estrella (2014) y Romeo y Julieta de William Shakespeare (1996)-.

La serie spin-off, titulada Love, Victor, se ambienta en el mismo universo, pero se centra en otro personaje, también gay. La producción comenzó el año pasado y todo parecía ir viento en popa. Sin embargo, esta semana, poco después de finalizar el rodaje de la primera temporada y con su equipo de guionistas ya trabajando en la segunda, saltaba la noticia de que Disney creía que Love, Victor no era apropiada para Disney+ y había decidido pasarla a Hulu, plataforma también propiedad de la compañía cuya oferta está orientada a un público más adulto (Deadline). La información llega unos meses después de la cancelación del piloto de otra serie LGBTQ+ para Disney+, Four Dads, sobre un matrimonio gay que tras divorciarse debe criar a sus hijas adolescentes junto a sus nuevos maridos (Deadline).

Según fuentes cercanas a la compañía, Disney ha considerado que Love, Victor incluye contenido poco apropiado para las familias con niños pequeños, tales como consumo de alcohol, problemas matrimoniales y exploración sexual (Deadline). Disney asegura que la sexualidad del protagonista no ha sido un factor para la mudanza de plataformas de la serie, sino el retrato realista de los jóvenes que esta lleva a cabo, y que no encaja con el sello para toda la familia que siempre ha distinguido al estudio. En un principio, la explicación es coherente, ya que Disney quiere mantener su plataforma estrictamente para todos los públicos -incluso mirándole el lado bueno, en Hulu Love, Victor tendrá más libertad para explorar la sexualidad y dramas personales del protagonista y eso puede beneficiarla. Pero entonces, ¿qué hace una serie como Los Simpson en su catálogo?

¿Qué mueve a tomar estas decisiones? ¿Confusión o hipocresía?

Los Simpson es uno de los recursos más flamantes que fueron adquiridos en la compra de Fox. Disney no dudó en incluir la serie al completo (con excepción del episodio en el que Michael Jackson doblaba a un preso que se hacía amigo de Bart, Business Insider), a pesar de que la serie de Matt Groening se orienta claramente al público adulto, con abundante consumo de alcohol (incluso infantil), tabaco, referencias sexuales, sátira política y esos “problemas matrimoniales” que tanto le preocupan de Love, Victor, entre muchos otros elementos que podrían considerarse poco aptos para los niños.

¿Por qué Los Simpson sí pero Love, Victor no? ¿Tiene algo que ver que el protagonista sea gay? Ellos dicen que no, pero sigue sonando raro.

Aquí es donde se ve más claramente la doble moral de Disney en lo que se refiere a la representación LGBTQ en sus productos. Por un lado, la compañía quiere demostrar a su público más progresista que está avanzando incluyendo personajes queer en sus películas y series, pero por otro, suele hacerlo de forma ambigua y sin comprometerse del todo. Esto se debe seguramente al miedo a perder mercados importantes como China, que censura estrenos al más mínimo indicio de homosexualidad. Lo hemos visto ya en numerosas películas. La bella y la bestia, Thor: Ragnarok y Toy Story 4 supuestamente tenían personajes LGBTQ+, pero, o su identidad sexual se confirmaba solo en entrevistas o estos aparecían al fondo en planos muy breves, es decir, momentos fáciles de pasar desapercibidos o de editar para su distribución en países conservadores. 

Los ejemplos de representación a medias continúan. En Vengadores: Endgame aparecía el primer personaje abiertamente gay de Marvel. ¿Era un superhéroe? No. Era el propio director, Joe Russo, haciendo un cameo con un personaje minúsculo que mencionaba haber tenido una cita con un hombre. Con Star Wars: El ascenso de Skywalker, Disney incluyó el primer beso entre dos personas del mismo sexo (mujeres, para ser exactos) de la franquicia, pero de nuevo, eran prácticamente extras y sucedía al fondo en un plano general y abarrotado. Si pestañeabas, te lo perdías. Ya en 2020, en Onward nos encontramos con el primer personaje abiertamente LGBTQ+ de Disney/Pixar, una agente de policía cíclope que, por supuesto, aparece en una sola escena de la película. La compañía se da palmaditas en la espalda por hacer lo mínimo, mientras la gente le canta las cuarenta: eso no es representación, son migajas para contentar al público que la pide, sin enfadar a los que la critican.

Con el caso de Love, Victor están demostrando lo que ya sabíamos: por mucha promesa de representación, Disney sigue siendo la compañía conservadora de siempre. En su favor, hay que decir que en Disney+ hay series infantiles y juveniles con personajes LGBTQ+, lo cual ya es un paso adelante que se debe elogiar. La plataforma incluye Andi Mack, con la que hizo historia al mostrar el primer personaje abiertamente gay de Disney Channel. Por otro lado, con la serie de High School Musical, uno de los primeros títulos originales estrenados en la plataforma, también presenta dos personajes gay en la que es la primera relación romántica gay de Disney (lo que llevó a la serie a ser nominada a los premios GLAAD, asociación LGBTQ, a mejor programa infantil o familiar). No obstante, hay una diferencia muy clara en la forma de retratarla en contraste con el resto de parejas de la serie. Los personajes heterosexuales se besan en la boca, mientras que los gays se muestran el afecto con gestos o abrazos.

Esa es la hipocresía de la que hablaba. Representación, sí, pero pequeña, inocua y completamente asexual. Los personajes hetero pueden demostrar deseo sexual, pero si lo hace uno gay, ya no es apropiado para toda la familia. Por eso chirría tanto el caso de Love, Victor. A falta de ver la serie y emitir un juicio definitivo, parece que Disney no está preparada todavía para dar un paso tan grande. Es la clásica excusa “para proteger a los niños” con la que muchos disfrazan su homofobia. No hay que proteger a los niños de la homosexualidad. Primero, porque no es una enfermedad contagiosa, aunque muchos sigan pensándolo, y segundo, porque verla reflejada en pantalla les puede ayudar a comprender mejor el mundo a su alrededor y su diversidad.

El primer romance gay de Disney en 'High School Musical: The Musical: The Series' (Twitter/Disney+)

Además del ejemplo mencionado de Los Simpson, en el catálogo de Disney+ aparecen la saga completa de Star Wars y la serie The Mandalorian. El contenido en violencia de la franquicia de George Lucas, sin ser muy explícito, es abundante. Pero eso no es problema para Disney. Por otro lado, el estudio tiene en su haber varios títulos clásicos con elementos considerados hoy en día racistas (Dumbo, La dama y el vagabundo, cortometrajes), pero tampoco ha tenido reparo en añadirlos a la plataforma, eso sí, con un aviso de que estos representan el tiempo al que pertenecen. Todo correcto. El problema no es que en Disney+ tengan cabida Los Simpson, Star Wars o sus películas más problemáticas (según la perspectiva de la sociedad actual), sino que estos productos no sean considerados “maduros” para su audiencia familiar, pero una serie protagonizada por un adolescente gay explorando su sexualidad sí. Lo que decía, doble moral. Y una estrategia sin pies ni cabeza.

Si algo indica todo esto es que Disney todavía no sabe muy bien qué hacer con sus inversiones en Fox y cómo unificar sus títulos con el resto de su oferta. En su empeño en conquistar la industria del streaming haciendo sombra a Netflix, la compañía ha apostado fuerte por Disney+, pero aun no tiene muy claro cómo dividir su oferta para dirigirse al público, que con la adquisición de Fox se ha diversificado. En cuanto a sus estrenos de cine, bajo la ya rebautizada 20th Century Studios, también parece algo desorientada. Con alguna excepción (Le Mans ’66), la mayoría de proyectos heredados de Fox han sido una decepción o directamente un fracaso de taquilla (X-Men: Fénix Oscura, Ad Astra, Underwater, La llamada de lo salvaje), suponiendo pérdidas para Disney. Supongo que con el estreno de las secuelas de Avatar y la inclusión de los X-Men y Los 4 Fantásticos en el Universo Cinematográfico de Marvel, acabará saliéndole rentable, pero a día de hoy, es inevitable pensar si la compra les ha salido bien.

Otro caso surgió a raíz de la noticia del salto de Love, Victor a Hulu, cuando la actriz Hillary Duff expresó su decepción por los problemas que está teniendo con Disney por el revival de Lizzie McGuire que, en un principio, también se iba a estrenar en Disney+. En enero, la creadora de la serie, Terri Minsky, fue despedida de la secuela tras rodar dos episodios y ahora, Duff parece haber lanzado una indirecta en Instagram sobre las diferencias creativas de Disney con respecto a la serie, que según rumores, podría haber sido cancelada por no ser “family-friendly” (Variety). La actriz se hizo eco del traslado de Love, Victor a Hulu y publicó una story con la frase “Me suena familiar...”.

Al parecer, el revival de Lizzie McGuire, que continuaría las aventuras de la protagonista a los 30, también es demasiado maduro para Disney, que se opone a que la serie explore temas adultos, a pesar de que eso es exactamente lo que sería su protagonista.

Es decir, películas con muertes tan crueles y oscuras como la de Scar en El rey león o Hopper en Bichos, clásicos con estereotipos racistas, series tan adultas como Los Simpson o romances (hetero, claro) entre especies como La bella y la bestia encajan más en la línea familiar de Disney+ que una serie sobre un adolescente gay y otra sobre la vida moderna de una treintañera. Sobreprotección sí, pero no con todo. Algo falla en esta lógica, ¿no creéis?

Entre la censura a Lizzie McGuire, la posibilidad de que Deadpool 3 tenga calificación PG-13 (Tomatazos) y el cambio de casa de Love, Victor, parecen confirmarse las peores sospechas: Disney no se atreve a tomar riesgos y su espíritu conservador la está delatando. La disneyficación continúa en busca de un mundo recomendado para menores de 7 años.

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