Una discusión entre la reina Isabel II y Carlos en 'The Crown' cobra un nuevo significado

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Con una vida repleta de capítulos y experiencias a lo largo de sus 96 años de existencia, la historia de la reina Isabel II cobra más relevancia que nunca ahora que su muerte nos coloca de frente con un legado irrepetible. Con su despedida se despierta o renueva (según el interés de cada uno por la familia real británica) la admiración y respeto por su entrega y trayectoria. Pero tampoco me cabe duda que surgirá la inevitable curiosidad por conocer en profundidad al heredero de la corona que ha cambiado su título de príncipe de Gales a rey Carlos III. Por ende, no me extrañaría que pronto veamos a las decenas de documentales disponibles en diferentes plataformas -tanto de la reina como de Diana y su relación con Carlos- pero, sobre todo, las cuatro temporadas de The Crown arrasando en audiencias.

Y es precisamente un capítulo de la exitosa serie de Netflix el que me vino a la mente tras conocer el homenaje que su hijo le brindó a su madre en su primer comunicado, así como el lugar que toma ahora como el rey Carlos III de la corona británica.

Josh O'Connor y Olivia Colman en la temporada 3 de 'The Crown' (Des Willie / Netflix)
Josh O'Connor y Olivia Colman en la temporada 3 de 'The Crown' (Des Willie / Netflix)

Hablo del sexto episodio de la tercera temporada titulado ‘Tywysog Cymru’ que giraba en torno a la investidura de Carlos como el príncipe de Gales el 1 de julio de 1969 -interpretado por Josh O’Connor-. Un capítulo que nos colocaba de frente con las pasiones juveniles del joven heredero y sus deseos encontrados de rebeldía, siempre acallados por el deber y responsabilidad que representaba su madre. La historia transcurría un año antes de que conociera a Camilla Parker Bowles, cuando faltaba casi una década para que conociera a Diana Spencer (se conocieron en 1977). Todo transcurría en una época de baja popularidad para la familia británica ante la opinión pública, que incluso habían permitido la filmación de un documental para la BBC que los mostraba haciendo sus tareas cotidianas pero luego terminaron vetando. En este capítulo, a raíz del incipiente nacionalismo galés, la familia real enviaba al príncipe Carlos a estudiar un semestre al país vecino, aprendiendo el idioma pero, también, comprendiendo de primera la mano la necesidad de los galeses de sentirse escuchados y valorados como pueblo pequeño frente a la gran Inglaterra.

Es allí, durante esta etapa, que Carlos disfrutaba de su pasión por el arte dramático, liberándose a través de un hobby personal pero sintiéndose representado por la sensación del país de no ser escuchados por la reina. Es entonces cuando tiene lugar la investidura, en donde el príncipe dio un discurso en galés que ni su madre o padre comprendieron en un principio. Y así habría aprovechado para pronunciar lo que realmente quería decir y no lo que su rol monárquico imponía, derivando en una discusión inolvidable con la reina interpretada por Olivia Colman.

En esta secuencia, la monarca se mostraba enfadada y decepcionada con el discurso de Carlos al haber hecho justamente lo que ella no permitía en su reinado: tomar partido y perder la neutralidad. Carlos le pedía que le agradeciera o felicitara por la gira que había concluido con éxito por Gales, pero se topaba con una madre que dejaba clara su decepción: “Si todos tuviéramos que agradecernos mutuamente cada vez que hacemos algo en esta familia, no llegaríamos a ningun lado” le decía.

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En la escena, la reina había leído la traducción del discurso y criticaba la imparcialidad del príncipe y el mensaje personal que había enviado al pueblo en contra de las estrategias de neutralidad política de la familia. “Si esta unión debe continuar entonces debemos aprender a respetar nuestras diferencias. A nadie le gusta ser ignorado, no ser visto, oído o escuchado” había dicho el príncipe en su discurso, comparando su propia existencia como heredero de la corona sin poder usar su propia voz u opinión con la del pueblo galés, y siempre por debajo de los mandatos de su madre.

¿Me ven por quien soy o lo que soy? ¿Tengo voz?” preguntaba el príncipe a lo que la reina le respondía “demasiada para mi gusto”. En esta secuencia veíamos a una reina fría, crítica pero entregada de lleno al deber de su título. “No tener voz es algo con lo que todos debemos vivir. Todos hemos hecho sacrificios y suprimido quienes somos. Una porción de nuestra naturaleza siempre se pierde. No es una elección. Es un deber” le dejaba claro.

A continuación la reina de Olivia Colman le recordaba las palabras que le había dicho su abuela en la primera temporada y que marcaron cómo Isabel II llevaría su reinado: hacer nada, decir nada, es el trabajo más difícil de todos”. “Ser imparcial no es natural, no es humano. La gente siempre querrá que sonriamos o estemos de acuerdo, o frunzamos el ceño o hablemos, pero en el minuto que lo hacemos habremos declarado una posición, un punto de vista, y eso es lo único que como familia real no tenemos derecho a hacer” le enseñaba. Por eso debemos esconder esos sentimientos, guardarlos, porque mientras menos hagamos, decimos o acordamos, mejor será” continuaba la reina, proclamando con firmeza esa entrega al deber que destiló a lo largo de su vida, siento interrumpida por un Carlos más emocional que su madre al comparar sus palabras con no poder “respirar, sentir o existir”.

En esta secuencia, Carlos declaraba su personalidad emocional, proclamando tener “un corazón que late, una personalidad, una voluntad y mente propia”, sintiéndose incapaz de seguir los designios imparciales y fríos que exigía su madre. “No soy solamente un símbolo. Puedo liderar no solo por llevar un uniforme, cortar una cinta pero mostrándole a la gente quien soy” sentenciaba casi a los gritos. Pero entonces la reina Isabel II volvía a cerrar la puerta, dejando clara la postura de su mandato y legado de entrega absoluta con un final de la discusión frío y doloroso para Carlos y cualquiera en general.

Tengo una voz” le decía Carlos casi en un momento de ruego infantil. Déjame que te diga un secreto: nadie quiere oírla” declaraba la reina. “¿Hablas del país o mi propia familia” preguntaba el príncipe. “Nadie” era la respuesta final de la escena.

La tercera temporada de The Crown y, sobre todo, este episodio despertaron empatía y pena por el príncipe Carlos, al mostrarnos a un joven apasionado, con deseos de cumplir un rol moderno, ser escuchado y vivir la experiencia del trono a su manera, pero siempre topándose con los muros del legado de su madre. Una simpatía que derribaron en el momento que entró Diana en la cuarta temporada, cambiando las tornas con un príncipe caprichoso, egoísta e infiel. Pero ahora que es el rey Carlos III tras la muerte de la soberana, la secuencia detallada se observa y se vive de otra manera que cuando la vimos por primera vez en 2019.

TOPSHOT - Britain's King Charles III (R) is driven away from Balmoral Castle in Ballater, on September 9, 2022, a day after Queen Elizabeth II died at the age of 96. - Queen Elizabeth II, the longest-serving monarch in British history and an icon instantly recognisable to billions of people around the world, died at her Scottish Highland retreat on September 8. (Photo by ANDY BUCHANAN / AFP) (Photo by ANDY BUCHANAN/AFP via Getty Images)
TOPSHOT - Britain's King Charles III (R) is driven away from Balmoral Castle in Ballater, on September 9, 2022, a day after Queen Elizabeth II died at the age of 96. - Queen Elizabeth II, the longest-serving monarch in British history and an icon instantly recognisable to billions of people around the world, died at her Scottish Highland retreat on September 8. (Photo by ANDY BUCHANAN / AFP) (Photo by ANDY BUCHANAN/AFP via Getty Images)

Porque entonces veíamos a un príncipe callado a la fuerza, que no podía vivir su rol a su manera. Nos presentaban a un ser humano que vivió sabiendo que ocuparía el lugar legendario de su madre algún día, y que se espera mucho de él ante los zapatos enormes que deberá llenar a partir de ahora. Y es en 2022, a los 73 años, que le toca alzar esa voz que durante toda su vida tuvo que mantener a un lado, como nos muestra esa discusión de la ficción de Netflix.

Aquella escena nos hacía sentir empatía por ese joven que no podía expresarse, silenciado por su propia madre y el deber que le tocaba vivir. Pero cuando la vemos de nuevo despierta una curiosidad diferente por descubrir cómo la utilizará ahora que puede usarla libremente. El rey Carlos III se enfrenta al reto de crear su propio mandato y legado, de reinar siguiendo las lecciones de su madre o modernizarlo a su manera. Ahora puede usar su voz como quiera.

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