¿Difundir la ubicación de la Tierra puede provocar una invasión extraterrestre? Científicos de Oxford piden discutirlo

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Photo credit: Linus Platt - Getty Images
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Recuerda Mars Attack (y otras tantas películas de alienígenas): una “amistosa” visita extraterrestre no tiene porque tener una resolución pacífica, y Tom Jones no va a estar siempre para salvarnos. Entonces, ¿por qué estamos tan desesperados por tener un primer contacto con civilizaciones inteligentes de otros planetas?

Desde que se envió el Mensaje de Arecibo como una botella lanzada al mar de la galaxia en 1974, no hemos dejado de lanzar mensajes a las estrellas (incluso anuncios) en busca de una respuesta. El último mensaje de la NASA a los extraterrestres se ha bautizado como el “Faro de la Galaxia” y está ahora mismo en proceso. En esta ocasión se ha cifrado en código binario nuestro ADN, nuestras coordenadas planetarias y conceptos físicos y matemáticos que demuestran lo listos que somos junto a una invitación a que los seres inteligentes del cosmos nos respondan.

Pero si fuésemos tan listos igual no haríamos eso. Científicos como Anders Sandbeg y Toby Ord, ambos del Future of Humanity Institute (FHI) de Oxford, señalan vía Telegraph que, por bajas que sean las probabilidades de un contacto, buenas o malas, este tendría “un impacto tan grande que hay que tomárselo con seriedad”. Pero no, nosotros estamos enviando “una postal que dice: ‘ojalá estuvierais aquí’”.

Photo credit: Linus Platt - Getty Images
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Lo que pasa es que hemos vistos tantas películas que nos da la risa y este “factor risa”, dice Sandberg, hace que “mucha gente se niegue a tomarlo en serio” cuando deberíamos hacer justo lo contrario. Lo que él y sus colegas piden es que se realicen discusiones públicas donde la humanidad pueda coordinarse como especie en lugar de transmitir unilateral e indiscriminadamente la ubicación de nuestro querido y único hogar a cualquiera, hostil o no, que pueda estar escuchando.

En su reciente libro Precipice: Existential Risk and the Future of Humanity (El precipicio: El riesgo existencial y el futuro de la humanidad) Toby Ord señala esto mismo. “Los peligros son pequeños, pero no se comprenden bien y se manejan aún peor”.

“La principal pregunta es la proporción de civilizaciones pacíficas y hostiles que existen”, dice Ord, y no hay ningún consenso científico al respecto. En realidad, no hay evidencia alguna en ningún sentido y todo lo que tenemos son especulaciones, miedos apocalípticos, esperanzas buenistas y ninguna clase de coordinación.

Ord es de los pesimistas. Él cree que incluso la escucha de mensajes puede suponer un peligro porque, vale, digamos que somos nosotros los que recibimos una comunicación extraterrestre, ¿qué hacemos? Que ese fuera nuestro primer contacto no implica que lo fuera a ser también para los que se encuentren al otro lado. Y hablamos de vida inteligente, lo que significa que son seres que pueden “estar tendiendo una trampa”.

“Dado que la desventaja podría ser mucho mayor que la ventaja”, concluye Ord, “no me parece una buena situación para dar pasos activos hacia el contacto".

Por descabelladas que resulten estas discusiones (ahí está, preparando los memes, el “factor risa”) la verdad es que parecen bastante sensatas, ¿no? El mismo Stephen Hawking, que no era ningún excéntrico, advirtió una vez que la vida inteligente se puede convertir en algo que no querríamos conocer y como prueba daba la llegada de los “extraterrestres” europeos a América.

A lo mejor antes de buscar vida inteligente en la galaxia convendría que nos aseguráramos bien de que nosotros lo somos.

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