Detén el tiempo para leer esta entrevista a Javier Rey

·8 min de lectura
Photo credit: Fernando Andrés
Photo credit: Fernando Andrés

Marco su número de móvil y su voz me responde al segundo tono. Y pienso: “¡Qué hombre más puntual!”. Con la vida que lleva –rodajes, entrevistas, viajes, presentaciones, estrenos– es normal que mida sus tiempos con tanta precisión si quiere llegar a todo. “No me queda otra. En una hora me vienen a buscar para ir a grabar Los pacientes del doctor García (la primera serie basada en una novela de Almudena Grandes), así que siempre estoy pendiente del reloj”, dice Javier Rey (Noia, A Coruña, 1980).

Hoy nuestra conversación va precisamente de eso, de tiempos, de historia y de relojes. Porque el actor gallego acaba de entrar a formar parte de una familia muy especial en la que comparte protagonismo y valores con otros actores como Kate Winslet (Mare of Easttown) y Regé-Jean Page (Los Bridgerton). No se trata de una nueva película, sino de una marca de relojes legendaria, Longines, fundada en 1832, de la que ahora es imagen y amigo.

Photo credit: Fernando Andres
Photo credit: Fernando Andres

Dos décadas sin parar haciendo teatro, cine y series, y también siendo imagen de firmas de moda y de marcas como Longines. ¿Eso es porque sabes controlar muy bien los tiempos?
Por lo menos lo intento, pero sí, he conseguido ser muy productivo porque miro mucho la hora para llegar a todo lo que me propongo. Son muchas cosas al día, trabajo y vida. Afortunadamente siempre me he sabido organizar bien.

¿Qué sería de ti sin un reloj en la muñeca?
Seguro que un desastre [risas]. El reloj es muy importante en mi vida. Y no solo para no llegar tarde a los sitios, sino que un reloj como complemento es un accesorio imprescindible. Miro mucho la hora porque me gusta ser puntual y porque me encanta admirar un buen reloj.

¿Por qué ser amigo de Longines y no de otros?
Hay mucho de orgullo en esto de ser amigo de Longines. Es una marca superrespetada, que admiro desde siempre por el trabajo que hacen. Por eso, cuando me contactaron, todo surgió de forma muy natural. Y nos entendimos a la primera porque había mucha admiración.

El lema de Longines es: “La elegancia es una actitud”. ¿Estás de acuerdo?
No lo puedo estar más. Uno nace donde nace y con las referencias que nace. Y luego va creciendo y adquiriendo nuevas referencias que le ayudan a evolucionar como ser humano, también en cuestión de elegancia. Así que la elegancia depende de nosotros mismos, de nuestra actitud. Y a mí no me gusta disfrazarme, sino sentir como propio lo que llevo encima.

¿Qué otros valores crees que compartes con Longines?
Sobre todo el hecho de intentar hacer las cosas bien. Cuando entras en contacto con el universo Longines descubres que es una empresa de innovación y de tradición al mismo tiempo, un poco como yo. Es una marca muy artesanal, pura manufactura, y así es como yo intento llevar las cosas en mi trabajo. Porque los personajes se construyen desde la dedicación, la profesionalidad, las horas que le echas, el intentar superarte a ti mismo y no caer en clichés ni en repeticiones, y seguir investigando e innovando.

Longines también es aventura, romanticismo, mesura, distinción... ¿Tú también eres así?
Lo que más comparto con Longines es su alma romántica. Me gusta mucho el romanticismo en el sentido de que valoro la historia y la tradición. Por ejemplo, el amor que siento por mi profesión es el mismo que Longines pone a través de su manufactura y su tecnología. Una empresa que lleva tantos años haciendo relojes es porque le pone mucho amor. También me siento muy aventurero, como Longines en el campo de la aviación. Salvando las distancias, ellos siempre han participado en grandes logros apoyando con su tecnología hitos de la historia, como cuando Charles Lindbergh cruzó el Atlántico en un vuelo sin escalas con maquinaria Longines. A mí ese punto de romance y aventura me vuelve muy loco.

Photo credit: Fernando Andres
Photo credit: Fernando Andres

¿Recuerdas cuál fue tu primer reloj?
Creo que fue uno digital que me compraron mis padres. Debía de ser casi de juguete [risas], con muchos colorines.

¿Y cómo es ahora tu reloj ideal?
Como soy bastante maniático, y no solo con los relojes, no puede ser muy grande, ni con pulsera de acero. Prefiero la correa de cuero porque no tengo la muñeca muy grande y así lo ajusto mejor. Tiene que ser discreto, bonito y con un mecanismo de calidad. Que no llame la atención, pero al rato sí se note su presencia.

Tú que miras tanto la hora, ¿no te gustaría a veces poder parar el tiempo?
[Risas] Claro, muchas; sobre todo cuando suena el despertador a las seis de la mañana para ir a trabajar y digo: “¿Perdón? Dame cinco minutos más”. Eso también es un acto romántico de tiempo, ¿no? [risas]... Ay, si pudiéramos dilatar esos momentos... Creo que todo el mundo me entiende, ¿verdad?

Javier Rey me recuerda que en 20 minutos vendrán a recogerle, pero yo intento estirar un poco más nuestra conversación, porque el galán de Velvet, el Sito Miñanco de Fariña y el loco enamorado de Sin fin está, para variar, cargado de proyectos. Hace poco le hemos visto protagonizando en Atresmedia la serie Mentiras. Acaba de grabar otra, Las últimas de la fila, de Daniel Sánchez Arévalo, en la que interpreta a David, el contrapunto de una historia protagonizada por cinco mujeres. Ahora, en cuanto cuelgue, saldrá pitando para meterse en la piel de un médico en Los pacientes del doctor García, la primera ficción por capítulos basada en una novela de Almudena Grandes, junto a Verónica Echegui. Y en breve regresará a la gran pantalla con dos películas de altura: La cima (ya en cines), en que comparte cartel con la premiada Patricia López Arnáiz, e Historias para no contar (estreno 28 de octubre), una cinta que le hace especial ilusión por haberse puesto a las órdenes del sensibilísimo Cesc Gay. “¿Que cómo me da la vida?... Mirando mucho el reloj [risas]”.

¿Por qué crees que tú trabajas tanto y otros tan poco?
Soy un afortunado. Porque este es un trabajo muy injusto. Sé que no soy, ni mucho menos, mejor que los demás. Solo he tenido fortuna en algunos momentos y la he aprovechado.

¿Cómo es Mateo, tu personaje de La cima?
Es un montañero que ha hecho una promesa: coronar la cima del Annapurna. Pero no lo va a tener fácil. Yo nunca haría lo que hace él. No cuento más, pero entiendo sus motivos.

Me cuentan que ha sido un rodaje extremadamente duro. ¿Lo confirmas?
Rotundamente sí. Rodamos en Francia y en el valle de Benasque, y ha sido el rodaje más duro de mi vida tanto física como emocionalmente, por el entorno y por las mochilas emocionales de ambos personajes. Creo que hemos hecho una gran película que nos va a dar muchas alegrías. Estoy deseando que la gente pueda disfrutarla porque lo hemos dado todo todos: hemos pasado muchísimo frío, hemos subido montañas, hemos sufrido caídas, nevadas, ventiscas, hemos superado varios casos de covid...

Photo credit: Fernando Andres
Photo credit: Fernando Andres

Dicen que la montaña saca lo mejor y lo peor de uno mismo. ¿A ti te ha ocurrido?
Yo no soy montañero, pero entiendo bien a Mateo. El ser humano, según va cumpliendo años, y por muy bien que le vaya en la vida, va llenando la mochila de cosas buenas y malas. Esa mochila crece y cada vez pesa más. Esto les pasa a los protagonistas, y también a mí, que ya voy teniendo unos años. Me identifico con él en cómo encara los conflictos y cómo intenta resolverlos, que es de la manera más honesta posible.

¿Tiene eso que ver con la educación que has recibido en casa con un padre que es capitán de barco pesquero?
Imagino, porque eso forja un carácter fuerte, duro, de gente honrada y honesta. En mi casa no se habla de éxito o de fracaso. Son la dedicación y el esfuerzo lo que se valora. Si intentas dar lo mejor de ti mismo, ya está. Porque triunfar no solo depende de ti.

Es obvio que nadie llega solo a ningún sitio, pero también que su nombre es a día de hoy sinónimo de éxito. Hace ya tiempo que los premios y la fama le preceden, pero él prefiere hablar de otras cosas, “no de algo tan efímero que en cualquier momento puede desaparecer”.

Entonces, ¿para ti no existe el éxito?
Claro que sí, pero es cuando el público ve mi trabajo y cree en mis personajes. Cuando gente que admiro profundamente cuenta conmigo, como Daniel Sánchez Arévalo y Cesc Gay. He peregrinado tantas veces al cine para ver sus películas...

Antes de colgar, a diez minutos de que le recojan, le pregunto qué es lo próximo que le gustaría hacer. Tarda un poco en contestar. Quizá esté mirando la hora otra vez en su Longines. Y entonces responde: “Dirigir. No sé si tengo cosas interesantes que contar, pero sí siento la necesidad de hacerlo. Tengo que estar tranquilo y organizarme los tiempos. En este sentido no tengo ninguna prisa”.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente