Desmintiendo de una vez por todas la leyenda urbana más triste de ‘La historia interminable’

Pedro J. García
·9 min de lectura

Hay películas de los 80 que marcaron para siempre a la generación que vivió su infancia durante aquella década, y que siempre formarán parte de nuestras vidas, no importa el tiempo que pase. La lista es larga: Los Goonies, La princesa prometida, Willow, Dentro del Laberinto, Cazafantasmas… y la que hoy nos ocupa, La historia interminable, odisea fantástica que nos hizo soñar y dio alas a nuestra imaginación, pero también nos creó algún que otro trauma.

Sin lugar a dudas, la escena del Pantano de la Tristeza se quedó grabada para siempre en nuestro subconsciente y a muchos nos sigue acompañando hoy en día. Es acordarnos y de repente ser abordados por esa tristeza, como si estuviéramos de vuelta en el pantano. Pero es que por si esto fuera poco, desde hace años lleva sonando la terrible historia de que el caballo de Atreyu, Ártax, murió en la vida real durante la grabación de esa secuencia, lo cual la hace aun más dolorosa.

Pues bien, hoy me he propuesto desmentir de una vez por todas esta leyenda urbana. Ártax NO murió y ya va siendo hora de que jubilemos el rumor. Esta es la verdadera historia de lo que ocurrió con el caballo de Atreyu. Aviso: se nos viene encima una avalancha de nostalgia.

Cartel de La historia interminable (Warner Bros.)
Cartel de La historia interminable (Warner Bros.)

La historia interminable se estrenó en 1984. Dirigida por Wolfgang Petersen -justo después de su aclamado film El submarino - Das Boot-, esta ambiciosa producción cinematográfica alemana se basaba en la no menos ambiciosa y popular novela de Michael Ende. Llevar las páginas del libro a la gran pantalla era una tarea titánica, no solo por su extensión, sus imágenes épicas y espectaculares, sus criaturas mágicas o sus secuencias de acción, sino también por la complejidad y densidad temática de su historia.

Por eso, la película acabó abarcando solo la primera mitad de la novela, centrada en las aventuras del guerrero Atreyu (Noah Hathaway), mientras el pequeño Bastian (Barret Oliver) las lee escondido en el ático de su escuela, tratando de averiguar cómo ayudar al héroe de la historia a salvar a la Emperatriz Infantil y al reino de Fantasía de la destrucción. La segunda parte sería adaptada -muy libremente- poco después en una secuela que es mejor olvidar. Y a mediados de los 90 se llegó a hacer una lamentable tercera parte, pero también es aconsejable fingir que nunca existió.

Cualquier fan de La historia interminable o amante del cine de los 80 sabrá que Ende no quedó precisamente contento con la película. Y es que el autor tenía una idea en mente muy distinta para la adaptación. De hecho, se dice que él quería a Andrzej Wajda o Akira Kurosawa para dirigir el film, dos de los directores más prestigiosos y aclamados de la historia del cine. Por eso, al ver el resultado, el escritor quedó totalmente horrorizado y decidió iniciar una campaña en su contra, para lo que llegó a convocar una rueda de prensa. Ende pidió que se retirase su nombre de los créditos (no aparece en los iniciales, pero sí al final de forma discreta) e incluso demandó al estudio para que le cambiase el nombre al film (litigio que perdió). Según él, la película mancillaba su obra y la convertía en un espectáculo hollywoodiense vacío para niños.

Pero el público no opinó igual. La historia interminable fue un éxito de taquilla a nivel mundial (así como su inolvidable tema principal interpretado por Limahl lo fue en las listas de ventas), pasando a ser uno de los títulos más emblemáticos de los 80. El tiempo la consolidó como película de culto generacional y, dejando aparte el debate sobre si es una buena adaptación o no, ha sobrevivido en el imaginario de muchas personas que volamos con Atreyu a lomos de Fujur y gritamos “¡Hija de la Luna!” a la pantalla una y otra vez, como si fuéramos el mismísimo Bastian.

Puede que el film fuera odiado por el autor del libro en el que se basaba, pero a muchos nos enamoró por completo. Nos empujó a soñar, nos enseñó el poder de las historias y la fantasía, y también nos hizo llorar y pasar miedo. Porque no sería una buena película fantástica de los 80 sin su buena dosis de trauma y oscuridad. Más allá de la tristeza inherente que recorre todo el film, hay varias escenas en concreto que dejan huella por su naturaleza deprimente o incluso terrorífica -el Oráculo del Sur, el enfrentamiento con Gmork-, pero ninguna como la muerte de Ártax, el caballo de Atreyu.

Supongo que no hace falta que lo recuerde, pero por si hay alguien que no sepa de qué va la cosa, en dicha escena, Atreyu atraviesa el Pantano de la Tristeza junto a su fiel compañero de cuatro patas. A medida que la tristeza se apodera del animal, este se hunde en el fango, muriendo ahogado a pesar de los esfuerzos de Atreyu por librarlo de la tristeza y salvarlo. Es una secuencia muy poderosa y desgarradora, de esas de las que es difícil recuperarse -sobre todo después de verla de niño.

Y por si no fuera ya dolorosa de por sí, hace años surgió una historia tras las cámaras que la hizo incluso más triste: acorde al rumor, el caballo murió en la vida real. Lo que ocurrió, según cuentan, es que la plataforma mecánica encargada de hundir a Ártax se quedó atascada y el animal murió ahogado en el lodo sin poder hacer nada para impedirlo. Esta historia empezó a cobrar fuerza hace unos diez años gracias a las redes sociales, e incluso apareció como curiosidad en una de las ediciones en DVD de la película en España. Y si lo dicen en los extras oficiales es que será verdad, ¿no?

Pues no. La historia es falsa. Un bulo que se expandió rápidamente y se quedó tan grabado en la memoria de muchas personas como la propia escena en sí. “Infancia arruinada”, “Ahora no podré ver la película de la misma manera”, son algunas de las reacciones que leí en su día -y que sigo leyendo cada vez que surge la macabra anécdota-. Por eso me he propuesto con este artículo desmentirla de una vez por todas y compartir en su lugar la versión oficial, que tiene un final mucho más feliz.

En 2019, el director, Wolfgang Petersen, y el actor que dio vida a Atreyu, Noah Hathaway, dieron una entrevista a la revista Entertainment Weekly para la historia oral de la película, detallando en ella muchos aspectos y aclarando definitivamente la verdad detrás de la historia de Ártax. Petersen desveló entonces que en realidad no era solo un caballo, sino dos, y despejó todas las dudas sobre el rumor que nos ha atormentado durante tanto tiempo. En sus palabras:

El caballo no murió, a pesar de lo que se ha dicho a lo largo de los años. En primer lugar, teníamos dos caballos blancos idénticos para interpretar a Ártax. Eran hermosos. Fueron entrenados durante mucho tiempo por un profesional para llevar a cabo la tarea imposible para un caballo de hundirse lentamente en el barro sin oponer resistencia. El lodo no le cubrió toda la cabeza, un caballo no podría hacer eso.

Llevó meses entrenarlos. Siempre me preguntan por esto y los rumores no son ciertos. En la película, nunca llegas a ver la cabeza del caballo hundirse completamente en el lodo. Además, al tener dos caballos, podíamos alternarlos mientras el otro se relajaba.

Está pensada para ser una escena muy triste y esto era una parte crucial del film. La gente siempre me dice que, cuando llega esa escena, tienen que taparse los ojos. Yo les digo que lo entiendo, es muy difícil de ver, pero es esencial para la historia. Se trata de ser arrastrado a la oscuridad, y por desgracia, el caballo no sobrevive en la escena. Atreyu debe seguir adelante sin su amigo y eso es lo que hace. Pero los caballos fueron muy buenos y ambos estuvieron bien”.

¿Qué fue entonces de los animales? Hathaway nos cuenta la historia real, agridulce, pero mucho más tranquilizadora que la leyenda urbana que ha ocupado su lugar todos estos años:

“Siento que la gente tuvo que ir a terapia por esa escena con Ártax. […] Para hacer esa escena, tenían un pequeño elevador bajo el agua que bajaba al caballo lentamente. Cuando llegaba al hocico, cortaban la escena. Esa secuencia tardó dos semanas y media en grabarse.

El caballo real nunca murió. ¡Lo cuidaban mejor a él que a mí! Yo me lastimé muchas más veces que él. Definitivamente, el caballo estaba mejor atendido. […]

Me dieron uno de los caballos y un sillín como regalo de final de rodaje. Pero para llevármelo [a Estados Unidos] tenían que enviarlo, esterilizarlo y todo eso, así que se quedó en Alemania con mi doble en las escenas donde lo monto. Él tuvo el caballo más de veinte años. Me mandó un e-mail hace unos diez años para decirme que el caballo había muerto. Tuvo una vida genial y maravillosa. Tenían un establo y un rancho en Alemania”.

Así que ahí está la historia oficial. No sabemos qué fue del otro caballo que interpretó a Ártax, pero Petersen asegura que ninguno de los dos murió en el rodaje. Muy significativamente, Entertainment Weekly titula así la sección sobre el rumor: “Ártax, el caballo que desató una leyenda urbana que se resiste a morir”. Desde luego, la historia sobre la supuesta muerte de Ártax tiene tanta fuerza que aun habiéndola desmentido de primera mano y en varias ocasiones, sigue difundiéndose como si fuera la versión oficial. ¿Qué esconde este fenómeno? ¿Nos gusta sufrir y regodearnos en la tristeza? ¿Hace esta leyenda urbana que la película y la escena en cuestión sea aun más mítica? ¿Preferimos quedarnos con la versión no oficial porque se ajusta más a lo que sentimos viendo la película, aunque no sea verdad?

En cualquier caso, de lo que no cabe duda es de que La historia interminable dejó un poso imborrable en nosotros que sigue formando parte de nuestras vidas muchos años después, en forma de uno de los recuerdos más tristes que vivimos delante de la pantalla. La escena en cuestión no necesita una muerte real tras las cámaras para hacerla más dolorosa e impactante, ya se basta por sí sola para rompernos el corazón cada vez que la vemos o nos acordamos de ella.

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