Desafiaron todos los prejuicios: Los primeros mexicanos-estadounidenses que ganaron un caso ante la Corte Suprema de EEUU

Un abogado realiza sus alegatos ante un jurado de hombres blancos en un juicio por homicidio en Texas, Estados Unidos, 1952 (Photo by Robert W Kelley/The LIFE Picture Collection via Getty Images)

Una riña en una taberna que terminó en un homicidio fue el inicio de una batalla legal que culminó con la protección de los derechos étnicos de los estadounidenses de origen mexicano.

Cuatro prominentes defensores de los derechos civiles del estado de Texas unieron su talento y empeño para desafiar a un sistema judicial prejuicioso y convertirse en los primeros mexicanos-estadounidenses en defender y ganar un caso ante la Corte Suprema de Estados Unidos.

Todo comenzó el 4 de agosto de 1951, cuando Pedro Hernández y Gaetano Espinoza se enfrentaron acaloradamente en un bar en la localidad texana de Edna. Al parecer Espinoza se mofaba de Hernández por tener un defecto en los pies, y este, arrebatado por la furia, salió del local, buscó una escopeta y al regresar mató a Espinoza de un tiro en el pecho.

El hecho de que Hernández mató a Espinoza es irrebatible. Pero una serie de irregularidades en el proceso de detención y en el juicio hicieron que dejara de ser un simple caso de homicidio de un pequeño remoto del sur de Estados Unidos.

Las autoridades siguieron el guión fijado para la época. Hernández fue arrestado en menos de 24 horas, acusado de homicidio premeditado y encarcelado sin derecho una fianza para ser juzgado en libertad.

Dream Team

La madre desesperada de Hernández buscó el mejor asesoramiento legal que existía para la época: el abogado Gustavo García, quien ya había asesorado numerosos casos de la primera asociación de mexicanos estadounidenses en Estados Unidos, conocida como League of United Latin American Citizens (LULAC).

García había defendido a los integrantes del Programa Bracero, un acuerdo laboral que permitía trabajar a los agricultores migrantes, y a los estudiantes de origen mexicano que eran discriminados en las escuelas texanas.

Uno de sus casos emblemáticos fue la defensa de los derechos de Félix Longoria, un soldado mexicano-estadounidense que murió en combate en la Segunda Guerra Mundial y que no pudo ser enterrado en su pueblo de Three Rivers porque el dueño de la única capilla funeraria se negó porque "a los blancos puede molestarle”. Gracias a García, Longoria fue enterrado en el cementerio nacional de veteranos de Arlington.

La discriminación de los mexicanos-estadounidenses en Texas nació junto con el tratado de Guadalupe Hidalgo firmado en 1848 y que sellaba la paz entre México y Estados Unidos, y la anexión estadounidense de un vasto territorio mexicano donde vivían miles de personas de ascendencia hispana e indígena.

El cuerpo de Félix Longoria fue enterrado el 16 de febrero de 1949 en el Cementerio Nacional de Arlington. Longoria fue un mexicano-estadounidense nacido en Three Rivers, Texas, que murió en combate a los 26 años en Filipinas y no pudo ser enterrado en su pueblo por discriminación. En la foto, de izquierda a derecha, se encuentran su madre Guadalupe Longoria, su cuñada Sara Marino, su hija de 8 años Adelita, y su viuda Beatriz Longoria. (Original Caption, Getty Images)

En el artículo 8 del tratado se acordó que los habitantes de la zona anexada podían elegir si deseaban permanecer con la nacionalidad mexicana o adquirir la estadounidense, pero la decisión debía haberse en los doce meses posteriores a la firma del pacto. Si las personas no se pronunciaban, se asumiría que habían elegido la ciudadanía estadounidense.

Pero esos derechos fueron ignorados un año más tarde, aunque el tratado fue ratificado. Se les negó la ciudadanía a los habitantes de etnias indígenas y los mexicanos de ascendencia hispana adquirieron la nacionalidad estadounidense pero fueron discriminados.

Para proteger efectivamente los derechos de Hernández, García se alió con Carlos Cadena, un abogado que se había especializado en los litigios que impedían a los mexicanos estadounidenses comprar tierras en San Antonio.

Se comenta que hacían un buen equipo porque Cadena tenía una excelente habilidad para los números, los detalles y las estadísticas que se dedicaba a armar meticulosamente los expedientes, mientras que García era un orador elocuente y carismático que argumentaba el caso en los tribunales.

Los otros dos litigantes del equipo fueron James Dienda y John G Herrera, el primero en elevar la voz contra la ausencia de jurados de origen latino en los juicios de Texas.

Diferenciarse para ser igual

Hernández fue declarado culpable de homicidio por un jurado integrado exclusivamente por personas blancas.

El alegato de que Hernández no ha había tenido un derecho justo a la defensa fue primordial.

El equipo defensor de Hernández revisó los registros de selección de jurados en el Condado de Jackson, una zona habitada principalmente por ciudadanos de origen hispano, y encontraron que ninguno de los 6000 jurados seleccionados para participar en los juicios de los últimos 25 años tenía un apellido hispano.

Los abogados alegaron que Hernández fue privado de una defensa justa porque la discriminación existente en Texas evitó que fuera juzgado por un jurado donde hubieran personas de su mismo grupo étnico, citando la Decimocuarta Enmienda de la Constitución.

Pero los tribunales texanos consideraban que se trataba de una solicitud exagerada porque los jurados eran blancos y los mexicanos parecían más blancos que negros. "Los mexicanos son...pertenecen y están clasificados dentro de la raza blanca que se distingue los miembros de la raza negra", señaló la Corte de Apelaciones Criminales de Texas al mantener la condena de Hernández.

Así que el caso fue elevado a la Corte Suprema de Justicia.

Los abogados que defendieron al estado de Texas no negaron las acusaciones por discriminación , sino que argumentaron que esa discriminación no estaba prohibida por la Decimocuarta Enmienda, porque ésta sólo aplicaba a los afroamericanos.

Un caso histórico

El juez superior Earl Warren anunció la decisión unánime de la Corte Suprema y desestimó la posición del estado de Texas al indicar que "la Decimocuarta enmienda no está dirigida exclusivamente contra la discriminación originada en la teoría de las dos clases, que basa las diferencias entre el blanco y el negro".

Al excluir deliberadamente a los hispanos del jurado, Texas separado injustificadamente a un grupo de personas y les había dado un trato diferente que privaba a los defendidos de la protección justa que garantiza la Constitución.

La Corte también dejó claro que los mexicanos-estadounidenses eran una clase diferencia de la comunidad considerada "blanca" y que como tal, debía tener su representación en los jurados.

La decisión de que la Decimocuarta Enmienda aplica a todas las minorías raciales tuvo una repercusión enorme en la Comunidad Hispana y en todas las minorías étnicas que buscan igualdad de derechos frente a la discriminación.

Pedro Hernández fue procesado en un nuevo juicio con un jurado diverso y nuevamente fue encontrado culpable, hecho que nunca fue negado por la defensa.

La lucha no fue para forzar su inocencia sino para garantizarle un proceso judicial justo.

La decisión de la Corte Suprema sentó un precedente que permitió desafiar exitosamente procesos judiciales por discriminación en el derecho al empleo, la vivienda, la segregación escolar y los derechos electorales contra los mexicanos-estadounidenses.

García, Cadena, Herrera y Dienda literalmente ayudaron a mejorar las vidas de millones de latinos en Estados Unidos.