El desacierto de Marina en la hoguera final con Jesús

Cine 54
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Por Valeria Martínez. - Marina, que siempre se mostró compañera de las chicas de su villa, la única que cada dos por tres tendía una mano empática a Lola y mantuvo una actitud madura en su manera de empoderar sus deseos por sobre todas las cosas, terminó su paso por La isla de las tentaciones haciendo todo lo contrario. Esa misma chica que fue la única concursante consciente del dolor que estaba provocando a su pareja terminó protagonizando el reencuentro más desacertado de todos.

Porque, a pesar del paso fallido de Jesús por La isla de las tentaciones 3 por culpa de un rencor vengativo que enmascaraba su dolor, el chico dio pena. A mí y a más de uno en la tuitesfera.

Twitter.com/islatentaciones/; Mediaset
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Marina lo dijo en más de una ocasión. Que ella “conocía bien muy a su novio”, que “Jesús estaba roto de dolor por dentro”, que se dejaba llevar con Stefany y Lara “para no quedar por debajo de ella”. Es decir, después de casi seis años juntos, era muy consciente de cómo se sentía su pareja mientras ella se dejaba llevar con Isaac desde el principio. Ella empoderó su infidelidad como la liberación que necesitaba en su vida, pero a la hora de la verdad la empatía brilló por su ausencia.

Y es que a Jesús no le tocó ver una infidelidad de besos sin más. No, a él le tocó lo peor: ver que su chica vivía un romance apasionado donde las ganas y el deseo traspasaban las cámaras. Y, encima, tuvo que verse las caras con el tentador en la última hoguera de grupo donde la chulería marcó la pauta.

Por eso, a la hora de la hoguera final, muchos esperábamos a una Marina que diera explicaciones con la misma calma y paso lento con que fue iniciando su relación con Isaac. Que mostrara esa comprensión por el dolor causado. Pero si bien ella dijo varias veces que sabía que su novio estaba dolido, en lugar de partir de esa noción optó por ponerse a la defensiva y alimentar la rabia de Jesús diciéndole cosas muy duras. Por eso, lo que vimos fue una guerra de gallos por ver quién era más prepotente e insultante. Una guerra por ver quién quedaba encima del otro.

Es cierto que Marina se encontró con un Jesús que no tardó en recurrir al ataque, diciéndole que dirigirse a ella con un “buenas noches” era “demasiado” tras lo vivido aquellas semanas. Sin embargo, ella enseguida optó por seguir el mismo juego. Lo que más le molestó durante todo el reality fue que Jesús en ningún momento expresara el dolor por su traición, que el rencor y la venganza pudieran más que el supuesto amor hacia ella. Y cuando Jesús le dijo que no sentía rencor alguno al iniciar la hoguera, es como si hubiera dado en la tecla para que Marina también se pusiera a la defensiva. Y lo que vimos a continuación fue una de las hogueras más decepcionantes de las tres ediciones.

“Mi querido Lobo me ha hecho sentir más que tú en estos últimos años, te lo puedo asegurar” decía Marina en una de sus primeras frases hirientes mientras comenzaban una guerra por ver quién había sentido más que quién. “Te puedo asegurar que la complicidad y el feeling que he tenido con él no es ni la mitad de lo que has tenido tú” añadía la chica sin haberle pedido perdón por la traición todavía.

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Es cierto que toparse con un Jesús a la defensiva, sonriendo de costado y diciéndole que no tiene dignidad o vergüenza, fue la provocación que llevó a Marina por derroteros más dolorosos. El chico se equivocó, y mucho, desde el principio. Estuvo desencajado todo el reality, hablando de Marina sin parar (incluso mientras Stefany lo abrazaba en el jacuzzi con cara de nada), mientras sus amoríos fríos y sinsentido lo dejaron en evidencia. Pero, a pesar de ello, también necesitaba un poco de comprensión. Una comprensión que no se dieron el uno al otro.

“¿Tú sabes lo bien y segura que me siento por haber venido a vivir esta experiencia?” remataba Marina tras lanzar un perdón breve. Una frase que prácticamente resume el orgullo y alegría que siente por haberse dejado llevar con Isaac. Y si bien podemos comprender completamente su liberación, una frase así supone una estocada punzante para el otro que llega con la herida abierta. Y prueba de ello fue que Jesús le contestó diciendo que él “se había quitado una mochila de encima”.

Y después de aquella desacertada hoguera en donde dio a entender que si Jesús no mantenía relaciones sexuales con Stefany era por miedo a sufrir un gatillazo ante las cámaras porque, después de todo, ella lo conocía bien, repitió su desacierto recurriendo a adjetivos que no venían a cuento. Eres más frío y más simple y “chulo” fueron algunas de las frases de Marina que echaron más leña al fuego.

Y no es que esté defendiendo a Jesús. Para nada. El chico no estuvo a la altura de las circunstancias, fue vengativo y tuvo más de una frase fuera de lugar, pero a él se lo veía venir. Su inmadurez brilló desde el primer momento, su falta de conexión emocional con el dolor que estaba sintiendo era evidente desde el primer acercamiento entre su novia e Isaac. “Me he dado cuenta de que no estaba enamorada de ti” fue una de las frases sinceras pero dolorosas de Marina -y luego Jesús repetía más o menos lo mismo-, mientras más tarde se reía al ver sus imágenes apasionadas con Isaac delante de Jesús. Otra punzada más para el traicionado dolido.

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Ella dijo varias veces que quería que Jesús sacara ese dolor, que lo demostrara, que le hiciera ver que estaba roto por dentro. Sin embargo, si tanto comprendía el dolor que sentía Jesús, esa comprensión brilló por su ausencia. Ella fue clara en lo que sintió y lo que descubrió, supo cantarle las cuarenta cada vez que Jesús sacaba esas frases desubicadas de “tener falta de dignidad” o “sentir vergüenza” por acostarse con Lobo cuando él hizo lo que quiso también; pero su desacierto estuvo en defender su traición como si sus sentimientos y sus acciones fueran más válidas que las del resto, desmereciendo las actitudes que Jesús tuvo en su villa. Y, sobre todo, no teniendo miramientos por el dolor provocado.

Jesús mantuvo su contraataque constante, sin embargo, el dolor estaba ahí y salió al decir que se iba “totalmente solo, libre”. Y es que, al final, él también se liberó. Sacó ese dolor que estuvo guardando durante semanas, pero fue a último momento, contagiando las lágrimas a Marina.

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El desacierto de Marina fue no saber pedir perdón comprendiendo el dolor del otro. Así, sin más. Ella ya se había liberado, viviendo un amor de verano que la hizo sentir viva. El que sufrió y padeció fue el otro. Por eso el contrataque estaba de más. Porque, a veces, a la hora de pedir perdón las excusas sobran.

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Fuente de la imagen: Twitter.com/islatentaciones/; Mediaset