Demi Moore fue la actriz mejor pagada de Hollywood pero su rol como mito erótico lo arruinó todo

Valeria Martínez
·10 min de lectura

A sus 58 años recién cumplidos, Demi Moore es dueña de una carrera de lo más curiosa, y es que a cuatro décadas de iniciar su andadura en Hollywood tan solo dos películas quedaron registradas en la memoria colectiva de los cinéfilos, Ghost y Una proposición indecente. ¿O no son los primeros títulos que nos vienen a la cabeza de manera instantánea cuando pensamos en ella? El resto llegan después, minutos u horas más tarde, y a veces con cierto esfuerzo mental.

Sin embargo, pocos recuerdan que antes de Julia Roberts, Sandra Bullock y Jennifer Lawrence, ella fue la actriz mejor pagada de la historia del cine. El récord le duró poco tiempo y lo consiguió con uno de los thrillers más ridículos de los 90, Striptease.

Demi Moore en la fiesta anual de los Óscar de Vanity Fair 2020 (Agencia: Reuters, Autor: Danny Moloshok, Copyright: Gtres)
Demi Moore en la fiesta anual de los Óscar de Vanity Fair 2020 (Agencia: Reuters, Autor: Danny Moloshok, Copyright: Gtres)

Demi Moore tenía todo para labrarse una carrera sólida en la meca del cine: productores que apostaban por ella, éxitos de taquilla a sus espaldas y un matrimonio junto a Bruce Willis que la colocaba en la prensa rosa a menudo. Estaba rodeada del circo perfecto para mantenerse en el candelero mediático de la industria. Después de Ghost, más allá del amor (1990) su ascenso parecía imparable. Si hasta medio mundo quería cortarse el cabello como ella e ir a clases de cerámica. Pero había una característica esencial que se terminó convirtiendo en un arma de doble filo para su carrera: su belleza vista bajo la lupa del mito erótico.

En 1981, cuando recién comenzaba a dar sus primeros pasos como actriz, se publicaron fotos desnudas en la revista adulta Oui. Se trataba de una sesión realizada cuando tenía 16 años pero ella dijo que tenía 18. Y si bien aquella polémica quedó en el pasado, hoy nos sirve como primer ejemplo de cómo su belleza solía tomar más protagonismo que su talento. Algo en lo que ella misma terminó cayendo.

Demi pasó los años 80s acompañando a los hombres de moda de la industria en películas juveniles y dramas bastante olvidables, como fueron Emilio Estevez, Rob Lowe, John Cusack o Robert De Niro. Pero todo cambió con Ghost, conquistando al público internacional con su papel de viuda enamorada que reconecta con el fantasma de su marido antes de morir. Por aquel trabajo le pagaron $750.000 (628.000€) pero su fama ascendió tanto que seis años más tarde hacía historia con el salario más alto jamás pagado a una mujer por entonces.

Después de Ghost comenzó a recibir guiones diferentes, como fue el caso de Algunos hombres buenos (1992) acompañando a Tom Cruise y Jack Nicholson; pero tan solo fue una excepción en una filmografía que se centraba más en destacar esa belleza que tanto enamoraba a la cámara. Ella quería demostrar a la industria que las mujeres podían ser tan protagonistas que un hombre y atraer la misma cantidad de público a las salas, pero lo hizo optando por un camino que hasta Meryl Streep y Michelle Pfeiffer criticaron: el de convertirse en objeto de deseo.

A pesar de ser un éxito de taquilla, Una proposición indecente (1993) fue recibida con críticas negativas, no solo por su floja ejecución argumental sino también por la representación femenina de mostrar a una protagonista dispuesta a venderse a Robert Redford por un millón de dólares. Michelle Pfeiffer lo dijo claro en una entrega de premios en 1993, “Así que este es el año de la mujer” decía con ironía en la fiesta anual de Mujeres en el Cine. “Pues sí, ha sido un buen año para las mujeres. A Demi Moore la vendieron a Robert Redford por $1 millón, Uma Thurman fue al Sr. De Niro por $40.000 [refiriéndose a Perro Bravo y Gloria] y hace tres años, Richard Gere compró a Julia Roberts por… ¿cuánto era? ¿$3.000?” (vía Los Angeles Times). No sabemos cómo se habrá sentido Demi Moore al oír estas palabras. Si, señores, ella estaba allí entre las invitadas.

Y para empeorar aun más las cosas, un año después estrenaba Acoso (1993), el thriller erótico de Barry Levinson en donde se tocaban temas como el abuso sexual en el ambiente laboral pero colocando a Demi como la abusadora. La película no era más que otro thriller adulto que recurría a las mismas tácticas de Instinto Básico (1992) de explotar las escenas sexuales como entretenimiento, quitando peso al mensaje que estaba transmitiendo y aprovechando la belleza de Demi por un lado y el hecho de contar con el mismo protagonista, Michael Douglas, por el otro.

Básicamente, si observamos el cartel de la película quedan muy claras las intenciones del marketing. Que la imagen representa acoso sexual hay que verlo con lupa (las manos y las piernas de Demi podrían representar el acto de posesión aunque no parece que Michael se resista mucho).

Cartel de 'Acoso' (Warner Bros.)
Cartel de 'Acoso' (Warner Bros.)

Demi defendió Acoso como parte de ese mensaje que quería enviar a Hollywood: ella podía tener tanto peso en una película como Robert Redford y Michael Douglas y amasar dinero en la taquilla mundial. Pero no estoy segura si el público iba a verla a ella por su talento como actriz o si iba a ver el nuevo thriller erótico de turno con otra belleza del celuloide mostrando sus encantos.

A pesar de ser destrozadas por la crítica, ambas fueron éxitos de taquilla que ayudaron a Demi a subir peldaños hacia el firmamento de las estrellas. Y en sus próximas apuestas consiguió el cambio que buscaba. En una industria que se mueve más por las modas para hacer dinero rápido que por el valor artístico de sus obras -a nivel blockbuster- Demi era el anzuelo perfecto. En 1995 cobró $6 millones (5€ mill.) por su trabajo en La letra escarlata, donde era protagonista por encima de Gary Oldman; y un año después llenaba su cuenta bancaria con un salario histórico para una mujer al ganar $12.5 millones (10.5€ mill.) por Striptease.

Pero el tiro le salió por la culata. Ambas producciones exaltaban su belleza con planos diseñados para destacar su rostro o su cuerpo, ya sea tapada hasta las trancas con trajes de época, o desnuda casi por completo, y el resultado fueron dos batacazos de taquilla que iniciaron su rápido descenso.

Hace poco volví a ver Striptease con la intención de refrescarme la memoria para escribir este artículo y descubrir si, quizás, con el paso del tiempo veía una película diferente. Pero no. Es mala y con ganas. Si Demi y Gary estaban sobreactuados en la adaptación de la novela de Nathaniel Hawthorne, en Striptease ni el legendario Burt Reynolds se salva. Más bien sientes mucha vergüenza ajena.

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Mi teoría es que Demi Moore se dejó llevar por el ego que le inflaba el mundo. Las películas que sacaban a relucir su belleza, sobre todo ensalzándola como mito erótico, triunfaban en taquilla y Hollywood estaba dispuesto a pagarle sueldos históricos con tal de seguir exprimiendo sus dotes naturales a través de imponer su faceta más seductora. Ella quiso verlo como un acto feminista abriendo el camino a otras mujeres para que también tuvieran protagonismo en Hollywood. Es cierto que lo consiguió pero no de la manera que sus colegas de profesión querían. No solo Michelle Pfeiffer estuvo en contra, Susan Sarandon y Meryl Streep también criticaron la representación femenina que Demi prestó en Acoso, por ejemplo (vía Independent).

El director Roland Joffé cambió el final y muchas escenas de La letra escarlata hasta el punto de despertar el odio entre los escolares amantes de la novela de 1850. El cartel promocional con una Demi disfrutando de placer con el pecho casi al descubierto seguramente habría hecho que el autor se revolviera en su tumba. Después de todo su novela no era un drama erótico sino una exploración del pecado y la culpa.

Cartel de 'La letra escarlata' (Distribuida en España por Lauren Film)
Cartel de 'La letra escarlata' (Distribuida en España por Lauren Film)

Mientras tanto Striptease daba de qué hablar antes de llegar a los cines y simplemente porque se decía que Demi Moore había rodado alguna escena en topless. Un boom puramente mediático que se apoyaba en esa fascinación por la belleza física de la actriz cuando, en realidad, ya había protagonizado secuencias con desnudos incluidos en otras películas. Por increíble que parezca el thriller contó con un presupuesto de $50 millones y apenas recuperó lo invertido, mientras la crítica se centró de lleno en opinar sobre el horrible trabajo interpretativo de Demi Moore. Es cierto, tiene un cuerpo de infarto, se nota que entrenó día y noche para lucir un físico escultural, pero la profundidad dramática deja mucho que desear. La cinta no tiene sentido desde el principio mostrándonos a una mujer que después de perder su puesto como secretaria para el FBI, comienza a trabajar como stripper pero pierde la custodia de su hija (interpretada por una pequeña Rumer Willis) porque un juez decida dársela a su ex que, para rematar, es un criminal. Ella dice que le sigue poniendo nerviosa bailar ante extraños pero sus bailes son de una experta como Jennifer Lopez en Estafadoras de Wall Street. Por ahí aparece un asesinato sinsentido, un congresista obsesionado y ese ex para internar en un psiquiátrico. Todos obsesionados con ella, mientras ella baila con gestos sensuales que agotan a cualquiera.

Demi tuvo la desfachatez de decir en una entrevista de 1996 que “Striptease es un thriller político grandioso que no podría hacerse sin un poco de desnudez” (Independent). OMG. Sin palabras. Y yo mientras pidiendo que me devuelvan las dos horas perdidas viéndolo de nuevo.

Después de un desastre tras otro llegaron más, todos ellos apoyados en esa obsesión, fascinación o quizás confusión de que su trabajo como actriz era lucirse de alguna manera, como sea. Sucedió en G.I. Jane, una película que solo recordamos por lo mucho que entrenó y porque se rapó el cabello ante la cámara. Meros detalles superficiales. Por aquel entonces su reputación también comenzaba a sufrir, siendo conocida por Tinseltown como una diva que exigía aviones privados a los estudios o se negaba a hacer películas que no le pagaban lo que ella pedía (dicen las malas lenguas que rechazó Mientras dormías por ese motivo, la comedia romántica que catapultó a Sandra Bullock).

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Estos fracasos la habrían hecho recapacitar y después de prestarse a un papel secundario para Desmontando a Harry de Woody Allen, se marchó a su rancho de Idaho a criar a sus hijas. Allí sigue viviendo desde entonces (es donde pasó la cuarentena con Bruce Willis). Poco a poco fue regresando al candelero pero esta vez con una madurez interpretativa diferente como fue su actuación en Pasión por vivir (2000) o su buen sentido del humor siendo el soplo de aire fresco -el único- como la villana de Los ángeles de Charlie: al límite (2003). Un papel para el que su caché ya había bajado drásticamente a los $2 millones.

Érase una vez… Demi Moore llegó a lo más alto e hizo historia, pero de ese capítulo ya casi nadie se acuerda. Es cierto que logró superar un récord que se antojaba muy difícil para las mujeres a mediados de los 90s. Y se podría decir que abrió las puertas a sus compañeras para que pidieran lo que merecían con salarios que igualaran a las estrellas masculinas. Aunque también se podría decir que se equivocó de puerta optando por el camino del ego y la exaltación física por encima de su talento. O más bien que la entornó y luego Julia Roberts la terminó de abrir de par en par. Tres años después del logro de Demi, la novia de América superaba su récord cobrando $15 millones por Notting Hill y entrando “al club de los 20 millones” un año después por Erin Brockovich. Cómo aprovechó cada una el hito es evidente, como también el resultado obtenido. A Demi hoy la vemos de vez en cuando en papeles sólidos pero poco memorables, mientras el currículo de Julia demuestra lo contrario.

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