Del glamour de Ibiza a un suburbio de Calcuta

Esther Bedia Alonso

Ibiza, esa isla con la que muchos sueñan, antaño refugio de hippies, actualmente destino estival por excelencia de famosos de toda índole, un paraíso de fiesta y lujo en el que, sí, también hay gente que trabaja. Ese era el hogar de Ana Villanueva, entonces jefa de prensa en la mítica discoteca Space, hasta que un invierno decidió viajar a Calcuta. “El cambio estaba dentro de mí”, explica Ana. Lo cierto es que su experiencia en India caló tanto en su interior que, tres años después de su primer viaje, abandonaba una cómoda rutina en el primer mundo para crear la ONG Amavida  en un slum (suburbio) calcutense.



Su primer viaje a India duró dos meses. Iba “de mochilera” y con la intención de probar el voluntariado: “Estudié en un colegio de monjas que, año sí, año no, nos ponían la película de la Madre Teresa, así que no podía dejar de ir a Calcuta”. Cuando volvió a España su concepto de vida había cambiado, aunque todavía no era consciente de hasta qué punto. “Tenía un trabajo de temporada en el que ganaba bien y me permitía irme, así que al año siguiente repetí”, cuenta esta madrileña, licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas. “Muchas veces, cuando no vemos la realidad no te planteas hacer otras cosas, vives en tu mundo, en tu rutina, estás cómoda... Pero tanto va el cántaro a la fuente...”, ríe Ana. Fue entonces cuando hizo balance y pensó en lo que realmente la hacía feliz: “No es que no me gustara mi trabajo, pero eran dos mundos totalmente opuestos. Imagínate, un slum de India y una disco en Ibiza. En España la gente se quejaba de cosas que cada vez me parecían más triviales mientras los niños en India sonreían a pesar de todo lo que les falta. Esos niños me cautivaron para siempre”.

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El tercer viaje fue el definitivo. En 2009 llegó a India sin billete de vuelta y buscando una habitación para alquilar conoció a Mimi, una mujer india que había construido una escuelita al sur de Calcuta en honor a su único hijo, fallecido de leucemia. “Es muy típico allí. Cuando muere un hijo la familia hace algo por la sociedad como homenaje”, explica Ana. Era época de monzón cuando fue a conocer la escuela. “Un ciclón se había llevado el tejado y la primera imagen que tengo del sitio son los niños, cada uno con un cubo para achicar el agua, apretados como chinches pero sonriéndome”, recuerda. Mimi estaba pensando cerrar la escuela por falta de recursos. Ana le dijo que esperase, que intentaría conseguir dinero y volvería: “Para mí fue una señal. Aquello no podía cerrar. En España organicé unos mercadillos solidarios. Salieron tan bien que recaudamos dinero suficiente para seguir con el proyecto”. Ese mismo año fundó Amavida.



Fiestas que alimentan a niños
 
Ana asegura que en ningún momento tuvo miedo y jamás se ha arrepentido de su decisión: “Las cosas al principio se iban haciendo con mi dinero. Pensaba que cuando se me acabase vendría a España a trabajar. Me tiré tres años y medio del tirón en India. Solo venía en Navidades para los mercadillos. Desde el año pasado trabajo en verano en Ibiza. Todo lo que gano aquí lo gasto allí en invierno”.

Lo único que le quita el sueño es que el dinero no llegue para cubrir las necesidades de los niños: “Lo que yo gano no se puede explicar con palabras”. Hasta ahora, cada año es un triunfo: “Recibimos donaciones, Space Ibiza y Fundación Europamundo, a las que tengo mucho que agradecer, nos patrocinan de forma continuada, se siguen apadrinando niños... Vamos muy justos, no andamos sobrados de nada, pero es otro año que vamos a poder alimentarlos”.

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En cuanto a los inconvenientes de vivir en India, Ana no carga las tintas. Lamenta los apagones y cortes de agua continuos, el ruido y la contaminación: “Es lo que peor llevo. Me siento como si fumara cuatro puros diarios”. También hay “situaciones difíciles de digerir”: “A veces llego a casa y me sube la fiebre de golpe porque somatizo mucho”. En cualquier caso, nada que la haga cambiar de rumbo: “Me veo siempre allí. Algo muy gordo tiene que pasar para no continuar. Además, mis niños ya me han dicho que me van a cuidar cuando sea mayor”.