Lo que decimos, lo que creen que decimos, lo que creemos que decimos

La ministra de Igualdad, Irene Montero. (Photo: Europa Press News via Getty Images)
La ministra de Igualdad, Irene Montero. (Photo: Europa Press News via Getty Images)

La ministra de Igualdad, Irene Montero. (Photo: Europa Press News via Getty Images)

“Somos tres personas”, recordaba Lawrence Pervin, “la que somos, la que los demás creen que somos y la que nosotros creemos que somos”. Si aplicamos este principio a las declaraciones políticas, el tres se convierte en un cuatro; cuando un político hace una declaración, en realidad hace cuatro declaraciones: la que hace, la que sus enemigos creen que hace, la que sus amigos creen que hace y la que él mismo cree que hace. Con frecuencia estas cuatro declaraciones no tienen nada que ver entre sí. Unas palabras de la ministra Irene Montero han creado la gran polémica de esta semana y nos ha ofrecido una ocasión perfecta para ejemplificar cómo se concreta el principio de Pervin de las Declaraciones Políticas. Veamos los cuatro discursos:

  • Lo que Irene Montero dijo: “Todos los niños, las niñas, les niñes de este país tienen derecho a conocer su propio cuerpo, a saber que ningún adulto puede tocar su cuerpo si ellos no quieren, y que eso es una forma de violencia; tienen derecho a conocer que pueden amar o tener relaciones sexuales con quien les dé la gana, basadas, eso sí, en el consentimiento. Y eso son derechos que tienen reconocidos y que a ustedes no les gustan.”

  • Lo que la ultraderecha creyó oír: “Si el menor consiente ninguna relación sexual sea condenable, se mantenga con quien se mantenga. Los adultos pueden mantener relaciones sexuales con niños pequeños si a éstos también les apetece. Viva la pederastia. Viva la corrupción de menores. ¡Acabemos para siempre con la familia tradicional mediante la promoción universal del incesto, muahaha!”

Cuando un político hace una declaración, en realidad hace cuatro declaraciones: la que hace, la que sus enemigos creen que hace, la que sus amigos creen que hace y la que él mismo cree que hace

  • Lo que Podemos creyó oír: “Para evitar que sean abusados, abusadas o abusades por adultos, adultas o adultes, los niños, las niñas y les niñes han de recibir una educación sexual en donde aprendan que, cuando dentro de muchos años sean mayores de edad, podrán amar libremente a quien ellos, ellas y elles quieran, cosa que no ha existido hasta que lo hemos propuesto nosotros, nosotras y nosotres y que jode mucho a la iglesia católica.

  • Lo que Irene Montero estaba oyendo en su cabeza: (sobre este punto sólo podemos hacer especulaciones, porque la ministra no ha ofrecido ninguna aclaracion) “Eh… a ver qué cliché digo ahora… los niños y las niñas ¡y les niñes! Que no se me olvide decir ‘les niñes’… ¿Cómo empecé la frase, que ya no me acuerdo? Venga, un tirón final con la palabra ‘derechos’ y ‘relaciones sexuales’. Un momento, ¿estoy hablando de niños? Eh…”

El propio Pervin lo reconocía: es difícil saber quiénes somos. Es mucho más fácil saber qué decimos, sobre todo si somos ministros del Gobierno de España y queda grabado. Cuanto más ambiguo es un discurso, más permite ser interpretado de formas que hablan más del intérprete que del discurso. Y la niebla mental mezclada con la demagogia suele producir logorrea vacía, eslóganes publicitarios, discursos tan huecos como las manchas de tinta de los psicoanalistas.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

MÁS DE JOSÉ ERRASTI