Decidir no tener una relación estable: una decisión que aún cuesta entender

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Parece que de forma natural el estado más estable para vivir nuestra vida es el que se mantiene en una relación de pareja, con una compañía mutua constante y con la seguridad de que se está contribuyento a un proyecto común que avanzará dentro de unos parámetros fácilmente entendibles por cualquiera: probablemente tener hijos, realizar viajes familiares, compartir todo tipo de decisiones y de novedades, etc. Sin embargo ¿es esta la única opción para ser felices?

Existe cada vez un número mayor de personas que han decidido, como opción de vida, no vincularse a una pareja y ser completamente independientes para vivir su vida. No como estado de espera ante una futura relación por venir, sino como decisión elegida y razonada de no negarse la libertad de vivir en soledad elegida de forma indefinida.

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La balanza de la autoestima

Cuando estamos en una relación de pareja podemos obtener un empujó extra en nuestra autoestima por saber que hay alguien que está a nuestro lado de forma incondicional. Contínuamente podemos ver el beneficio de ese apoyo constante que una pareja estable puede hacer en nuestra forma de vernos y presentarnos al mundo. Sin embargo, cuando vivimos sin pareja, y es una decisión voluntaria y activa, este refuerzo de autoestima puede verse potenciado de la misma manera y tal vez resultar más estable.

Porque desde una perpectiva de soltería voluntaria, la relación estable que mantienes es contigo misma y con tu propia libertad. Construyes tu identidad solo en base a ti, y puedes modular y potenciar tus atributos positivos, y trabajar aquellos con los que menos orgullosa te sientes para conseguir mejorarlos, sin que en ningún momento de esta ecuación entre en juego otra persona. De esta forma, para sentirte bien contigo misma dependes de ti y sólo de ti, lo que tal vez es un camino algo más lento, pero sin duda más seguro, pues si de algo podemos tener la máxima seguridad es que tú siempre estarás a tu lado.

Desarrollo integral de tu personalidad

Cuando convivimos en pareja, o la mantenemos en paralelo a nuestra vida aun sin llegar a hacer vida bajo el mismo techo, consensuamos nuestras decisiones y realizamos un ejercicio de tolerancia acerca de lo que le importa al otro: sus gustos, sus necesidades, sus tiempos… Todo esto es muy beneficioso a nivel humano, pues nos hace abrir nuestra percepción racional sobre aquello que demanda otra persona que, pese a estar elegida por ti, no siempre actúa y se relaciona de una forma cercana a la tuya.

Sin embargo, al estar sin pareja de forma elegida y estable, estas dedicando mucho más tiempo a escuchar verdaderamente lo que tú necesitas, a descubrir tus ritmos, tus auténticas motivaciones vitales, y a sacarles todo el provecho. Esto no quiere decir que reniegues de la empatía hacia los demás o que no seas capaz o no te preocupes de atender las necesidades de otros, sino que trabajas por encima de todo en tu estabilidad emocional y en tu desarrollo integral como persona, evitando entrar en contradicciones sobre aquellas cosas que verdaderamente no quieres hacer y que poco a poco pueden hacer que te conviertas en un reflejo de alguien que no deseabas ser.

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¿El miedo al compromiso es realmente malo?

Comprometernos con otra persona significa aceptar unas reglas de juego estandarizadas que por lo general son bastante rígidas. El compromiso significa, por tanto, ser coherente con una fidelidad mutua, y ahondar cada vez más en la figura del otro aunque en ese periplo a veces descuidamos nuestra propia esencia. No hacerlo o negarnos a una relación de pareja estable puede parecer miedo al compromiso, pero también, visto desde otro ángulo, puede entenderse fácilmente como un miedo a dejar de ser coherente con lo que una realmente quiere hacer en cada momento.

Una mala experiencia amorosa puede ser el condicionante que nos hace negarnos a buscar una nueva pareja e iniciar una relación, sin embargo, puede no tratarse tanto de un rechazo “traumático”, y ser realmente una situación de reenfoque de nuestra vida. En ocasiones, los acontecimientos están para aprender de ellos.

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