Termina la década que nos cambió para siempre con la revolución del streaming

“Hacemos el balance de lo bueno y malo, cinco minutos antes de la cuenta atrás” dice ‘Un año más’, la famosa canción de Mecano que tanto solemos escuchar en estas fechas y que hoy me inspira para hacer balance de la década que termina. Diez años que quedarán marcados por la llegada del streaming a nuestras vidas, el gran cambio en la industria del entretenimiento que, sin dudas, ha modificado para siempre nuestra manera de consumir series y películas, creando una competencia voraz de calidad nunca vista.

(©Cortesía de Netflix)

No hay dudas de que el streaming nos ha cambiado. Como espectadores, pero también como seres sociales de una misma cultura. Así de influyente ha sido este fenómeno en la última década. El surgimiento de las plataformas con títulos a la carta nos ha convertido en espectadores más individualistas e incluso diría que en permanente estado de angustia ante la falta de tiempo para devorar todo lo que nos seduce a golpe de clic. A las nuevas generaciones nos atrae el menú de los servicios de streaming por el hecho de tener a nuestro alcance, por unos pocos euros, una oferta casi ilimitada de opciones. Y no sé hasta qué punto el exigir recomendaciones constantes de vídeos bajo demanda, viviendo una experiencia cada vez más solitaria y personalizada, puede resultar contraproductivo a largo plazo.

De momento, a corta distancia, más de uno ya hemos decidido cambiar un plan de viernes noche con amigos por apuntarnos a la moda binge-watching, o lo que es lo mismo, hacer un maratón televisivo de una sentada antes de que nos coman los spoilers en la red. A pesar de que asumo que vivimos inmersos en una sociedad acelerada, creo que no nos favorece este ritmo de consumo frenético donde ya casi nada nos sacia, sólo queremos más y más contenidos porque no somos capaces de disfrutar de lo que nuestro par de ojos tiene de forma accesible. Ahora somos más de apuramos para bebernos de un trago todos los capítulos de cualquier serie.

Si en los años cincuenta del pasado siglo se produjo el florecimiento de la televisión tradicional, o la famosa “caja boba”, esta década vivimos un fenómeno que ha cambiado drásticamente la experiencia del entretenimiento audiovisual y el mercado en sí mismo. Mientras tanto, los canales de señal abierta luchan por mantenerse a flote a base de realities y concursos de talento, añadiendo la expansión al mercado online como una de sus necesidades. Por ejemplo, según los números del portal CNMCData, en España consumimos unas 4 horas de televisión al día y, aunque la mayoría de este tiempo conectamos con la TDT (televisión digital terrestre), el porcentaje ha ido cayendo a favor de otro modelo de negocio.

La evolución del sector audiovisual en los últimos años de la década ha sido extraordinaria, como demuestra el informe anual Theme Report publicado el pasado mes de marzo por la Motion Picture Association of America. En sus resultados destacan la expansión de las suscripciones a servicios de vídeo online, que en 2018 alcanzaron la cifra de 613,3 millones en todo el mundo representando un crecimiento del 27% respecto al año anterior.

The Witcher, la próxima apuesta de Netflix para el cierre de década (Katalin Vermes; Netflix)

Evidentemente, la evolución tecnológica ha impulsado esta revolución del streaming gracias a la cual ahora los espectadores podemos decidir no sólo qué ver y cómo hacerlo, sino también el cuándo porque los títulos están disponibles a nuestro antojo, a un mero clic de distancia. Me río ahora de mi yo pasado pueril esperando una semana entera para conocer cómo continuaba mi serie de turno favorita. Siempre a la misma hora y día, y por el mismo canal, con un compromiso personal que requería estar disponible sin quejas. Éramos nosotros quienes estábamos disponibles para las series y ahora es al revés. Los productos audiovisuales nos rodean a nuestro antojo, cuando queremos y cómo queremos. Esta facilidad al acceso ha cambiado por completo la cultura televisiva, creando un enganche al streaming que redefine al espectador, pero también a la industria con una competencia brutal de alta calidad.

No cabe duda que la irrupción de las plataformas de streaming ha contribuido a una mayor libertad de los creadores y, como consecuencia, se ha producido una creciente diversidad tanto de voces como de contenidos, rompiendo con estereotipos que durante décadas han sido nuestra peor sombra, y apostando sin complejos por la representación de los diversos colectivos mientras se intenta captar a las audiencias jóvenes con títulos que puedan servirles de espejo. Ahí está Pose como ejemplo claro (y magnífico) de la incorporación de miembros de la comunidad LGBTQ que hasta ahora no tenían apenas presencia en la televisión tradicional y que cuentan una historia acorde a nuestra presente realidad. Porque nos hemos quitado el velo de los ojos, dejando atrás lo políticamente correcto e interesándonos en la puesta en marcha de productos audiovisuales igualitarios que sean abordados desde la mayor franqueza y naturalidad posible.

Y es que disfrutar de los contenidos en streaming se ha convertido en nuestra nueva realidad, en el mayor hito de la década 2010-2019. Pero, como todo en esta vida, el negocio de los servicios streaming no sólo nos ha regalado buenas historias sino que también nos está dando algún que otro quebradero de cabeza. Básicamente a nuestro tiempo y nuestro bolsillo. Con el reciente aterrizaje de Disney+ (que llega en marzo a España) y Apple TV+, a los espectadores cada vez nos resulta más complicado elegir una oferta a la que dedicar nuestra atención así como pagar suscripciones en diferentes plataformas. Y todo por culpa del exceso de la oferta que, a la vez, está dificultando a las propias plataformas. Como es el caso de Amazon Prime o Netflix que en 2020 se enfrentarán a la gran batalla de retener a su público a nivel mundial.

(©Cortesía de Netflix)

En cierto modo, la puesta en marcha de nuevos gigantes de entretenimiento, que responden a la evidente demanda del mercado, está complicando que los presentes se hagan con su trozo del pastel y que capten nuevos suscriptores. Es prácticamente utópico si además tenemos en cuenta que deben pagar un alto precio por mantener las series más vistas. Y ahí tenemos el caso de Friends, que dejó de estar disponible en Netflix para pasarse a HBO tras el acuerdo con Warner para lanzar su propia plataforma conjunta.

Quizás, una de las claves para el triunfo en un ambiente tan hostil podría ser la combinación de producción de contenido original con la recuperación de títulos icónicos para el gran público. En este sentido, HBO Max (unión de WarnerMedia y HBO) se postula como uno de los catálogos más ventajosos que viene aparejado con el cambio de década. De igual forma, a punto de cerrarse 2019, Netflix (la plataforma que allanó el camino a este modelo de consumo desde el histórico lanzamiento de House of Cards en febrero de 2013) ha acelerado su apuesta por el contenido original y exclusivo invirtiendo una millonada en títulos como The Crown o Stranger Things, que se han convertido en modelos de negocio en sí mismos, así como largometrajes como El Irlandés o Historia de un matrimonio con miras a los Óscar.

Resulta admirable analizar cómo las plataformas han encontrado un lugar tan imprescindible en nuestras vidas, llegando incluso a cambiar la visión de productores, estudios y cineastas, prestando más atención a lo que queremos ver en casa, y no solo a aquello que hace dinero en taquilla. La oferta se ha ampliado, sin embargo, resulta doloroso imaginar que el cine tradicional termine pagando las consecuencias del fenómeno. Las salas de cine compiten cada fin de semana con las nuevas propuestas constantes del streaming y, si a esto sumamos que la forma de consumo del espectador está cambiando, con nuevas generaciones de seriéfilos y cinéfilos acostumbrándose a ver historias en pantallas tan pequeñas como la de un móvil, quizás sea cuestión de tiempo para que vivamos la década en que murió el cine comercial. Esperemos que no. Que ambos mercados puedan compartir el fenómeno.

Eso si, con la cantidad de plataformas que tendremos disponibles a partir de la próxima década, será mejor que vayamos haciendo cuentas y preparando los bolsillos.

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Imágenes: ©Netflix