Lo que debes saber para combatir el cáncer de piel

Lo que debes saber para combatir el cáncer de piel
Lo que debes saber para combatir el cáncer de piel


© Thinkstock

La piel es el órgano más grande del cuerpo, lo envuelve en su totalidad, lo protege contras agresiones externas como el calor, el frío, la luz solar o las infecciones y regula su temperatura. La piel nos separa del entorno pero, sobre todo, nos une a él a través de ese maravilloso sentido que es el tacto.

Es, pues, un órgano valiosísimo que debemos preservar, principalmente de los rayos ultravioletas, responsables de los tres tipos de cáncer de piel que existen: el carcinoma de células basales, el carcinoma de células escamosas y el melanoma, el más grave de todos.

El cáncer de piel es cinco veces más frecuente que el de mama y el de próstata, los más prevalentes en la mujer y el hombre, respectivamente. En España, cada año aparecen 50.000 nuevos casos, de los cuales 4.600 son melanomas, que causan el 90 por ciento de las muertes por esta enfermedad, según datos que se conocieron en el XIII Congreso Mundial de Cáncer de Piel, celebrado en Madrid.

El sol, tan necesario como perjudicial

De manera que el sol es el principal enemigo de la pie, pero ¿siempre?

No. La luz solar es necesaria para el funcionamiento del organismo: estimula la producción de vitamina D, la cual previene el raquitismo y la osteoporosis, dilata los vasos reduciendo la tensión arterial –de ahí que estar al sol sea tan placentero– y favorece la circulación sanguínea periférica.

Lo que sí resulta potencialmente nocivo es la radiación, concretamente la ultravioleta (UV). De los tres tipos de UV que existen, los UVB son los más peligrosos. En condiciones normales, estos rayos son absorbidos por la capa de ozono, pero debido a su deterioro, éstos llegan con mucha más potencia y suponen una amenaza para el hombre, los animales y las plantas. Los otros rayos, los UVC y los UVA, son más benévolos. Los primeros porque, a pesar de ser los más fuertes, son absorbidos por el oxígeno y el ozono en su totalidad; los segundos porque llegan a la Tierra muy debilitados.

¿Y cómo afecta el sol a la piel?

La lesión más común e inmediata que produce el sol en la piel es la quemadura, que puede producir enrojecimiento, hinchazón y ampollas. “Si no se cura bien, la quemadura puede dejar una cicatriz de por vida”, alerta Julián Conejo-Mir, presidente de Honor de la Academia Española de Dermatología y Venerología (AEDV) y Jefe del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Servilla. “Quemarse de vez en cuando no produce problemas, pero la quemadura repetida es uno de los principales factores en el desarrollo del cáncer de piel”, agrega. No hay que olvidar que el bronceado es, en realidad, una lesión en la piel. “Cuando ésta recibe los rayos UV se protege produciendo más pigmentos o melanina”.

Pero, sobre todo, el sol acelera el envejecimiento cutáneo, aunque una epidermis más morena pueda lucir más lozana. El estímulo de la radiaciones sobre los melanocitos, los responsables de darle el color tostado a la piel, hace que estos pigmentos se acumulen de forma desordenada, formando manchas o zonas hiperpigmentadas, explica el experto. “El envejecimiento natural produce arrugas finas, pero la piel sigue siendo lisa y suave. El deterioro que produce el bronceado, en cambio, las hace más marcadas y profundas, al tiempo que aumenta la flaccidez”.

Hay más. La radiación UV va produciendo un deterioro gradual del ADN celular. Con el tiempo, los rayos UVB causan alteraciones en el genoma y los UVA se convierten en radicales libres, capaces de modificar el material genético y saturar los sistemas defensivos de la piel, advierte Conejo-Mir. Éstos son fenómenos que ocurren a diario y que el organismo corrige mediante la proteína p53; pero llega un momento en que esta sustancia deja de poder reparar un daño repetido y excesivo, y entonces aparecen lesiones premalignas y malignas como los carcinomas y los melanomas.

Y si hablamos de radiación, es imposible no pensar en las cabinas de bronceado. La AEDV alerta de que “la luz UV que emiten las lámparas UVA causa envejecimiento prematuro y potencia el riesgo de desarrollar cáncer de piel”. Y lo que es peor, estas lámparas, cuando se van gastando, emiten luz UVA, “con lo que estamos recibiendo rayos sumamente dañinos sin saberlo”. No obstante, los dermatólogos mencionan que en el tratamiento de algunas enfermedades cutáneas, como la psoriasis, la radiación UVA puede ser útil.

El protector solar, un gran aliado

El hábito de tomar el sol y broncearse es relativamente nuevo, data de hace unos 50 años. Lo mismo ocurre con los protectores, que surgieron durante la Segunda Guerra Mundial con el fin de proteger a los soldados que combatían en lugares calurosos como África o Filipinas. La primera sustancia utilizada para este objetivo fue el aceite de parafina rojo, derivado del petróleo. Con el tiempo se fueron creando cremas cada vez más sofisticadas, hasta llegar a la gran variedad de productos solares con que contamos hoy en día. Éstos pueden clasificarse en protectores y bloqueadores.

“Los primeros contienen sustancias orgánicas que protegen contra la radiación B, mientras que los otros incorporan sustancias inorgánicas que permanecen en la piel sin absorberse, evitando que tanto los rayos UVA como los UVB penetren en la epidermis”, explica el dermatólogo.

En cuanto al FPS, es un número que indica cuál es el múltiplo de tiempo al que se puede exponer la piel protegida para que adquiera el mismo tono que obtendría sin ninguna protección. Es decir, que si el primer día de exposición alguien se quema en 10 minutos, con un FSP 15 conseguiría el mismo resultado en 150 minutos (10x15). El problema, sin embargo, reside en la falta de homologación de estos FPS de una marca a otra. Para resolver esta situación, en Europa se creó, en 1994, el índice COLIPA, que otorga su protección homologada. Pero existen otros, como el FDA norteamericano o el DIN alemán.

Ante esta oferta infinita, ¿cómo elegir el protector solar más adecuado? ¿Y cómo utilizarlo?

La AEDV recomienda comprar los protectores de “amplio espectro”, es decir, que filtren tanto los rayos UVB como los UVA. El FPS debe aparecer en la cara principal del envase. Según el índice COLIPA, los FPS del 2 al 11 son bajos o medios, entre 15 y 25 se consideran altos y a partir de 30, muy altos. El 50+, aunque se denomine “pantalla total”, sólo protege en un 97%, apenas algo más que el FPS 30, que puede absorber más del 92% de la radiación.

Todas las personas, incluidos los bebés de 6 meses, deben utilizar protectores solares. “Ser de piel morena no es excluyente, si bien es cierto que los tipos de piel blanca son más susceptibles de desarrollar cáncer de piel”, advierte Conejo-Mir. El producto, ya sea crema, spray, gel, emulsión o aceite, “debe aplicarse en todas las partes del cuerpo expuestas al sol, y esto incluye el borde de las orejas, los labios, la porte posterior del cuello y los pies”, recomienda.

La cantidad de producto debe ser de 2 mg por 2cm2, el cual debe reaplicarse cada dos o tres horas, después de haber estado en contacto con el agua o haber sudado mucho. En cuanto a las diferencias entre Water-resistant y Water-proof, el primero se mantiene en la piel tras 40 minutos de permanencia dentro del agua y el segundo, tras 80 minutos.

Recomendaciones generales contra el sol

La AEDV recomienda algunas medidas básicas de prevención contra el sol. Muchas de éstas ya se conocen, pero en ocasión del Día europeo para la prevención del cáncer del piel vale la pena repetirlas:

  1. Para protegernos del sol, debemos usar habitualmente sombreros, camisetas de manga larga, pantalones o faldas largas y gafas de sol. Además, es requisito utilizar protectores solares con factor alto –el menos 30 SPF– 30 minutos antes de la exposición al sol, reaplicándolo cada dos o tres horas.

  2. En verano, debemos evitar exponernos al sol entre las 12 y las 17 horas; y en invierno, aunque esté nublado, también es aconsejable utilizar protector solar, sobre todo si se hace deporte al aire libre.

  3. Ante cualquier lesión cutánea nueva o que se haya modificado en poco tiempo, es necesario consultar con el dermatólogo.

Diagnóstico y detección del melanoma

El sistema ABCDE es un procedimiento muy sencillo que permite detectar los primeros signos del melanoma. Los lunares que presentan las siguientes características deben ser examinados por un médico experto, quien sólo mediante una biopsia podrá determinar si la persona padece o no esta enfermedad cancerígena.

A= Asimétrico
B= Borde irregular
C= Color variable
D= Diámetro mayor de 6 milímetros
D= Evolución de la forma, el borde, el tamaño o el color

Paloma Gil Estrada

Más información:
Prevención del cáncer
Diagnóstico precoz del cáncer
Foro Salud

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