¿De verdad que el pacto de Gobierno no cuajó por culpa de whatsapp y telegram?

Podemos emplea de manera regular Telegram para sus comunicaciones internas y externas. (Photo by Dmitry Feoktistov\TASS via Getty Images)

Hay casos en los que un descuido ha valido el descubrimiento del antibiótico, como cuando el despistado y desordenado científico escocés, Alexander Fleming, se percató de que había olvidado vigilar unas placas donde había cultivado una bacteria llamada Staphylococcus aureus. Cuando reparó en ello observó cómo allí había crecido de repente un hongo contaminando su trabajo. Sin embargo, su despista permitió el descubrimiento de la penicilina, uno de los antibióticos más utilizados para tratar las enfermedades infecciosas.

Y en otros casos, que el despiste vale un Gobierno. O un 'no Gobierno'. Todo ocurrió el pasado miércoles, cuando el PSOE y Unidos Podemos intentaban sellar un pacto a la desesperada que le garantizara a Pedro Sánchez su investidura. Los unos ofrecían una vicepresidencia y dos ministerios, los otros reclamaban mayor competencia para la hipotética vicepresidenta Irene Montero, y carteras con más presupuesto... Y así, en pleno tira y afloja, hubo un punto de encuentro.

Un momento en el que las cesiones de unos y las exigencias de otros parecieron converger ante la presión añadida del fracaso negociador de la izquierda. El ministerio de Igualdad que inicialmente la vicepresidenta Carmen Calvo se negaba a ceder, entró como moneda de cambio tras la insistencia de Unidos Podemos. ¿Era esa la llave para la formación de un Ejecutivo tres meses después de las elecciones?

Todos los que conocían el contenido de las negociaciones coinciden al decir que casi seguro que sí. ¿Qué pasó entonces para que al día siguiente fracasara la votación? Pues que más allá de que el mercadeo de ministerios había conllevado una desconfianza mutua -hormonada por las mentiras de unos y otros como cuando Sánchez negó que fuera a vetar a Iglesias para, días después, confirmarlo en televisión- existe una importante, pero sonrojante, discrepancia tecnológica.

Según cuenta Carlos E. Cué en El País, buena parte de la culpa del fracaso de la negociación fue que, cuando Calvo decidió ceder Igualdad, decidió comunicárselo a sus interlocutores vía Whatsapp. ¿El problema? Que en Unidos Podemos el servicio de mensajería preferido por sus dirigentes es Telegram. Así de simple, y así de ridículo.

Siempre según la reconstrucción de los hechos de Cué, el secretario general de Podemos, Pablo Echenique, apenas usa WhatsApp y tardó en ver un mensaje. Para cuando los unos cayeron en la cuenta de cambiar de app en su móvil para comunicarse y que los otros recordaron abrir la otra en sus dispositivos... Sánchez e Iglesias ya habían certificado en una llamada relámpago entre ambos que la negociación estaba rota. Increíble pero cierto.