De los 50 a los 30: la 'nueva' edad de mayor riesgo para el cáncer de mama

Expertos en plaguicidas y toxicología vinculan la exposición a los pesticidas utilizados en la agricultura con el ascenso de casos de cáncer de mama en mujeres jóvenes. (Foto: Getty)

La causa de la mayoría de los cánceres de mama es desconocida (los genes representan solo del 5 al 10 por ciento de los casos), pero una nueva investigación acaba de revelar que la exposición a unos niveles altos del pesticida DDT -presente en muchas frutas y verduras que consumimos-, aumenta el riesgo de cáncer de mama.

El estudio, publicado recientemente en ‘Journal of the National Cancer Institute’, acota esa exposición y sostiene que las mujeres expuestas en el útero al pesticida DDT (ahora prohibido) tienen un riesgo cuadruplicado de desarrollar la enfermedad.

Es decir, que el momento en que el cáncer surge depende de cuándo las mujeres se expusieron por primera vez a la sustancia, señalan los investigadores.

Los contaminantes invisibles presentes en algunos alimentos (como las fresas) los convierten en sospechosos de alterar el sistema endocrino y la capacidad reproductiva, llegando incluso a provocar cáncer de mama, también en la descendencia. (Foto: Getty)

Hay más de 30.000 estudios sobre las sustancias que alteran el sistema hormonal, que tienen como una de las consecuencias más graves el incremento del riesgo de cáncer de mama. Y este tipo de tumor  que se manifiesta hoy pudo tener su origen hace 40 años,  favorecido por exposiciones químicas en el útero materno.

En concreto, los resultados indicaron que las mujeres expuestas antes de los 14 años, especialmente en la infancia y la edad de la niñez temprana, tenían más probabilidades de desarrollar cáncer de mama premenopáusico, mientras que las que estaban expuestas tras la infancia tenían un mayor riesgo de desarrollar cáncer más tarde, a los 50-54 años de edad.

La exposición a estas sustancias químicas ambientales, especialmente al inicio de la vida, es un factor importante que contribuye al desarrollo del cáncer de mama. (Foto: Getty)

“Lo que hemos aprendido es que el tiempo realmente importa. Sabemos que, si las exposiciones dañinas ocurren en momentos en que el tejido mamario está cambiando rápidamente, como en la pubertad, afectan el desarrollo mamario de una manera que luego puede resultar en cáncer”, afirmó la autora principal del estudio, Barbara. A. Cohn, del Instituto de Salud Pública de Estudios de Salud Infantil y Desarrollo.

Se trata de un hallazgo realmente importante y trascendental porque “es posible que el DDT sea responsable de aumentar el riesgo de cáncer de mama para toda una generación de mujeres”, añade Shanna Swan, científica de salud ambiental en el Hospital Mount Sinai en Nueva York.

El cáncer de mama sigue en aumento debido a la exposición a pesticidas y otros tóxicos. (Foto: Getty)

La investigación sugiere que el DDT afecta al cáncer de mama como un disruptor endocrino, que el periodo de tiempo entre la primera exposición y el riesgo de cáncer parece ser alrededor de 40 años, “y que otras sustancias químicas que alteran el sistema endocrino podrían simular este tipo de patrón de riesgo”, según esta investigadora.

Aunque el DDT fue prohibido por muchos países en la década de 1970, muchas mujeres y niñas en Estados Unidos estuvieron expuestas al DDT a mediados del siglo XX, cuando se usó ampliamente este pesticida, que todavía está generalizado en el medio ambiente y se sigue utilizando para combatir la malaria en África y Asia. Ahora las niñas y mujeres jóvenes que estuvieron expuestas están alcanzando ahora la edad de mayor riesgo para el cáncer de mama, por eso los diagnósticos están creciendo (a nivel mundial).

Esa podría ser una de las razones, según Marieta Fernández, investigadora de la Universidad de Granada, de que el cáncer de mama sea una patología que aumenta cada año en prevalencia y que cada vez se presenta en mujeres más jóvenes y con tumores más agresivos.

“Hace años el cáncer de mama era propio de mujeres menopáusicas, mayores de 50 años, pero ahora cada vez vemos más chicas de 25-30 años y en ellas, además, los tumores son más agresivos”, asegura Fernández quien nos confirma que al analizar tejido mamario de mujeres enfermas, todas tenían un nivel de pesticidas superior al de las mujeres sanas.

¿Niños contaminados?

Según esta experta, es muy probable que el origen de este tumor sea muy antiguo, y que la exposición de riesgo pudo producirse incluso en el útero materno como ha demostrado la investigación que se hizo en California con mujeres que tenían unos niveles más altos de DDT cuando estaban embarazadas en la que se vio que sus hijas, décadas después, tenían más prevalencia de cáncer de mama.

Dicho proyecto involucra a tres generaciones de mujeres (desde la década de 1960) en el área de la Bahía de San Francisco; casi 15.000 madres, hijas y nietas consideradas “tesoros nacionales” porque están ayudando a los científicos a determinar si las exposiciones tóxicas de mujeres embarazadas están relacionadas con enfermedades en sus hijos décadas después.

¿Cómo podemos evitarlos?

La alimentación ecológica sería según apuntan los expertos una de las mejores forma de reducir el riesgo de tumores y evitar tal exposición, algo que puede ser especialmente positivo en el caso de los residuos de pesticidas disruptores endocrinos ya que es muy difícil poder establecer un umbral seguro para estas sustancias por baja que sea la concentración. Normalmente se suele evaluar el riesgo de los pesticidas examinando cada sustancia individualmente sin tener en cuenta  el “efecto cóctel” que pueden generar los 14 pesticidas presentes al mismo tiempo en una manzana o una fresa.

‘La docena sucia’

Cada año se elaboran registros sobre plaguicidas para controlar los químicos presentes en los alimentos y conocer aquellos con mayor y menor registro de plaguicidas. A los que dan positivo en diferentes residuos de plaguicidas y contienen mayores concentraciones de pesticidas que otros se les denomina ‘la docena sucia’. Son estos: Fresas, espinacas, nectarinas, manzanas, duraznos, peras, cerezas, uvas, apio, tomates, pimientos dulces y patatas.

Ese gesto no elimina elimina todos los pesticidas. Diluye una cucharada de bicarbonato de sodio en dos tazas de agua y dejar a remojo (unos 12 minutos) las frutas y verduras. (Foto: Getty)

Y los que menos residuos de plaguicidas contienen son: maíz dulce, aguacate, piña, repollo, cebolla, guisantes congelados, papaya, espárragos, mango, berenjena, melón dulce, kiwi, melón cantalupo, coliflor y toronja.

¿La solución? Tomar conciencia y apostar por la agricultura ecológica, con menos pesticidas y que además tiene más propiedades alimenticias. El elevado precio de esta alimentación no debería influirnos según apunta Muñoz Calero: “Lo que realmente nos debería preocupar es lo que nos estamos llevando a la boca cuando compramos comida barata”.

“Si cuando conducimos usamos el cinturón de seguridad o frenamos cuando hay un stop por precaución, ¿por qué no hacemos lo mismo con los productos que pueden ser nocivos para nuestra salud?  No tenemos que esperar a que se manifiesten los daños irreversibles que ocasionan muchos pesticidas; la prevención es la clave. Para evitar la enfermedad en nosotros y en nuestra descendencia, lo mejor es no exponerse a las sustancias que están bajo sospecha aunque no estén prohibidas por la normativa”, concluye la investigadora.

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