De Jong y los enfermos del vídeo

De Jong, revisando sus jugadas (F.C.Barcelona)

Vamos a partir de una base muy clara. Frenkie De Jong es lo mejor que le ha pasado al Barça en décadas. Desde la llegada de Ronaldinho en 2003, no se recuerda una incorporación azulgrana que genere tanta ilusión como la del holandés. Evidentemente ni el palmarés del club está tan mal como lo estaba entonces ni De Jong es -ahora mismo- el Balón de Oro desbordante que fue el brasileño mientras quiso. Aún así, uno es capaz de encontrarse con sensaciones paralelas en ambos casos. Nos referimos principalmente a la sensación de un club en continuo estado de improvisación, un banquillo cuestionado y un equipo que, pese a ser competitivo, no enamora al socio como los grandes Barças de antaño. La sonrisa de Ronaldinho cambió todo eso y, hoy, la actitud del holandés va camino de tomar el relevo.

Ya no es lo que aporta en el terreno de juego, ni el mapa del partido que tiene en la cabeza en todo momento ni siquiera el atrevimiento que contrasta con el conservadurismo de algunos compañeros. No. Hablamos de lo que hace fuera del tapete. Para que se hagan una idea, el único trofeo que ha ganado hasta ahora en Barcelona- el de Mejor jugador del Gamper- lo ha rechazado aludiendo que no lo merecía y que otros compañeros habían estado a mejor nivel. Acto seguido, prosiguió a enumerar los defectos de su equipo, entre los que destacaba una circulación de balón algo lenta y una falta de valentía generalizada. Empezamos a entender por qué el Ajax fletó autocares con su cara en señal de agradecimiento.

Esas declaraciones, dignas sucesoras de la sinceridad habitual de los holandeses del Barça (todos recordamos a Cocu o Frank De Boer reconociendo errores o incluso culpando a compañeros concretos sin despeinarse) han ido acompañadas de otra imagen que en las últimas horas ha dado la vuelta al mundo. No existe nadie que tenga un mínimo acceso a medios de comunicación o a redes sociales que no se haya topado con la estampa de De Jong revisando su partido vía iPad en el avión de vuelta. No queremos erigirnos en portavoces de la masa social barcelonista pero bajo el aval de varios años de experiencia en conocimiento del pueblo culé, podemos asegurar que eso ha excitado más a la afición que cualquier golazo por la escuadra que se hubiera podido marcar en esta gira.

Ahí vamos a detenernos un instante. La hinchada celebra esa imagen porque está huérfana de actitudes de ese tipo en nuestro fútbol pero hay que señalar que lo que hizo De Jong debería ser lo normal. De hecho, es lo normal. En deportes más profesionalizados, como mínimo. En un vuelo de vuelta de cualquier partido de la NBA o la NFL, verán a casi todos los jugadores, muchos acompañados por especialistas del cuerpo técnico cargados de indicaciones de su Head Coach, revisando los highlights del partido que acaban de perpetrar. En la mayoría de los casos, se tratará no ya del bruto del encuentro sino de un vídeo personalizado trozeado por profesionales de la franquicia en que directamente aparecerán todas las acciones que el jugador en cuestión ha hecho bien y especialmente todas aquellas en las que debe mejorar. Eso se eleva a la máxima potencia si se trata del quarterback o del base del equipo - posiciones que vienen a ser la misma que ocupa De Jong en el Barça si todo va bien- que prácticamente no van a pegar ojo en todo el vuelo. Sé que tienen ustedes en mente a Tom Brady pero se sorprenderían de la clase de deportistas -aparentemente más populares por su brutal fuerza física que por sus neuronas- que se acaban convirtiendo en enfermos del vídeo. El pívot de los Thunder Steven Adams ha declarado varías veces que mientras él intenta dormir, su hasta ahora compañero Russell Westbrook le sobresaltaba con un vídeo de un pick n’roll que no había salido bien por falta de sincronía entre ambos.

Ojo. No estamos diciendo que todas las actitudes deberían ser como las de De Jong. Cada profesional es un mundo. Los compañeros que se pasaron el vuelo degustando una serie, superándose en un videojuego o gritando como energúmenos tras perder una partida de parchís no solo están en su derecho de desconectar y liberar adrenalina acumulada sino que seguramente algunas de esas actividades hasta tengan más efecto cohesionador para el grupo que la del centrocampista holandés. Ahora bien, lo que es impepinable es que en algún momento entre ese vuelo y las sesiones enfocadas al próximo partido, deberían ver esas imágenes si es que aún tienen la voluntad de mejorar en lo suyo.

Al fin y al cabo el deporte es espíritu de lucha y superación constantes. Analizar lo que has hecho mal forma parte intrínseca de esa definición. Hay profesionales que cuando llegan a un cierto nivel o una cierta edad abandonan ese principio. Otros, como Carles Puyol, se apuntaban a cursillos tácticos al final de su carrera no pensando en entrenar algún día sino en descubrir mejores decisiones defensivas que tomar en el campo cuando las piernas ya no te acompañan tanto.


En cualquier caso, la Liga todavía no ha comenzado y Frenkie De Jong ha conseguido ya algo inaudito. Ilusionar, enamorar y excitar a su nueva afición sin haber marcado un solo gol ni haber disputado un solo minuto oficial. Solo con su actitud. Eso se llama liderazgo.