La vergonzosa gráfica sobre el suicido que ha pasado desapercibida por años

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El suicidio sigue siendo un tema tabú. Las muertes auto infringidas son una realidad que nadie quiere ver y de la que casi nadie quiere hablar. Sin duda, abordar el tema no es fácil. Nunca lo ha sido.

La propia palabra nos paraliza. Sin embargo, no podemos vivir de espaldas a la realidad. Aproximadamente 800.000 personas se quitan la vida cada año en todo el mundo. Y por cada uno de esos casos, se producen aproximadamente 20 intentos de suicidio más.

En España, en 2020 saltaron todas las alarmas al producirse 3.941 suicidios, la cifra más alta desde que se comenzaron a compilar datos, en 1906. Eso significa que cada día se quitaron la vida 11 personas, una media de un suicidio cada dos horas y 15 minutos.

Número de casos de suicidio en España desde 1980 hasta 2020
Número de casos de suicidio en España desde 1980 hasta 2020

Aunque quizá lo más alarmante es que en el último año, la tasa de suicidios prácticamente se ha duplicado entre los niños y adolescentes de 10 a 14 años, cuya salud mental ha sido puesta a dura prueba durante la pandemia.

Casos de suicidio en niños, adolescentes y jóvenes en la última década en España
Casos de suicidio en niños, adolescentes y jóvenes en la última década en España

A pesar de todo, sigue siendo una epidemia invisible y soslayada. No solo brilla por su ausencia un análisis profundo en los medios de comunicación, sino que tampoco existe un plan o estrategia integral a nivel nacional para la prevención del suicidio.

Para hacernos una idea de la magnitud del problema, es interesante comparar el número de personas que se han quitado la vida y aquellas que han muerto en las últimas décadas en España debido a homicidios y accidentes de tráfico, dos problemas muy visibles en los medios de comunicación a los que se destinan ingentes recursos económicos.

Casos de suicidios, homicidios y accidentes de tráfico en España desde 1980
Casos de suicidios, homicidios y accidentes de tráfico en España desde 1980

Los datos de los últimos años demuestran que el silencio es el mejor aliado del suicidio. Mirar hacia otro lado no es la solución. Hay que cambiar de estrategia y hablar de una realidad que golpea cada vez a más familias y arrebata vidas irremediablemente.

Efecto Werther, el origen del silencio informativo sobre el suicidio

En la década de 1980 se instauró la idea de que hablar del suicidio tenía un efecto replicador. [Foto: Getty Images]
En la década de 1980 se instauró la idea de que hablar del suicidio tenía un efecto replicador. [Foto: Getty Images]

La idea de que cuando los medios de comunicación informan sobre suicidios pueden conducir al contagio de suicidios se remonta al siglo XIX, momento en que se publicó la novela de Goethe “Las penas del joven Werther”.

En el libro, el protagonista sufre tanto por amor que decide poner fin a su vida. Tras su publicación, varios jóvenes de la época decidieron imitar al protagonista ante las penas de un amor no correspondido. Sin embargo, un análisis a posteriori de los datos revela que en realidad no parece haberse producido tal epidemia suicida.

La evidencia más reciente sobre un posible efecto de imitación tras publicar varias historias de suicidio en los medios fue presentada en 1974 por David Phillips. Este sociólogo indicó que, tras la publicación de historias sobre suicidios en el New York Times, el número de casos de personas que se quitó la vida aumentó significativamente. De hecho, fue Phillips quien acuñó el término “efecto Werther” para referirse a las repercusiones negativas de la representación mediática de los suicidios.

Como resultado, en los años 1980 el suicidio se convirtió en un tema tabú en los medios de comunicación. Se silenció por miedo a que los casos mediáticos desataran una oleada de imitación.

Sin embargo, el efecto Werther cuenta tan solo una parte de la historia. Dar visibilidad al suicidio en los medios también puede tener efectos positivos e incluso preventivos, disminuyendo los intentos suicidas.

Efecto Papageno, cuando hablar sobre el suicidio tiene un efecto disuasorio

La cobertura adecuada de los medios de comunicación puede ejercer un papel protector disminuyendo los intentos suicidas. [Foto: Getty Images]
La cobertura adecuada de los medios de comunicación puede ejercer un papel protector disminuyendo los intentos suicidas. [Foto: Getty Images]

En 2010, investigadores de la Universidad de Viena analizaron 497 historias relacionadas con el suicidio publicadas en los medios austríacos. Concluyeron que “los reportajes sobre el suicidio no solo tienen un impacto dañino, sino que la cobertura del afrontamiento positivo ante las circunstancias adversas puede tener efectos protectores”.

Como resultado, propusieron el “efecto Papageno”, un término inspirado en el personaje de la ópera “La flauta mágica” de Mozart, que superó su crisis suicida gracias a la intervención disuasoria de otros personajes que le piden que tenga paciencia. Por tanto, el efecto Papageno se refiere al cambio de opinión de un suicida potencial gracias a un mensaje positivo y disuasorio que le permite comprender que existen otras alternativas más allá de poner fin a su vida.

En realidad, todo parece indicar que la cuestión no es si se debe hablar o no del suicidio, sino cómo se aborda. Dar visibilidad a historias presuicidas con las que el público se sienta identificado podría, efectivamente, impulsar este tipo de comportamientos en las personas vulnerables. Esas personas podrían sentirse identificadas con el conflicto o problema del suicida y pensar que acabar con su vida es la única solución posible.

Sin embargo, en países como Austria, donde se llevó a cabo un experimento en el que se facilitó a los medios de comunicación las pautas para informar sobre el suicidio, se comprobó que el número de suicidios producidos en el metro se redujo en más de un 80 % en apenas 6 meses.

Un profundo metaanálisis sobre la presentación del suicido en los medios de comunicación reveló que existen diferentes aspectos que determina ese efecto imitación. Por ejemplo, los suicidios de las celebridades suelen tener un impacto negativo mayor, pero en realidad “depende más de la duración, cantidad y prominencia de la cobertura de los medios”.

Las coberturas simplistas que atribuyen el suicidio a un solo factor, como un desengaño amoroso o los problemas económicos, a menudo olvidándose de los problemas psicológicos de base, suelen ser más dañinas.

El sensacionalismo, las representaciones más dramáticas, las imágenes inapropiadas, la descripción del método suicida o la visión romántica de este acto también pueden generar imitación.

Hablar de lo que sucede siempre supone un consuelo. Informar adecuadamente actúa como un factor de protección contra el suicidio, pero es importante saber cómo hacerlo. Los medios de comunicación tienen una enorme responsabilidad en la prevención del suicidio ya que son agentes educadores, por lo que deben dar voz a los expertos que puedan ayudar a las personas a comprender que existen otras soluciones más allá de quitarse la vida, aunque en ese momento no puedan verlas.

El suicidio es prevenible y es una responsabilidad de todos

Todas las muertes prevenibles se deberían prevenir. [Foto: Getty Images]
Todas las muertes prevenibles se deberían prevenir. [Foto: Getty Images]

Las gráficas demuestran fehacientemente que extender un velo de silencio sobre el suicidio no ayuda. Callar tiene el efecto contrario: esas personas se sienten más solas, incomprendidas y estigmatizadas.

Los casos de suicidios ya superan con creces las muertes por accidentes de tráfico o por homicidios - entre los cuales se incluye la violencia de género – pero se echan en falta los espacios públicos para hablar sobre el suicidio y los imprescindibles recursos económicos para frenar esa tendencia.

Cada año, cuando se aproximan periodos de grandes movimientos por carretera vemos duras campañas de prevención vial. También vemos campañas para prevenir la violencia de género. Pero las campañas de prevención del suicidio son prácticamente inexistentes. Sin embargo, todas las muertes prevenibles se deberían prevenir.

Para abordar adecuadamente el suicidio en el debate público, hay que centrarse en su prevención. Ello significa ayudar a detectar las señales de alerta, como el progresivo aislamiento de una persona, el abuso de alcohol u otras drogas, los cambios en sus rutinas y hábitos, la pérdida de interés por actividades que antes resultaban placenteras y significativas, comportamientos temerarios y/o un estado de ánimo marcado por la desesperanza, la indefensión y la impotencia. De esa manera, quienes están a su alrededor pueden actuar de manera temprana.

También es importante abordar los casos de suicidio desde un punto de vista multicausal. Los medios de comunicación deben evitar las aproximaciones simplistas en las que se establece una relación directa entre un problema o conflicto específico y el suicidio.

Como norma general, ese problema o conflicto es tan solo la punta del iceberg, el factor desencadenante de la conducta suicida, pero esta se ha ido alimentando de una miríada de factores psicológicos, sociales, culturales, religiosos y biológicos. Por ejemplo, se estima que alrededor del 90% de las personas que se suicidan han sufrido un trastorno mental, ya sea depresión, ansiedad o abuso de sustancias.

No obstante, esos mismos estudios indican que el riesgo de suicidio es multifactorial. Se conoce que el riesgo de suicidio es mayor entre los inmigrantes y las minorías étnicas. Las experiencias adversas en la infancia, así como el aislamiento social, la soledad no elegida y no disponer de una sólida red de apoyo familiar son otros factores de riesgo.

Por eso, es esencial abordar el suicidio como un problema de salud – que no solo afecta al individuo sino a toda la sociedad – desligándolo del estigma y el ostracismo en el que ha estado sumido.

Los medios de comunicación deben comenzar a hablar sobre los recursos, alternativas y soluciones a las que pueden recurrir las personas que necesitan ayuda. También deben mostrar la influencia positiva del apoyo de amigos, familiares y otras personas. Dar visibilidad a quienes han considerado la idea del suicidio, pero han logrado solucionar sus problemas de otra manera, en vez de limitarse a narrar los actos suicidas consumados.

La persona que tiene ideas suicidas no quiere morir, solo quiere poner fin a su sufrimiento. Pero a menudo se siente sola, estigmatizada e incomprendida, por lo que es importante que en esos momentos encuentre una sociedad empática con su dolor, una sociedad sensible y concienciada que está capacitada para ayudarla a encontrar otra solución.

El suicidio es prevenible, por lo que se trata de un problema de todos y cada uno de nosotros. Romper el silencio que lo rodea es imprescindible. Hablar del suicidio de forma correcta da voz a quien más lo necesita para hacerle notar que quitarse la vida es una solución permanente para problemas que en la mayoría de los casos son pasajeros, aunque en ese momento, cuando se toca fondo emocionalmente, no se perciban así.

Las personas que tienen ideas suicidas y sus allegados pueden recibir ayuda las 24 horas en el Teléfono de la Esperanza (717 00 37 17) o llamando al 112.

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