La vez que Daniel Radcliffe colgó la etiqueta de ídolo corriendo el riesgo más grande de su carrera

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Desde que la etapa de Harry Potter llegara a su fin hace once años, Daniel Radcliffe no ha dejado de sorprendernos tocando todo tipo de géneros, jugando con extremos opuestos que han ido desde lo bizarro y alocado al intenso drama biográfico. Y aunque pase desapercibido por la taquilla la mayoría de veces (o sus películas salten directamente al formato online), la pura verdad es que no ha dejado de poner su talento a prueba. Después de todo, a sus 33 primaveras puede permitírselo al ser de los pocos actores de su edad que disfrutan de una fortuna que le permite tomar riesgos sin preocuparse por perder status o reconocimiento (nada menos que unos 107 millones de euros según Celebrity Net Worth).

Sin embargo, pocas veces reconocemos el gran riesgo profesional que tomó cuando estaba consagrado como ídolo juvenil. Porque justo cuando el mundo veneraba sus películas de Harry Potter y todavía quedaban varias para terminar la saga, Daniel Radcliffe optó por subirse a los escenarios más prestigiosos del mundo y desnudarse por completo. Como Dios lo trajo al mundo.

Daniel Radcliffe durante un photocall para la producción teatral de Equus, en el Gielgud Theatre, Shaftesbury Avenue en el oeste de Londres. (Foto de Joel Ryan - PA Images/PA Images vía Getty Images)
Daniel Radcliffe durante un photocall para la producción teatral de Equus, en el Gielgud Theatre, Shaftesbury Avenue en el oeste de Londres. (Foto de Joel Ryan - PA Images/PA Images vía Getty Images)

Radcliffe tenía 17 años cuando aceptó protagonizar un ‘revival’ de Equus, la obra de Peter Shaffer escrita en 1973. Una dramatización adulta que habita en un extremo completamente opuesto al de Harry Potter, al tratarse de un análisis psicoanalítico sobre la fascinación religiosa, teología y moralidad en torno a la relación entre un psiquiatra y un joven obsesionado sexualmente con los caballos. Desde su concepción original, el protagonista interpretado por Radcliffe expone su cuerpo con un desnudo frontal en una de las escenas mientras Richard Griffiths, quien interpretó al tío Vernon de Harry Potter, lo acompañaba como el psiquiatra de la historia.

Que un ídolo de masas como Daniel Radcliffe se desnudara por completo en los escenarios de Londres, y más tarde Nueva York, causó conmoción internacional. Por un lado porque se trataba de un menor de edad exponiendo sus genitales por trabajo, despertando todo tipo de debates sobre lo permisible o no por amor al arte. Y, por otro, porque el imán masivo para la obra era indudable. Entre los curiosos morbosos que querían ver al joven actor dándolo todo sobre el escenario (en el mayor sentido posible), y los fans de Harry Potter que soñaban con ver a su ídolo en carne y hueso, Equus tenía repercusión asegurada.

Sin embargo, aquello no fue un arrebato artístico de un joven que quería dar la nota. Sino el primer indicio de un profundo deseo profesional de desligarse de Harry Potter, gritando a los cuatro vientos que no pensaba quedarse encasillado. Que tenía mucho más que ofrecer y, si hacía falta, lo demostraría con la producción más extrema que pudiera. Con el paso del tiempo siguió haciéndolo a través de una filmografía rellena de obras tan divertidas y alocadas como Horns, Swiss Man Army, Guns Akimbo o la serie Miracle Workers. Pero, en aquel entonces, el salto al vacío merecía mucho más reconocimiento.

Básicamente porque corría el año 2007 y Warner Bros. tenía pendiente de estrenar la sexta parte de la saga mágica, Harry Potter y el misterio del príncipe. Mientras que todavía faltaban dos más por rodar: el gran final que se dividió en dos partes. Y Daniel Radcliffe optó por apuntarse a una obra con gran interés mediático, desnudándose como Dios lo trajo al mundo cuando era un ídolo del cine familiar. El riesgo de enfadar a sus agentes, al estudio, a los fans más conservadores y ponerse a merced de la crítica en un plano tan global como el que mueve Harry Potter es, en mi opinión, de una valentía pocas veces vista en la industria.

Imagínense si la crítica hubiera sido despiadada. Si no hubiera tenido éxito comercial. Si solo se hubiera hablado de su cuerpo y nada más. Todavía no había concluido una saga donde era el protagonista más imprescindible de la historia. Un paso en falso y podía hacer tambalear la imagen de franquicia juvenil ideal de la que Warner Bros. disfrutaba por entonces (al menos hasta que la autora J.K. Rowling se metiera en terrenos pantanosos contra el colectivo transexual años más tarde).

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Sin embargo, lo hizo a conciencia y siguiendo completamente lo que su instinto le estaba pidiendo. Quería romper el molde en el que se estaba encasillando y sabía que no podía haber una obra dramática al uso o shakesperiana en su debut teatral, porque la gente no vería ninguna diferencia. Quería ponerse a prueba, demostrar a la industria y el público que tenía mucho más que ofrecer. Y demostrárselo a sí mismo. Y Equus era la obra que le permitía llevar su talento al mayor extremo posible. Y así lo hizo. Desnudo y todo.

Cuando Equus se estrenó en los teatros de Londres en 2017 y luego en Nueva York al año siguiente, surgió un rumor que señalaba el posible temor de los ejecutivos de Warner Bros. ante la repercusión que la obra podía tener sobre la saga del joven mago. Y es que a pesar de tener la película terminada, el estudio decidió posponer el estreno de Harry Potter y el misterio del príncipe, pasándolo del 21 de noviembre de 2008 al 17 de julio del año siguiente. La razón oficial que dieron fue que, de esta manera, podían aprovechar la inmensa taquilla veraniega. Sin embargo, la decisión enfadó mucho a los fans que de repente vieron que tenían que esperar más de lo esperado. Y en el proceso surgió este rumor publicado por Huff Post que básicamente explicaba que Warner Bros. no quería asociar la imagen de su Harry Potter virginal con la de Equus. Sin embargo, el estudio emitió un comunicado expresando su apoyo a Daniel Radcliffe en su nuevo proyecto profesional.

En aquel momento no todos lo tomaron tan en serio como debería. Daniel contó en entrevistas que en varias ocasiones se escuchaban silbidos de lobo cuando él aparecía desnudo sobre el escenario, cuando se trataba de una obra intensamente dramática y un momento de pura intimidad con la audiencia (The Off Camera Show). En otras ocasiones, como los fans de Harry Potter iban a verlo, se encontraba con niños de 12 años constantemente pendientes del móvil mientras él actuaba o grupos de chicas que le hablaban desde las primeras butacas intentando llamar su atención, haciéndole perder la concentración (EW).

Si reflexionamos con la distancia que otorga el paso del tiempo, podemos reconocer el gran riesgo que corrió Daniel con Equus. Un verdadero salto al vacío, exponiéndose como ídolo de masas con una obra difícil pero, también, con el primer desnudo de su carrera atrayendo un interés mediático que nada tenía que ver con la imagen de Harry Potter. Se arriesgó y, a cambio, sembró las semillas de la carrera que quería hacer florecer cuando terminara con el niño mago.

Desde entonces lo hemos visto dando rienda suelta a su creatividad. Y si bien se deja ver en blockbusteres de vez en cuando, siempre lo hace con papeles secundarios, como fue el caso de Ahora me ves 2 o más recientemente La ciudad perdida. Lo demás lo deja para obras que sacan su faceta más cómica, que le hacen atreverse al máximo interpretando a un cadáver o a un reverendo en una escena musical. Su último intento es la biografía del humorista Al Yankovic, para la que se calzó una peluca de rizos y, según nos muestra el tráiler, saca a relucir su faceta más cómica con cambio radical incluido.

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