Daniel Monzón recuerda la crítica de 'Titanic' que escribió en FOTOGRAMAS hace 25 años

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Las críticas que FOTOGRAMAS publicó de 'Titanic'20th Century Fox / Fernando Roi

Con motivo del especial que FOTOGRAMAS está celebrando por el 25 aniversario del estreno en cines de 'Titanic', y en el que ya hemos recuperado un diario de rodaje escrito por James Cameron y dos entrevistas a Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, ahora nuestra revista resucita de su histórica hemeroteca las dos críticas que se publicaron en el número 1.852 de febrero de 1998 donde se enfrentaban, en una Polémica del mes (un formato en el que dos críticos mostraban dos visiones opuestas de una película), las reseñas de Jordi Batlle Caminal y Daniel Monzón, que, antes de dirigir largometrajes como 'Celda 211' (2009), 'El niño' (2014) o 'Las leyes de la frontera' (2021), fue periodista y colaborador en FOTOGRAMAS.

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Fernando Roi

Y precisamente ha sido el propio Daniel Monzón quien, tras aceptar nuestra invitación a participar en el especial por el 25 aniversario de 'Titanic', ha querido volver a leer la crítica que escribió para FOTOGRAMAS en 1998 (no lo había hecho hasta ahora), revisarla y valorar lo que opinaba sobre la película de James Cameron por aquel entonces: "La acabo de releer, porque no recordaba lo que había escrito, y no la ponía tan mal", comenta entre risas Monzón. "Pero me sentía decepcionado porque James Cameron, queriendo hacer este melodrama con ínfulas de gran cine, había perdido esa capacidad de juego que caracterizaba a películas suyas anteriores que son fantásticas como 'Terminator', 'Terminator 2', 'Abyss' o 'Mentiras arriesgadas', que era un juguete divertidísimo y muy entretenido". Puedes ver sus cometarios y declaraciones al completo en el vídeo que encabeza este artículo. ¿Seguirá pensando lo mismo que lo que escribió en su reseña?

A continuación, puedes leer las dos críticas de 'Titanic' escritas por Daniel Monzón y Jordi Batlle Caminal que FOTOGRAMAS publicó hace 25 años:

Crítica de Daniel Monzón

Entre las virtudes de 'Titanic', además de la previsible espectacularidad de asistir a la conversión de cientos de millones de dólares en papel mojado a lo largo de tres horas razonablemente amenas, está la de no comprometer una lunática superproducción al gusto de la minoría. De ahí que la historia de amor en que se sustenta el mamotreto esté planteada en unos términos tópicos cuya obviedad, sencillez, ingenuidad y carencia de riesgo puedan conectar de forma directa e intercambiable con todo tipo de públicos.

Con 'Titanic', el megalómano Cameron confiesa haber tratado de hacer su propio 'Lo que el viento se llevó', dejar atrás su (apasionante) etapa infantil y madurar, para que le respeten como artista y le colmen de Oscar, igual que a Spielberg y Zemeckis, que también se han vuelto aburridos. Está en su derecho, pero el problema estriba en que el célebre folletín al que aspira compararse contaba con una trasfondo romántico complejo, adulto y tortuoso hasta el soterrado sadomasoquismo. Algo de lo que 'Titanic' carece, tanto como le sobran ínfulas...

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20th Century Fox

Crítica de Jordi Batlle Caminal

Edward G. Robinson murió feliz en 'Cuando el destino nos alcance': contemplando -en una gigantesca pantalla ante la que se rendían, igualmente, los ojos atónitos de Charlton Heston- un maravilloso mundo de naturaleza pura, ya extinta en la ficción de aquella fábula futurista de Fleischer. Ese paisaje virgen y luminoso era parangonable al que lucía otra película anterior de Robinson, la melosa, melómana, melcochuda 'Canción de Noruega', que en su día vimos -con los ojos tal que así de abiertos- en el magno lienzo del Cinerama.

A muchos polluelos de hoy les valdrá un Perú ver 'Misión imposible', 'Cara a cara' o 'Alien: Resurrección' en vídeo, pero para quienes tenemos todavía un pinrel en otros tiempos -y pese a ello grabamos y coleccionamos amorosamente a De Palma, Woo y Jeunet: una cosa es ser carroza y otra muy distinta ser burro- nada genera tanta satisfacción como la contemplación de las producciones megalómanas, cecilbedemilianas, en las pantallas más grandes jamás contadas.

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20th Century Studios

Lo grave del caso no es que ya no queden macropantallas, es que ya no quedan DeMilles. Salvo Spielberg, claro, the big one, y Cameron ahora con la mejor película de catástrofes nunca realizada, anacóndica como mandan los cánones, inesperadamente lacaviana (o una comedia de ricos y pobres en la tradición de 'La muchacha de la Quinta Avenida'), técnicamente hiperrevolucionaria y épica (como 'La conquista del Oeste', como 'Lawrence de Arabia') de proa a popa, tan, tan épica que uno sale del cine con la tristeza de saber que nunca vivirá (y morirá) aventura tan romántica como la narrada. Pero con la alegría de haber recobrado una sensación cada vez menos frecuente (y que no alcanzaba a contagiar 'El paciente inglés'): la del cine-espectáculo en estado hiperbólico.