Cuidado con decir "Que yo sepa no" cuando te preguntan si eres alérgico a algo

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El 7 por ciento de la población tiene algún tipo de Reacción Adversa a los Medicamentos, lo que representa un problema de salud pública, y estas pueden ser leves, graves o incluso mortales, así como estar relacionadas o no con la dosis del medicamento. Por eso cuando acudas a consuta debes informarte bien acerca de los fármacos que te indiquen o de los que compres libremente en la farmacia. (Foto: Getty)

En España, al igual que en otros países de la Unión Europea y del mundo, se produce un gran consumo de medicamentos. Pero la mayoría de las veces no nos planteamos si nos sientan bien, mal o regular (si hay que tomarlo se toma), e incluso nos encogemos de hombros cuando nos preguntan si somos alérgicos a algún medicamento para indicar que no conocemos la respuesta, como en un gesto de desdén o de no conceder importancia a la pregunta. Sin embargo, deberíamos ser más precavidos con esto.

El incremento en el uso de fármacos ha implicado un aumento de las Reacciones Adversas a Medicamentos (RAMs) y de fallos en la respuesta esperada. Todos los fármacos pueden originar reacciones adversas a medicamentos, y cuidado con confundirlos con los efectos secundarios porque no es lo mismo. 

Un RAM es cualquier reacción nociva, indeseable, que se produce tras la administración de un fármaco con las dosis habituales que se utilizan para prevenir, diagnosticar o tratar una enfermedad, y las derivadas de la dependencia, abuso y uso incorrecto de los medicamentos.

En el caso de la RAM existe la sospecha de que el evento indeseable que ha tenido lugar ha sido causado por el medicamento. Por ejemplo, hipoglucemia tras la administración de insulina o cuando una persona que está en tratamiento con un fármaco para controlar la hipertensión, siente mareo o aturdimiento si el fármaco disminuye demasiado la presión arterial. Este tipo de reacción adversa al fármaco suele ser predecible, pero en ocasiones es inevitable.

"La mayoría de reacciones adversas a los medicamentos dependen de la dosis, y en muchos casos son inevitables", explica el doctor Teófilo Lobera Labairu, médico especialista en Alergología y jefe de la Sección de Alergología del Hospital de San Pedro, en Logroño.

A veces se producen reacciones graves "como los vómitos y la pérdida de cabello producidos por la quimioterapia contra el cáncer; potencialmente graves como un descenso brusco del azúcar en sangre por insulina o la osteoporosis desencadenada por corticoides, o pueden ser más benignas, como la somnolencia debida a antihistamínicos", añade el experto. La ictericia, el infarto agudo de miocardio o la hepatotoxicidad serían otros ejemplos de RAM.

Es decir, que las RAM son la causa de muchas complicaciones que pueden derivar en ingresos hospitalarios e incluso muerte. Así que tendríamos que empezar a ejercer un autocuidado de nuestra mucho más responsable empezando por no abusar de los antibióticos.

Por otro lado, un efecto secundario no surge como consecuencia de la acción farmacológica principal de un medicamento, sino que es una consecuencia eventual de esta acción, por ejemplo, la diarrea que puede estar asociada con la alteración de la flora bacteriana, producto de un tratamiento antibiótico. en realidad aquel efecto derivado de la acción primaria del fármaco.

Entre los efectos secundarios más habituales son:

  • Malestar estomacal.

  • Diarrea o heces blandas.

  • Boca seca.

  • Somnolencia.

  • Cambio en nivel de actividad o estado de ánimo.

  • Mareos.

  • Bochorno/sofoco, sudoración.

  • Sarpullidos

Un consejo general para evitar la aparición de reacciones a medicamentos es no automedicarse, ni abusar o hacer uso incorrecto de los medicamentos, y seguir siempre las instrucciones de tratamiento prescrito por el médico. (Foto: Getty)
Un consejo general para evitar la aparición de reacciones a medicamentos es no automedicarse, ni abusar o hacer uso incorrecto de los medicamentos, y seguir siempre las instrucciones de tratamiento prescrito por el médico. (Foto: Getty)

Hay otro tipo de reacciones adversas impredecibles a fármacos, que no están relacionadas ni con la dosis ni interacciones entre varios medicamentos. Dentro de este grupo están las reacciones de hipersensibilidad, o reacciones alérgicas a medicamentos propiamente dichas. Los síntomas pueden variar desde la aparición de ronchas aisladas con intenso picor, o una erupción generalizada con habones e hinchazón, hasta episodios de broncoespamo e incluso anafilaxia (o choque alérgico generalizado), que puede llegar a ser mortal.

La piel es el órgano del cuerpo en el que se puede objetivar más fácilmente el comienzo de una reacción adversa medicamentosa, y en muchas de éstas, la piel es el órgano que sufre con mayor frecuencia. (Foto: Getty)
La piel es el órgano del cuerpo en el que se puede objetivar más fácilmente el comienzo de una reacción adversa medicamentosa, y en muchas de éstas, la piel es el órgano que sufre con mayor frecuencia. (Foto: Getty)

Normalmente estas reacciones alérgicas a medicamentos pueden afectar a la piel o a dos o más órganos (reacciones sistémicas). 

Suelen presentarse, por término medio, en torno a los 40 años; ya que con la edad se necesitan ingerir más fármacos que los jóvenes, y la posibilidad de sensibilización aumenta con los contactos o tomas repetidas. Lo cual es importante porque es bastante común decir o pensar: "No puedo ser alérgico a este medicamento porque lo he tomado muchas veces". Pues resulta que justo es al revés, la alergia se desarrolla frente a aquello que se toma con más frecuencia, es decir, para ser alérgico a algo tenemos que haber estado previamente en contacto con dicho fármaco. Es raro que un medicamento cause alergia la primera vez que se entra en contacto con él.

Para evitar todas estas reacciones, la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) y su homóloga europea recomiendan que se realicen test genéticos antes de la administración de ciertos fármacos, y así prevenir efectos adversos o fallos terapéuticos prevenibles.

De hecho parte de las RAMs y fallos terapéuticos son prevenibles y evitables mediante la incorporación de la farmacogenética a la cartera básica de servicios del Sistema Nacional de Salud. Y es que una reacción alérgica a un fármaco puede llevarte, por ejemplo, a la unidad de quemados del hospital. No es lo habitual, pero ocurre, e incluso hay personas que han perdido la vista por una reacción adversa a los medicamentos.

Dentro de las reacciones de tipo tardío (las inmediatas se presentan dentro de la primera hora de la toma del medicamento) hay algunas muy graves, como el eritema exudativo multiforme (EEM o síndrome de Stevens-Johnson) o la necrólisis epidérmica tóxica (NET) que pueden dar lugar a importantes secuelas e incluso provocar la muerte del paciente. Estas reacciones se desarrollan en la piel, con aparición de ampollas que pueden causar que la piel se desprenda (y que se tratan como si fueran quemaduras graves), y pueden afectar también a otros órganos, como el hígado o el riñón.

El por qué de estas reacciones tan desmedidas no está del todo claro pero se cree que responden a mecanismos inmunológicos de hipersensibilidad mixtos. En este sentido, el doctor Adrián Llerena, presidente de la Sociedad Española de Farmacogenética y Framacogenómica (SEFF) apunta a que "algunos genes determinan la respuesta de nuestro organismo a determinados tratamientos".

De hecho, las herramientas y el conocimiento científico actuales ya permiten anticiparse y saber cómo influirán determinadas variantes genéticas en la respuesta de cada individuo a diversos tratamientos. Disciplinas como la farmacogenética y la farmacogenómica estudian cómo las variables individuales de una persona pueden influir en su respuesta a determinados fármacos.

Ambas disciplinas constituyen un recurso imprescindible para establecer relaciones de causa-efecto entre las variantes genéticas y la eficacia, toxicidad y/o reacciones adversas a los medicamentos. De ahí que muchos de los actores implicados en el proceso de farmacovigilancia estén trabajando para que ambas disciplinas entren en la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud y se incorporen como pilares básicos en la Estrategia española de Medicina Personalizada anunciada por el Ministerio de Ciencia e Innovación el pasado mes de septiembre. 

Como ves es importante que nos informemos bien antes de consumir cualquier fármaco, tanto si nos lo han indicado como si los compramos libremente en la farmacia. Es fundamental preguntar a nuestro médico y a los farmacéuticos acerca de las posibles reacciones adversas que el medicamento puede provocar, así como las situaciones en las que está contraindicado su uso. Además, también se debe revisar el prospecto del medicamento. En él aparecerá una lista de estos efectos adversos conocidos y cómo actuar en caso de que se produzcan.

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