Este cuento del 'Lobo' en La última tentación ya lo hemos visto antes

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Ver a Lobo y Lucía en plena acción era uno de los mayores atractivos de La última tentación tras hacerse pública su inesperada historia de amor. Cuando todos creíamos que Isaac había aparcado su papel de cazador para convertirse en el novio fiel y enamorado de la gaditana como gritaba a los cuatro vientos, su participación en el reality y su puesta en escena con Bela han vuelto a desenmascarar las aparentes intenciones del catalán

Porque cualquiera que haya visto su edición de La isla de las tentaciones puede ver cómo se repite el patrón. Y todo, quizás, por unos minutos de gloria.

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Fue bonito mientras duró. La noticia del romance entre Lobo y Lucía hacía las delicias de quienes durante meses siguieron La isla de las tentaciones y fueron testigos de su química especial. No se equivocaban al ver las chispas que saltaban entre abrazos y juegos en la piscina y terminaron enamorándose tras su aterrizaje en España. Eso sí, no inmediatamente. Isaac salía en ese momento con Marina y su contacto con Lucía era el de tan solo buenos amigos. Pero el roce hace el cariño y de la noche a la mañana terminaron viviendo juntos en Cádiz. El influencer dejó en el camino un corazón roto, el de Marina, quien acusó a ambos de haberles traicionado a sus espaldas mientras eran novios. 

Cosas de la vida, meses después los tres partieron rumbo a República Dominicana para resolver sus cuentas pendientes y demostrar quiénes son de verdad. Sin embargo, lo malo de remover el pasado es que puede generar polémica y abrir capítulos demasiado incómodos para todos. El arranque de esta nueva versión del programa mostraba a una Lucía incómoda y con pocas ganas de separarse de Lobo. Era como si supiera que lo suyo peligraba y no confiara demasiado en la persona que tenía al lado. Y parece que su intención quizás no iba tan equivocada. Si bien es cierto que ninguno ha confirmado qué clase de relación mantienen en este momento, visto lo sucedido en el capítulo del miércoles y lo que está por suceder la próxima semana, parece quedar claro que lo suyo no era tan idílico después de todo.

Y no porque Lucía no haya puesto de su parte, sino porque Isaac ha entrado con demasiadas cuentas pendientes y esas ganas de ser protagonista que pasan por encima de cualquier compromiso. Por segunda vez consecutiva, Lobo parece quererse a sí mismo por encima de todas las cosas. A pesar de gritar su amor por Lucía una y otra vez, sus gestos no coordinan con sus palabras y desde su entrada no ha parado de coquetear con otras, por ejemplo Mayka o la propia Marina, y decir cosas que no vienen a cuento. Especialmente si tienes novia.

Su cara a cara con Marina, sus lágrimas de arrepentimiento, posteriores comentarios y miradas 'juguetonas' demuestran que le encanta gustar. Nada nuevo. Sin embargo, con la distancia de haberlos separado de casa, Marina ha empezado a ser más clara con Lucía y sus recuerdos de la relación, llegando a la conclusión de qué Lobo no quiere a nadie que no sea él mismo y que todo en él es puro teatro. Es como si la desilusión de comprobarlo en vivo y en directo en este nuevo encuentro es lo que ha dejado tocada a Marina. 

La ex de Lobo rompió a llorar ante Lucía y poco a poco comenzó a abrir sus emociones dejando a cuadros a su examiga. "Para mí, Isaac es un actor puro y duro. Te vas a dar cuenta. Si te digo algo es para que abras los ojos... No quieres ver las cosas por mucho que te digamos", le expresó Marina para luego dar paso a unas comparaciones que cambiaron el chip de Lucía. Cada cosa que le contaba la sevillana de su relación con Isaac, las palabras de amor o los momentos juntos en la cama, eran idénticos a los que dice vivir Lucía con él. 

Pero mientras ellas se abrían en canal por primera vez y sin gritos ni reproches, Lobo abría otro capítulo en el reality con la llegada de Bela a su villa.

Los avisos de Marina a Lucía sobre su novio quedaron reflejados a la perfección en el comportamiento del susodicho ante la llegada de la que fue su rollito de unos días. Lejos de cortarse y pensar en cómo podría interpretar su chica ese encuentro, Isaac no ocultó su alegría de ver a la nueva invitada ni mucho menos disimuló que entre ellos saltan chispas. No disimuló un ápice, todo lo contrario, hasta lo disfrutó con sonrisitas, miraditas y sumándose al flirteo. Y desde casa nos hace pensar que es lo único que busca: gustar y dar la nota. Porque pasó de declarar su amor a Lucía a sumarse al coqueto con Bela en menos de 24 horas. Muchas menos.

Bela y Lobo no perdieron el tiempo y tontearon frente a Sandra Barneda sin cortarse en una de las visitas para seguir haciéndolo más tarde en la habitación. Pero lo peor vino después al quedarse solos cuando sus compañeros marcharon a resolver sus asuntos con sus parejas. Las manos se les iban, las miradas se les salían de las órbitas y las ganas de besarse traspasaban la pantalla. Lobo no lo disimuló ni tampoco lo evitó, dejando en evidencia ese amor tan grande que poco antes dijo sentir por su novia. De la noche a la mañana, pasó del "pero es que yo estoy enamorado" al "¿qué te dicen mis ojos cuando estoy contigo?".

No es que no nos lo esperábamos, analizando el paso de Lobo por la isla y su posterior actitud fuera de la casa, no debería sorprendernos. Lo que chirría es esa dualidad de su amor incondicional a Lucía vs. el tonteo con Bela. Ambos reconocieron tener algo, un rollo de cinco días del que los dos guardan muy buenos recuerdos a juzgar por las indirectas que se lanzan. 

En definitiva, que fue reencontrarse y no frenarse en miradas, gestos y risas tontas. Nada grave si estás soltero y eres pretendiente, pero un plato de muy mal gusto para quien dices llamar el amor de tu vida y que encima viene de sufrir un engaño público en el mismo espacio por el que fuera su novio, Manuel. Si este ha sido su primer encuentro, no queremos imaginarnos lo que llega de camino. La tensión sexual entre ambos es más que evidente y no nos queda claro que puedan o quieran contenerse.

No cabe duda que van a jugar y dar contenido, pero si verdaderamente respetas a tu pareja, creo que intentas no pasarte de límite. Al menos no delante de las cámaras. Lobo lo dijo varias veces, a él no le faltan ligues si está soltero y quiere. Entonces ¿qué necesidad de jugar con fuego cuando el concurso se supone que trata de cuentas pendientes y no de tentadores? Puestos a opinar, es posible que la respuesta está en repetir el protagonismo de su edición, volver a España con algo más de fama y seguir aprovechando el tirón como hizo el año pasado con su canción.

Lo más triste de todo este es ver como mientras él disfruta en este juego peligroso, dos mujeres sufren de nervios por él en la villa próxima. Por ejemplo, un dato curioso que demuestra el posible interés por dar contenido polémico más que romántico fue el haber rechazado la propuesta de Sandra de ir a ver a sus enamorados a la otra villa. Es cierto que había que descartar a uno, pero él podría haber luchado para estar incluido y partir rumbo a ver a su amada. Tal y como hizo ella. Por el contrario, él prefirió ceder su puesto a los demás porque asegura que tiene una confianza ciega en Lucía y que sabe que no le va a estar engañando ni tonteando con otro. Esa es la carta que siempre juega a su favor, saber que las personas con quienes está le quieren mucho. Sin embargo, Bela ya le había comentado de su charla con Lucía y las dudas despertadas. Por lo tanto, ¿no podría haberse preocupado por la incertidumbre de su novia?

Con sus compañeros en la otra villa y Bela ya con ellos, les faltó tiempo para protagonizar una de las escenas más subidas de tono de esta edición. No hizo falta un beso ni jugueteo entre las sábanas, lo que hicieron dijo más que cualquier palabra.

No hace falta ser muy lumbreras para imaginar que Lobo probablemente busque llamar la atención y que se hable de él, aunque sea mal. Esto solo acaba de empezar, pero conociendo cómo actuó en la edición anterior, buscando protagonismo hasta en la hoguera con los chicos sobreactuando ante el dolorido novio de Marina, da la sensación de ya haber visto a este Lobo busca cámara.

Es decir, no hace falta que llegue el beso ni la puesta en práctica del engaño físico para darse cuenta de que ya lo está haciendo de otra forma. Si es lo que quería, Lobo ya lo tiene y aquí estamos, de nuevo, hablando de él.

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