'Cuéntame' lo venía haciendo genial con el colectivo LGBT hasta que analizamos la trama de Melero

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Por Miguel Ángel Pizarro.- Con ya 22 temporadas a sus espaldas, Cuéntame cómo pasó ha estado a la vanguardia como ejemplo de reinvención. En las últimas temporadas, aunque Antonio y Merche sigan siendo los protagonistas, han cedido parte de su rol principal a la nueva generación: los nietos. Aprovechando esto, la serie creada por Miguel Ángel Bernardeau ha introducido a un miembro de la familia que pertenece al colectivo LGBT: Santi (Asier Valdestilla), el hijo del primogénito de los Alcántara (Pablo Rivero).

Y si bien la ficción de TVE ya había incluido tramas relacionadas con el colectivo LGBT, como el caso de Angie, la peluquera transexual que debutó en la decimonovena temporada; o Marcelo, uno de los amigos que Carlos Alcántara conoció en la mili, sin contar con el idilio sáfico que tuvo Inés (Irene Visedo) en la vigésima temporada; nunca hubo un miembro de la familia que sea abiertamente gay. El que Santi saliera del armario en el episodio 403, dejó una escena hecha para la posteridad de la ficción. Hablo de la secuencia entre Santi y Toni, cuando el adolescente le dijo a su padre: "No soy como os gustaría a ti y a mamá", recibiendo una réplica de amor paterno y aceptación incondicional que dio ejemplo de compromiso hacia el colectivo en general.

La escena la aplaudimos y nos ganó por el corazón mientras Cuéntame volvía a demostrar que se atrevía a dar una lección a la historia. Pero, como todo en la vida, nos hemos terminado encontrando con un “pero”… y uno incómodo.

Santi (Asier Valdestilla) y Antonio (Imanol Arias), (Irene Merintxell, cortesía RTVE)
Santi (Asier Valdestilla) y Antonio (Imanol Arias), (Irene Merintxell, cortesía RTVE)

Sí, nos ha encantado que Santi se acepte a sí mismo y rechace vivir una doble vida, sin embargo, lo que no nos ha hecho tanta gracia es que hayan decidido unir su historia con Melero (Jordi Garreta)… Un bala perdida que solo ha causado problemas desde que irrumpió en la vida de los Alcántara al inicio de la temporada. Un personaje que, cuando prestamos atención a su trama, parece responder mas a un estereotipo que a ese mensaje de representación positiva al colectivo que venía destilando la serie.

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Melero no solo nos cae mal por haber llevado a Oriol (Álvaro Díaz) por el camino de la delincuencia. Además de convertirle en un skinhead y de verter sus ideas de extrema derecha en la temporada (que, por otro lado, han servido para poner el foco en una de las lacras de los años 90, el auge de skinheads y bandas callejeras de extrema derecha); su comportamiento violento ha sido un ejemplo de libro de lo que significa la masculinidad tóxica. Ahora bien, lo que ha sucedido en el capítulo 406 de la serie emitido el pasado jueves -el penúltimo de la temporada- titulado Una buena persona, me ha provocado sensaciones encontradas.

¿Por qué? Melero ha besado apasionadamente a Santi, devolviéndole así el beso que este le dio en la discoteca en el episodio anterior. Y si bien muchos espectadores parecen haber recibido el momento con abrazos virtuals románticos, a juzgar por las reacciones en redes sociales, este giro con el skinhead se me antoja contraproducente dado que echa por tierra ese inmenso trabajo logrado con Santi.

Es decir, en mi opinión, me da la sensación que la homosexualidad reprimida de Melero se utiliza para justificar sus actos violentos, odiándose tanto a sí mismo que es capaz de dejar en coma a un sacerdote por el hecho de que sea negro (que fue lo que provocó que Santi fuese a prisión). Pero es incapaz de asumir cualquier tipo de responsabilidad, como bien pudo verse en el capítulo, al dejar tirado en la cárcel a Santi y que este tenga que hacer un trato con la policía para poder evitar ser imputado por un crimen que no ha cometido.

Me alegra ver cómo a Oriol se le ha caído la venda de los ojos, incluso lo aplaudo, pero parece que ha sido a costa de volver a tirar de prejuicios, como que un aparente villano de temporada sea un gay reprimido. Es decir, usando su vida en el armario como aparente excusa para sus actos violentos, derivando en una conclusión que me hace pensar si estamos ante una manera indirecta de culpabilizar la forma en que vive su condición como la culpable de sus actitudes. Incluso me pregunto si los guionistas no se habrán dado cuenta de la daga que podría suponer para el propio colectivo, recurriendo a las emociones negativas de Melero por esconderse en el armario como aparente justificación de su estilo de vida enfadado y violento.

Lo peor es que su comentado beso con Santi no ha dejado consecuencia ninguna, pues el joven parece seguir hechizado por los encantos de Melero cuando este mismo le amenaza de que no cuente nada tras besarlo apasionadamente.

Con esta trama, me da la sensación que Cuéntame da dos pasos para atrás pese a su buen arranque de temporada. Queda un último episodio para resarcirse y mostrar que la serie más longeva e importante de la televisión española es capaz de estar a la altura y crear una trama principal LGBT que se salga de los estereotipos y los clichés. Sin embargo, no estamos seguros si habrá espacio para darle a Santi un mejor final de temporada al haber reservado el final para rendir homenaje a los orígenes de los Alcántara en Madrid.

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