Cuando en el siglo XIX se aprobaron leyes para encarcelar a los hombres que seducían a las mujeres con falsas promesas de matrimonio

Durante gran parte de la Historia, se vinculó el virtuosismo y cualidades de una mujer soltera a su castidad, siendo prácticamente imprescindible que ésta fuese virgen en el momento de contraer matrimonio y, en caso contrario, el esposo podría repudiarla la misma noche de bodas. Así lo estipulaban numerosas costumbres culturales, sociales y religiosas y que acabaron convirtiéndose en algo muy común en muchas sociedades. Incluso hoy en día todavía existen ciertos grupos étnicos o religiosos que siguen rigiéndose por tales preceptos.

En el siglo XIX se aprobaron leyes para encarcelar a los hombres que seducían a las mujeres con falsas promesas de matrimonio (imagen vía Wikimedia commons)

La inmensa mayoría de mujeres intentaban mantener intacta su virginidad hasta el momento en el que llegase el hombre perfecto con quien desposarse, pero también nos encontramos con numerosísimos casos en los que sucumbían a los encantos de algún varón que las seducía con promesa de matrimonio incluida y que posteriormente incumplían.

La sociedad heteropatriarcal solía castigar y echar la culpa de que esto sucediera a las propias mujeres, pero, afortunadamente, hubo un momento en el que las cosas empezaron a cambiar y mejorar para estas, debido a que hubo una corriente de personas y legisladores que reconocieron que en la sociedad existía una serie de hombres que, impunemente, se dedicaban a seducir a jóvenes damas solteras, prometiéndoles casarse con ellas y a las que abandonaban tras haber mantenido relaciones sexuales o una corta relación sentimental.

Ellas quedaban marcadas para la sociedad, pero, por el contrario, ellos seguían campando libre e impunemente, dedicándose a engatusar a una tras otra y sin cumplir ninguna de sus promesas nupciales.

Por tal motivo algunos fueron los lugares en los que, a mediados del siglo XIX, se comenzó a legislar y perseguir a los seductores, con el fin de poner fin a sus reprochables prácticas y castigándoles con penas de prisión si decidían incumplir la falsa promesa de matrimonio que habían hecho.

Fue una época en la que muchas fueron las jóvenes mujeres que perdieron el miedo a ser señaladas y se animaron a denunciar públicamente a aquellos hombres que, tras haber mantenido un romance con ellas y seducirlas hasta llevarlas a tener relaciones sexuales, se habían echado para atrás e incumplían la promesa dada de casarse con ellas.

Evidentemente, todas aquellas denuncias debían ir acompañadas de las correspondientes pruebas y testigos que dieran fe a lo expuesto por la demandante.

Muchos eran los tribunales en los que, tras ser probado el incumplimiento de promesa matrimonial y antes de dictar sentencia contra el acusado, el juez daba la oportunidad a éste de cambiar de opinión y comprometerse allí mismo en cumplir con su palabra y desposarse con la joven a la que había seducido. Incluso, se dieron casos en los que ya se había avisado previamente a un sacerdote para que estuviera presente en el juicio y pudiese oficiar allí mismo la boda.

También existen algunas crónicas de la época en las que se explica cómo un juez había dictado sentencia contra la demandante al encontrar probado que había sido esta quien se había dejado seducir por el demandado, con el fin de obtener una promesa de matrimonio y llevar a cabo su propósito de casarse. En estos casos era ella la que recibía el castigo, aunque la pena por perjurio era algo menores y no solía ir a prisión, teniendo que pagar alguna multa o realizar algún trabajo social. Cabe destacar que muy pocas fueron las sentencias dictadas en este sentido.

Pero de las diversas leyes que se pusieron en marcha en aquella época en contra de la seducción, hay una realmente curiosa y que fue aprobada en el Estado de Ohio el 22 de abril de 1866.

En ella  no solo se prohibía la seducción bajo una falsa promesa de matrimonio, sino que quien lo hiciera no podría estar trabajando como maestro, entrenador e instructor de esa mujer; incluso aunque se tratase de una relación consentida por ella.

Aquel que se saltaba esta ley corría el riesgo de ser detenido, juzgado y condenado a penas  que podían oscilar entre los dos y diez años de prisión.

Trece Estados de EEUU legislaron diferentes leyes durante el siglo XIX entre ellos el mencionado Ohio, Nueva York, Virginia o Michigan.

A principios del siglo XX se dio un paso atrás y, en las primeras décadas, empezaron a desaparecer las leyes que protegían la honorabilidad de las mujeres y al engaño al que algunas eran sometidas por los seductores.

Fuentes de consulta e imagen: intellectualtakeout / Crime And Punishment In American History / Laws of the State of New York / Annotated Penal Laws of Georgia / history / Wikimedia commons

 

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