Cuando la aventura gana a la rutina

Walter Mitty


“No estoy embarazada ni nada de eso pero os tenemos que contar algo…”. Así empezaba Virginia a contarles a familia y amigos su “secreto”, la idea que nació como un sueño imposible pero que, poco a poco, se fue haciendo omnipresente en sus vidas, hasta el punto de no dejarles, ni a ella ni a su marido Fran, pensar en otra cosa: convertir todos los días de un año en sábados.  Algunos siguieron creyendo que la verdadera noticia era el embarazo. Quizá porque el plan de dejarlo todo para pasar un año viajando les resultaba demasiado inverosímil.





Una pareja en la treintena, con “un trabajo estable”, con capacidad de darse “caprichos” de vez en cuando, con un hogar y una tranquilizadora rutina. En resumen, con lo que casi todo el mundo entiende por una buena vida. La única pega es que no era la que Virginia y Fran querían. “Nos daba mucha envidia la gente que decidía aventurarse a lo desconocido. Y un día, por fin, pensamos que ya era hora de pasar a la acción”, cuenta Virginia.

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“Uno suele ir dando tumbos y encontrando caminos con muchas curvas y desvíos y al final coges uno de esos desvíos en el que encuentras la carretera de tus sueños”, dicen estos dos barceloneses a punto de iniciar su personal vuelta al mundo. Para “encontrar su rumbo” han renunciado, entre otras cosas, a sus empleos, un bien tan preciado como escaso en la actualidad. “No dejas de escuchar y ver que el país se encuentra inmerso en una crisis económica profunda, y no sólo económica, sino también social”, explica Virginia, quien reconoce lo aparentemente disparatado que puede parecer su propósito: “Es un momento muy tenso el que estamos viviendo en España, ¿y a nosotros no se nos ocurre otra cosa que dejarlo todo e irnos? A cualquiera podría parecerle una decisión malísima y, desde luego, en el peor momento”.

Afortunadamente ambos escucharon a la vez “una llamada demasiado intensa como para intentar acallarla” y ahora quieren saber qué se siente al comenzar de cero, ignorando lo que el futuro te depara pero con el convencimiento de que “cada día creces como persona, de que tu vida se va llenando de experiencias que te marcarán para el resto de ella”. El miedo inicial se ha convertido en ilusión aunque no dejan de ser conscientes de que ese “empezar de cero” se repetirá a su vuelta: “El escenario que se te presenta es el de no tengo nada, material, claro”.

Seguir adelante

Virginia y Fran no pierden de vista las experiencias de otros travel bloggers (personas que por afición o profesión relatan sus viajes en Internet) mientras se reafirman en la idea de que esta es la mejor elección que han hecho en su vida. A ella le encanta escribir y su otro gran sueño es ganarse la vida con las letras, además de publicar un libro sobre sus experiencias. La vocación de Fran es la fotografía. “Formamos el tándem perfecto, él transmite con imágenes, yo con palabras”, asegura esta joven de 32 años que se define como obstinada y planificadora.

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Su lema es si los demás pueden, yo también. Con esa actitud encara un deseado pero incierto año a la aventura en el que tendrá que buscarse la vida y tal vez hasta tenga que dormir en la calle o se pierda en la jungla: “Somos seres humanos y los miedos están ahí. Lo difícil y valeroso es saber enfrentarse a ellos, o por lo menos intentarlo”. Con esta disposición afrontan una nueva etapa, sin temor a decirse el uno al otro: “Tengo miedo”. Ella, de momento, aborrece las serpientes.

Virginia cree que mucha gente vive de sus sueños, “de soñarlos y no de llevarlos a cabo, eso es lo que les mantiene a flote”. De momento ellos han decidido vivir el suyo: “Tal vez tras este venga otro y entonces habrá que pensar qué hacemos”.