Billy Milligan; cuando Hollywood glorificó a un violador con personalidad múltiple

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La crónica negra siempre ha sido una fuente recurrente para el mundo del cine. Ya sea como fuente de inspiración o biografías que trasladar a la pantalla, tanto en cintas dramatizadas como series o películas documentales. Porque más allá de fenómenos recientes como Making a murderer, Tiger King o Dirty John en Netflix, la historia de Hollywood está plagada de thrillers, biopics y dramas basados en casos criminales de la vida real. Incluso algunas de esas historias llegaron al Oscar, como fue el caso de la estatuilla recogida por Charlize Theron gracias a su trabajo en Monster como la asesina Aileen Wuornos.

Sin embargo, en ese largo historial existe un capítulo enterrado hace tiempo. Un fascículo un tanto oscuro que tuvo a James Cameron involucrado. Se trata de la película sobre Billy Milligan, la primera persona que basó su defensa en culpar a sus múltiples personalidades de haber cometido violaciones. Y logró ser declarado por el juez como no culpable por demencia, pasando una década en hospitales psiquiátricos.

Monstruos internos: Las 24 caras de Billy Milligan (Cortesía de Netflix)
Monstruos internos: Las 24 caras de Billy Milligan (Cortesía de Netflix)

La anécdota de Billy Milligan y su relación con Hollywood aparece en uno de los cuatro capítulos del nuevo true crime de Netflix. Monstruos internos: Las 24 caras de Billy Milligan relata la historia de este hombre acusado a finales de los 70s de tres cargos por secuestro, tres por robo agravado y cuatro de violación. Llegó a conocerse como ‘El violador del campus’, dado que sus víctimas eran estudiantes de la Universidad de Ohio, sin embargo esas mujeres no tuvieron la justicia que sus traumáticas experiencias merecían. Al menos por cómo terminó desarrollándose la historia.

Cuando Milligan fue apresado, sus abogados notaron que algo no iba bien y decidieron que se sometiera a una evaluación psicológica con la posibilidad de, quizás, utilizar una defensa centrada en demencia. El primer psiquiatra que lo analizó lo diagnosticó con esquizofrenia severa, pero la psicóloga que vino después concluyó que sufría un desorden disociativo de la identidad. La comunidad psiquiátrica enseguida se volcó de lleno con el primer caso mediático de personalidad múltiple, despertando un furor que ensombreció por completo a sus crímenes y víctimas.

A través de la serie, y gracias a entrevistas grabadas por entonces, el testimonio de psiquiatras que lo evaluaron, creyentes y escépticos del diagnóstico, sus hermanos y allegados, conocemos de primera mano todo el caso. Vemos a Billy cambiar de personalidad delante de las cámaras, mostrando su yo principal como un hombre atormentado por terribles abusos sexuales sufridos de pequeño en manos de su padrastro y víctima del resto de personalidades. Según él y los expertos, Milligan padecía de 10 personalidades diferentes, pero con el tiempo aparecieron supuestamente otras 14. Es decir, Billy Milligan pasó a la historia como el violador de 24 personalidades diferentes.

Según concluyeron los especialistas que creían en su problema, las violaciones fueron cometidas por Adalana -una personalidad lesbiana celosa de las mujeres- y los robos por otra personalidad llamada Ragen -un comunista serbocroata-. En las entrevistas vemos al acusado interactuando con esas personalidades, cambiando su acento, forma de hablar, de moverse, etc. Realmente consigue crear la duda y dejar la pregunta en el aire: ¿era real o estaba fingiendo?

Sus abogados presentaron una defensa citando demencia siendo la primera persona en la historia de EE.UU. en culpar a múltiples personalidades de sus crímenes, y el juez lo aceptó, declarándolo no culpable por demencia y pasando los siguientes años en centros psiquiátricos. La historia de Billy se hizo tan mediática que especialistas y medios de comunicación se obsesionaron con el caso. Y es que en aquella época había un furor especial por esta enfermedad mental debido al libro Sybil, cuya adaptación cinematográfica de 1976 sobre una mujer real con 16 personalidades -y protagonizada por Sally Field- había conmocionado al público.

El caso de Billy era como la prueba de un mito. El ejemplo que muchos psiquiatras por fin tenían para demostrar al mundo la existencia de la personalidades múltiples. Y Billy se convirtió en toda una celebridad, con privilegios tan extremos en el centro psiquiátrico como tener su propio coche y permisos para salir. Y mientras tanto, sus víctimas quedaron enterradas en el olvido. 

No cabe duda que semejante historia tenía todas las papeletas para tentar a escritores, editoriales y directores de cine. Y así fue. En su afán de protagonismo, Billy cedió los derechos de su historia a diestro y siniestro. Daniel Keyes lo entrevistó varias veces y publicó The minds of Billy Milligan en 1981, una novela biográfica con tal éxito que James Cameron quiso hincarle el diente.

Después de Terminator y su secuela, y antes de Titanic, el director comenzó a desarrollar el guion de una película sobre Billy que iba a titularse A crowded room. Cameron visitó Ohio, conoció a Billy, los lugares de su historia y comenzó a preparar el proyecto. Y según relatan amigos y allegados de Milligan en la serie documental, el estudio lo trasladó a Hollywood abriéndole las puertas de la jet set, los lujos y excesos de la industria. Cuenta un amigo que el estudio había colocado a Billy en un apartamento y que, sin explicar muy bien cómo, tenía dinero para malgastar en exceso. Alcohol, fiestas y drogas eran su día a día en aquella estadía hollywoodense, llegando a codearse con Arnold Schwarzenegger y Danny De Vito. En los inicios del proyecto se hablaba de John Cusack como protagonista.

DGA Awards Co-Chair Director James Cameron en los 63 Premios Anuales DGA Awards en el Grand Ballroom del Hollywood & Highland Center el 29 de enero de 2011 en Hollywood, California. (Photo by Steve Granitz/WireImage)
DGA Awards Co-Chair Director James Cameron en los 63 Premios Anuales DGA Awards en el Grand Ballroom del Hollywood & Highland Center el 29 de enero de 2011 en Hollywood, California. (Photo by Steve Granitz/WireImage)

El trato preferencial que destapan en la serie provoca repelús instantáneo cuando recordamos que se libró de la cárcel con una condición que todavía genera dudas, que cometió violaciones y que semejante glorificación por parte de Hollywood habrá sido un golpe muy duro para sus víctimas. Además de que hablamos de un hombre que requería de tratamiento constante. En la serie hay quienes piensan que el diagnóstico era errado, que fue un actor que hizo muy bien su papel y que siempre siguió siendo una amenaza para la sociedad. Además, sobre él pesan incluso dos sospechas de asesinato cometidos supuestamente tiempo después.

Resulta inquietante, y si me apuran hasta misógino, pensar que un estudio, productores o quienes estuvieran implicados, le abrieron las puertas de una vida de excesos como futura estrella de una película con miras de éxito. Olvidando a las víctimas, el motivo de por qué era un personaje mediático.

Pero hay más. Como Billy había cedido sus derechos como quien comparte un trozo de pan, James Cameron se topó con la sorpresa de que una mujer llamada Sandy Arcara también tenía un acuerdo previo con el hombre. Acordaron pagarle $250.000 pero la mujer demandó pidiendo $1.5 millones. Y el director los mandó literalmente a tomar por saco. A él y a Billy, que tuvo el descaro de demandarlo también por cancelar el proyecto.

Sin embargo, si hacemos un repaso por las redes, resulta que ese guion de James Cameron está disponible en algún que otro sitio web. Y solo hay que leer unas pocas páginas para descubrir que la película colocaba la lupa sobre el acusado y no las víctimas, exprimiendo la trama de las personalidades múltiples como un síndrome del que Billy no era culpable. Se lo coloca en la piel de un protagonista preso de esas personalidades que se apoderaban de él. En secuencias escritas en el libreto se describe a Billy en las violaciones como “hablando con él mismo, acentuando la culpabilidad de las personalidades, mientras en otra secuencia la policía entra en su apartamento para apresarlo, creyendo que no estaba solo porque escuchan conversaciones diferentes. Pero era él y sus personalidades. 

Leyendo el guion uno tiene la sensación de que probablemente James Cameron le hubiera dado a Milligan lo que se conoce como “el tratamiento Ted Bundy”: la glorificación de un criminal por el poder protagonista y mediáticamente atractivo de su historia dejando a las víctimas en el mismo segundo plano que las dejó la justicia. Además del trato preferencial que tuvo por parte de la industria, según revela un amigo suyo que lo acompañó en aquella época de excesos.

En otra secuencia del guion se describe una escena en la que Billy recibía una paliza de seis guardas del centro psiquiátrico cuando intentaban colocarle un chaleco de fuerza. Lo dejan inconsciente mientras lo arrastran por el pasillo y lo arrojan en su celda golpeándose la cabeza. Una imagen que, en mi imaginación al leerlo, suena a una táctica de victimismo cinematográfico. La película terminaba dando a entender que Billy había logrado “fusionar” sus personalidades mientras escapaba de su infierno a través de la pintura (que ciertamente pintaba), y con un rótulo emancipándolo de su problema mental sentenciando que “era un hombre libre pagando su vida como artista”.

Sin embargo, menos mal que James Cameron pasó página del proyecto porque de haberla hecho, probablemente hubiera hundido o manchado su carrera con el tiempo. Y es que el final de la historia no fue así de idílico. Mientras no sabemos cómo vivieron sus víctimas sus traumas, si llegaron a superarlos o no; Milligan fue apresado varias veces por otros cargos, huyó a Canadá con ayuda de un amigo y su hermano, volvió y se mudó a Las Vegas hasta que pidió ayuda a su hermana de nuevo. Sobre él pesan sospechas de asesinatos y robos a mano armada. Murió de cáncer a los 59 años en 2014 y en su lecho de muerte preguntó a su sobrina si Dios le perdonaría porque “había asesinado a personas”.

Monstruos internos: Las 24 caras de Billy Milligan (Cortesía de Netflix)
Monstruos internos: Las 24 caras de Billy Milligan (Cortesía de Netflix)

No obstante, el tratamiento que Hollywood le dio según el testimonio compartido en la serie documental y el guion de James Cameron, provoca la sensación de haber glorificado a un hombre que violó a cuatro mujeres. Mujeres que nadie recuerda por nombre y apellido, que tuvieron que seguir con sus vidas mientras el agresor se iba a Hollywood con gastos pagados para hacer de sus crímenes y el desorden mental -supuestamente culpable de ellos- una historia de cine. Un desorden que, por cierto, muchos especialistas no terminan de creer que tuviera.

Con el paso de los años, Warner Bros. intentó reflotar el proyecto con Joel Schumacher y David Fincher ,y con la intención de ofrecer el papel a actores como Matthew McConaughey, Johnny Depp, Brad Pitt o Sean Penn. Incluso en 2015 se confirmó que Leonardo DiCaprio iba a protagonizarla pero con un guion diferente. Sin embargo, este mismo año se dio a conocer que la historia será adaptada en la primera temporada de una serie antológica de Apple TV+ sobre enfermedades mentales, con Tom Holland como protagonista y Akiva Goldman (El cliente, Una mente maravillosa) detrás del libreto. (The Hollywood Reporter). Aunque de momento se desconoce la intención detrás de la serie.

Podríamos decir que a su manera pagó su condena, entrando y saliendo de instituciones psiquiátricas, padeciendo problemas mentales, con médicos cambiando su tratamiento según el diagnóstico que daban por cierto. Padeciendo su penitencia en su propia mente. Pero aún está por verse qué tratamiento le da Hollywood a su historia. Sin dudas, viendo la serie documental de Netflix, las dudas que siembran algunos especialistas y la falta de reconocimiento que el caso, la prensa de entonces y la posible película de Cameron dieron a sus víctimas, podría decirse que en esta historia hay una cuenta pendiente, pero con ellas.

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