Cuando en EEUU se decidió poner freno al creciente nazismo dentro del país

El 30 de enero de 1933 Adolf Hitler era nombrado canciller de Alemania, iniciando ahí un fulgurante ascenso que lo convirtió poco después en líder absoluto del país y en uno de los personajes más mediáticos del planeta.

Multitudinario desfile nazi por las calles de Nueva York en 1939 (imagen vía Wikimedia commons)

Odiado por unos y admirado por otros, Hitler no dejaba indiferente a nadie, convirtiéndose en uno de los personajes más controvertidos de la Historia. Aquellos que se dejaron seducir por él lo auparon hasta lo más alto, queriendo convertirlo en el líder no solo de Europa sino del planeta.

Medios de comunicación de todo el mundo ensalzaban a este controvertido personaje, convirtiéndolo en toda una celebridad de la época y otorgándole premios y  menciones (la revista Times, en su número publicado el 2 de enero de 1939 declaraba a Hitler como ‘el hombre del año 1938’ e incluso ese mismo año (uno antes de estallar la IIGM y el mismo en el que ordenó atacar todas las sinagogas de Alemania en la conocida como ‘la noche de los Cristales Rotos’) estuvo nominado y a punto de serle concedido el Premio Nobel de la Paz.

Esa admiración por Adolf Hitler durante la década de 1930 llegaba desde todos los rincones y muchos fueron quienes vieron en él a un líder carismático cuya política podría ayudar en sus países.

Fue el caso de Estados Unidos, donde se estaba atravesando una de las peores crisis económicas que había padecido el país desde el famoso crack de 1929 y el aumento de la criminalidad surgida a raíz de la controvertida Ley Seca que duró hasta 1933. Muchísimos eran los estadounidenses que se mostraban desencantados con sus políticos y que se dejaron convencer de que la mejor solución para el país era adoptar el modelo político nacionalsocialista en EEUU.

Durante la segunda mitad de la década de 1930 hubo un espectacular repunte y presencia de organizaciones nazis en suelo norteamericano. Influyentes hombres de negocios, como por ejemplo el magnate de la industria de automoción Henry Ford (declarado antisemita), aplaudían la idea de aplicar la política de Hitler. O, por poner otro ejemplo, el joven John F. Kennedy, mostró su admiración hacia el Führer durante su viaje por Europa (a lo largo de diez semanas) en 1937.

‘Friends of New Germany’ (Amigos de la Nueva Alemania) fue uno de los grupos de ideología nazi más potentes en Estados Unidos, teniendo una gran representación en gran parte de la costa Este (multitudinario fue el mitin celebrado en el Madison Square Garden el 20 de febrero de 1939 o el desfile organizado por las calles de Nueva York el 30 de octubre de aquel mismo año).

En la costa Oeste la organización de actos de ideología nazi corría a cargo de la ‘Legión de Plata', liderada por William Dudley Pelley, quien entre sus propósitos tenía el acabar con todos los judíos que trabajaban en Hollywood y montar una mansión en el corazón de la meca del cine en la que Hitler pudiese pasar largas temporadas, mientras dominaba el planeta.

Por otra parte, y al mismo tiempo, a Franklin Delano Roosevelt, que llegó a la presidencia estadounidense en 1933, le tocó lidiar no solo con la crisis económica del país sino con la social y política, intentando poner freno tímidamente a la expansión nazi en EEUU (el gran temor los estadounidenses no era el nazismo sino el comunismo).

Roosevelt no veía el nazismo como un enemigo (motivo por el que esta ideología se expandió sin problema alguno por algunas zonas de EEUU) y razón por la que el mandatario norteamericano  decidió mantener al país como neutral cuando estalló la IIGM en septiembre de 1939. Según su criterio, era una guerra que para nada afectaba los intereses estadounidenses y no se decidió intervenir en ella hasta que se produjo el ataque japonés de Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941. Fue a partir de entonces cuando los estadounidenses decidieron entrar en guerra, aunque inicialmente fue contra Japón, y como este país formaba parte de las Fuerzas del Eje (junto a Alemania e Italia) de rebote los nazis se convirtieron en los enemigos.

Pero dentro de Estados Unidos ya había quien estaba luchando, desde hacía más de un lustro, contra la presencia nazi en el país. Muchos fueron los ciudadanos de ideología progresista o que profesaban la religión judía que decidieron ponerles freno.

El abogado Leon L. Lewis fue uno de ellos. Consiguió aglutinar un gran número ciudadanos contrarios al nazismo que estaban dispuestos a combatirlos y echarlos de suelo norteamericano.

Lewis fue quien consiguió frenar los planes de la ‘Legión de Plata' de expandirse en Los Ángeles, entrenando a numerosos judíos que lograron introducirse como espías en dicha organización y, desde dentro, lograr desmontar todas las infraestructuras de la organización nazi.

En el momento en el que las autoridades comenzaron a tener claro que debían poner freno al nazismo, la red de espías, organizada por Leon L. Lewis, ya disponía de numerosa información, con lo que fue mucho más fácil poner fin a la presencia y expansión nazi en Estados Unidos.

Fuentes de consulta e imagen: newyorker / latimes / smithsonianmag / bbc / Wikimedia commons

 

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