Da igual la cualificación: ser 'freelance' será la forma de trabajo del futuro

El anglicismo freelance se refiere a la actividad que realiza la persona que trabaja de forma independiente o se dedica a realizar trabajos de manera autónoma, orientados a terceros que requieren de servicios específicos. Curiosamente, el origen etimológico de la palabra deriva del término medieval inglés usado para un mercenario (free, que significa libre, y lance, que es lanza). Es decir, un caballero que no servía a ningún señor en concreto y cuyos servicios podían ser alquilados por cualquiera.

¿Es justo eso lo que está ocurriendo y empleadores y trabajadores se están convirtiendo en meros contratistas y mercenarios? ¿O responde al sentir idílico de que cada uno trabaje cuando quiere y cuando lo que necesita, y solo para quién lo desee, sin grandes ataduras? La respuesta es que ni una ni otra, con sus ventajas y desventajas.

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Freelance Foto: Getty

Un freelancer invierte su tiempo en función a sus necesidades y la de sus clientes. En muchos casos no cumplen horarios de oficina y tienen la autonomía de modificar su agenda de acuerdo a la carga de trabajo que posean. Para bien y para mal. Puede ser muy bueno para evitar la cargante rutina, pero muy malo para tener una estabilidad vital. En la mayoría de los casos ofrecen sus servicios por medio de contratos, especificando el tiempo que trabajarán para el empleador y bajo qué condiciones. Que se cumplan ya es otra historia.

Además, parece que es la fórmula del futuro: según detalla el Informe Infoempleo Adecco 2018, casi el 70% de los responsables de recursos humanos cree que en el año 2025 las plantillas se reducirán y las nuevas fórmulas estarán protagonizadas por freelances, sea el tipo de empleo que sea. Hasta ahora destacaba el prototipo de trabajador freelance de baja cualificación, como por ejemplo los riders, o repartidores de productos, pero poco a poco cada vez se está extendiendo más entre consultores informáticos ultraespecializados y comunicadores con mucha formación.

Desde un punto de vista social, ser freelance es percibido tanto por encima como por debajo en la escala social. Por un lado, la gente percibe que muchos son trabajadores que ‘sobreviven’ con trabajos en los que están explotados sin contratos que les garanticen derechos laborales y sin alcanzar ni siquiera el salario mínimo. Pero también muchos norteamericanos ven el trabajo freelance como una posición socialmente más elevada ya que muchos son muy especializados y altamente tecnológicos. Y los europeos cada vez se están contagiando más de esa percepción.

Como vemos, la tendencia es a que ser freelance se convierta en lo común, y que la excepción empiece a ser estar contratado. Pase lo que pase, se deberían tomar medidas para que, si esto ocurre, sea porque nos acercamos a la idílica idea de ser tu propio jefe y no porque todo el mundo se convierta en ‘mercenario’.

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