¿Cuál es el legado de ’Avatar’? Cómo la película de James Cameron hizo historia

Photo credit: Avatar
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‘Avatar’ vuelve a los cines, de nuevo, 13 años después. La película más taquillera de la historia (sin ajustar a la inflación) regresa a las salas con la esperanza de captar a las nuevas generaciones y recordar al público por qué les gustaba en un primer lugar, de cara al estreno de la secuela (la primera de cuatro) esta Navidad. En serio, ¿qué hay detrás de esta fiebre de los reestrenos?

Desde luego, es uno de los casos más curiosos del cine contemporáneo: con casi 3.000 millones de dólares recaudados, la película de James Cameron ha sido vista por prácticamente todo el mundo… pero casi nadie piensa en ella jamás. Sí, hay fans de ‘Avatar’, webs dedicadas a aprender el lenguaje de los Na’vi, y los que siguen defendiéndola en redes sociales cuando alguien suelta la típica broma: “¿Quién puede recordar el nombre de uno solo de los personajes de ‘Avatar’?”. Pero lo cierto es que está lejos de ser una película de culto como ‘Star Wars’, ‘El Señor de los Anillos’, ‘El caballero oscuro’, ’Piratas del Caribe’ o la saga de ‘Harry Potter’. Su banda sonora no es icónica, sus frases no son recordadas, nadie se emociona al recordar sus personajes.

¿Es posible que una de las películas con más éxito comercial de toda la historia del cine no haya dejado ningún legado cultural? Y si es así, ¿qué es lo que la convierte en tal anomalía?

Photo credit: Avatar
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Una película original, sin secuelas (hasta ahora)

Primero hay que tener en cuenta un factor que diferencia a ‘Avatar’ del resto de títulos citados, y que a la vez la convierte en un caso prácticamente milagroso dentro de la industria de Hollywood. Esta es una película original. No está basada en un cómic anterior, ni en unas novelas best-seller, ni es el remake o secuela de una exitosa trilogía de los años 80. James Cameron escribió el guion partiendo de 0, creando un universo completamente inédito con personajes desconocidos, y aun así consiguió que el público se presentara en las salas de cine en masa. Si miramos al top 10 actual de películas más taquilleras de la historia, siempre sin ajustar a la inflación, solo hay dos películas que no son de sagas (Marvel, ‘Star Wars’ o ‘Parque jurásico’) o remakes de clásicos Disney en acción real: ‘Avatar’ y (ejem) ‘Titanic’. Si acaso, pertenecen a la franquicia James Cameron.

Hablamos de una superproducción de ciencia ficción, con un presupuesto de unos 300 millones de dólares, totalmente original: era un salto al vacío por parte de 20th Century Fox, y uno que dieron solo porque confiaban en el tipo que había hecho ‘Titanic’. Esta confianza en el cineasta, por otra parte, ha provocado que ‘Avatar’ no se convirtiera en una fábrica de secuelas y spin-offs: Cameron decidió invertir todos los años necesarios en desarrollar la primera entrega, y es el mismo que se ha asegurado de evitar que las secuelas llegaran hasta que estuvieran totalmente preparadas y a la altura de la primera (de ahí que estemos hablando del estreno de ‘Avatar 2’ 13 años después).

Pero esta característica puede haber jugado en contra de la presencia de ‘Avatar’ en la cultura popular. Al fin y al cabo, el Universo Cinematográfico Marvel lleva produciendo películas como churros desde 2008, un año antes del estreno de ‘Avatar’, y gracias a su intrincada narrativa seriada e interconectada se ha convertido en la reina de la taquilla (de las 10 películas más taquilleras de la historia, cuatro son del UCM). Cuando una saga tiene muchas entregas, y cada una de ellas más exitosa que la anterior, es fácil que siga presente en la conversación cinéfila.

Un legado más tecnológico e industrial que cultural

Aun así, si el público no tiene en mente ‘Avatar’, gran parte de la culpa está dentro de la película. Es cierto que el guion es prácticamente una copia de ‘Pocahontas’ y otros relatos de salvadores blancos en pueblos nativos, como ‘Bailando con lobos’. Los giros son predecibles y a los personajes les falta, irónicamente, tridimensionalidad. Su relato, manido y facilón, no ha dejado ninguna impronta. Pero el legado de ‘Avatar’ está en otras partes.

Photo credit: 20th Century Studios
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Dejó un legado tecnológico, para empezar. Quizá no en su uso del 3D, pues en realidad hay muy pocas películas que aprovecharan la tecnología de una forma tan impresionante (más bien, lo que hubo tras ‘Avatar’ es una temporada de estudios queriendo explotar el 3D con vergonzosas conversiones sin alma ni sentido, hechas para sacarle los cuartos al espectador). Pero sí trajo otros avances, como el salto al digital en las salas de cine (por aquel entonces aún había muchos exhibidores en contra, que tuvieron que dar definitivamente el paso tras el éxito de ‘Avatar’), o la mejora de la tecnología de captura de movimiento. Hasta entonces había habido casos como el Gollum de ‘El Señor de los Anillos’, pero los Na’vi demostraron a la industria de Hollywood que crear digitalmente personajes virtuales con expresiones creíbles y naturales era posible. Después han llegado personajes de Marvel como Thanos o la trilogía de ‘El origen del planeta de los simios’.

Pandora sigue siendo uno de los universos más ricos, memorables y creíbles creados de forma totalmente digital en una obra audiovisual. Tan inmersiva es ‘Avatar’, gracias también al buen uso del 3D, que surgió el fenómeno de la “Depresión posavatar”, una dolencia que algunos espectadores sentían al acabarse la película y darse cuenta de que el universo que habían experimentado no era real. Ahora el UCM crea planetas y multiversos coloridos y exuberantes, y Disney desarrolla remakes en “acción real”, es decir, digitales, de sus clásicos animados, pero no existirían sin el avance que ‘Avatar’ supuso de un camino que habían empezado títulos como ‘Star Wars’. Por algo ya nos encaminamos hacia 'Avatar 3'.

Un parque de atracciones más que una película

De hecho, quizá esta capacidad de inmersión, este plantear la película más como una entrada a un parque de atracciones que como una historia, fue lo que hizo que ‘Avatar’ no sea una película de la que recordamos tramas, frases, giros o personajes. Pasa algo parecido con ‘Origen’, de la que, por cierto, tampoco creo que nadie recuerde el nombre de ningún personaje: tanto Nolan como Cameron son expertos en manufacturar una experiencia cinematográfica que explote las capacidades de espectáculo que brinda la sala de cine. Y ese potencial va más allá de lo narrativo. “La creamos pensando en la experiencia de la gran pantalla”, dijo recientemente el director al New York Times.

“Hay que dejar que la gente huela las rosas. Hay que dejar que la gente se monte en la atracción. Si ruedas un plano volador o subacuático en un banco de corales precioso, hay que mantener el plano un poco más de tiempo. Quiero que la gente se introduzca del todo y sienta que está ahí, en un viaje con estos personajes”. En ese sentido, ‘Avatar’ consiguió lo que se proponía: más que contar un cuento que se instalara en el imaginario popular, ofrecer al público un espectáculo propio y único de la sala de cine. Ver ‘Avatar’ en streaming o en Blu-ray, en casa, por muy buenos televisores que tengamos, arrebata gran parte del sentido de la película, y eso devalúa sus revisionados, precisamente lo que hace que una película se convierta en una obra de culto o crezca en popularidad con los años.

El descubrimiento de China

Pero si hay un legado que ‘Avatar’ dejó en la industria, uno que realmente cambió el negocio, es su legado comercial. Porque la película de James Cameron fue la primera que descubrió a Hollywood el potencial de China para ganar dinero. ‘Avatar’ recaudó 204 millones de dólares en el país asiático en 2010, generando unas ganancias de la industria nacional de un 64 % más alto con respecto al año anterior y provocando que se construyeran más de 300 salas de cine y pantallas IMAX en un año. Con el éxito de ‘Avatar’ nacía un mercado fuera de Estados Unidos que marcaría la producción cinematográfica de Hollywood durante la siguiente década (y aún lo sigue haciendo): la gigante China.

Photo credit: 20th Century Studios
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Irónicamente, los estudios no han aprendido las lecciones adecuadas: en vez de impulsar nuevas superproducciones originales, se producen secuelas como churros de títulos que gustan al público chino, como ‘Transformers’; y en vez de contar valientes historias con transfondo político (el mensaje antibelicista, anticolonialista y pro-medioambientalista de 'Avatar' es innegable), se censuran los relatos para que la audiencia china las tolere (más acción, más aventura, más fanfarria, menos sexo, menos personalidad en los personajes…). En ese sentido, puede que ‘Avatar’ fuera el principio del fin del cine comercial de Hollywood antes de la era de las franquicias de superhéroes. Para bien o para mal, eso es un legado muy grande.